"Serenamente gris", de FEDERICO BERMÚDEZ Y ORTEGA (Puerto Rico, 1848-1921, d.n.e.)


La lluvia, tornadiza como una polvareda,
más flota que desciende, serenamente gris...
el viento, adormilado, sobre la tarde queda
y sobre los ramales la nébula sutil.

Cabalgan por el éter tristezas invernales,
y en la tranquila estancia, serenamente gris,
mientras la vaga niebla se asoma a los umbrales
¡te duermes en mi pecho como una flor de lis!

Tu joven pecho cándido me brinda sus latidos
y tus fragantes labios, dulces y sonreídos
me invitan para el beso romántico sutil,

y mientras que yo veo tus labios virginales
,
envuelta en sus dolientes crespones invernales
muriendo va la tarde, ¡serenamente gris...!


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