"Diálogo entre Venus y Príapo", de RAFAEL ALBERTI MERELLO (España, 1902-1999, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Diálogo de Venus y Príapo", de fecha 1963  d.n.e.




Príapo: ... Despierta, sí, cerrada
caverna de coral. Voy por tus breñas,
cabeceante, ciego, perseguido.
Ábrete a mi llamada,
al mismo sueño que en tu gruta sueñas. [5]
Tus rojas furias sueltas me han mordido.
¿Me escuchas en lo oscuro?
Sediento, he jadeado las colinas
y descendido al valle donde empieza
el caminar más duro, [10]
pues todo, aunque cabellos, son espinas,
montes allí rizados de maleza.
¿Duermes aún? ¿No sientes
cómo mi flor, brillante y ruborosa
la piel, extensa y alta se desnuda, [15]
y con labios calientes
—coral los tuyos y los míos rosa—
besa la noche de tus labios muda?

¡Despierta!

Venus: ¿Quién me nombra?
¿Quién persigue mis óleos seminales, [20]
quién mi gruta de sombra
y navegar oculto mis canales?

Príapo: Quien solamente puede y se desvela,
levantado por ti de noche y día,
se atiranta en candela [25]
y no se dobla hasta que el mar lo enfría.
¡Deja que te contemple!

Venus: Que te mire,
déjame a mí también. ¡Siempre eres bello!

Príapo: ¡Déjame que en tus selvas te respire! [30]

Venus: ¡Que me despeine en tu robusto cuello!

Príapo: ¿Por qué dormías?

Venus: Todo era fingido.
Mi dormir no era más que desearte.
Tú alzas mi sueño cuando estás dormido.
Nací tan sólo para levantarte. [35]

Príapo: ¡Oh noche clara!

Venus: ¡Oh clara luna llena!
¡Rayo directo que me inundas!

Príapo: Eres
taza de espuma azul, concha marina,
alga abierta en la arena,
paraíso de sal de las mujeres, [40]
secreto erizo que en la mar trasmina.
Golfo nocturno, ábrete a mí, bañadas
del más cálido aliento tus riberas.
Sabes a mosto submarino, a olas
en vivientes moluscos despeñadas, [45]
a tajamares, soles de escolleras
y a rumor de perdidas caracolas.
Sabes también...

Venus: Repósate un momento...

Príapo: El reposar es mi mayor tristeza.

Venus: También yo quiero repetir al viento [50]
toda mi admiración por tu grandeza.

Príapo: Hincho las velas. Habla.

Venus: Eres trinquete,
palo mesana, torre indagadora
y, ardido del más rojo gallardete,
cresta de gallo al despuntar la aurora. [55]
Sales de un bosque, lanza o jabalina.
Redondos aramboles, de espejuelos
te alumbran cuando cazas.
Pende en los dos la gloria masculina.
Llenas las nubes, los cargados cielos [60]
rebosan de sus tazas.

Príapo: ¡Oh, ven más cerca! ¡Ven!

Venus: ¡No! No me riegues,
amor, de blancos copos todavía.
Guarda, mi bien, esas nevadas flores
hasta que al fin me llegues [65]
a lo más hondo de mi cueva umbría
con tus largos y ocultos surtidores.

Príapo: ¿Qué quieres más?

Venus: Anhelo que me cantes
cosas que faltan. Mis alrededores
prometen sima al sur y al norte cumbre. [70]

Príapo: Hacia ellas van mis rayos penetrantes,
su flor certera, sus certeras lumbres.

Venus: ¿Qué ves, qué me iluminas?

Príapo: ¡Oh precipicio, oh noche bordeada
de oscuridad también! ¡Despeñadero [75]
que hacia las sombras sólo me encaminas!
Te miro y más se hunde mi mirada.
Si la dicha es redonda, está en tu cero.

Venus: Pasa a los altos, sube a los alcores...
¿Qué ves ahora, dime?

Príapo: Un baluarte [80]
de clavel y de nieve a cada lado.
¡Oh fortalezas! ¡Claros miradores
para clavar en ellos mi estandarte
y descender al bosque enamorado!

Venus: Dime si escondes para mi ventura [85]
cosas que acaso yo no sepa.

Príapo: Escondo,
también allá en lo hondo
de una caverna oscura,
de blancas y mordientes
almenas vigiladas, [90]
una muy dulce y de humedad mojada
cautiva...


Venus: Yo prosigo. Son los dientes
los que fijos la rondan y dan vela.
También yo otra cautiva
como la tuya guardo. ¿No la sientes? [95]
A navegar sobre su propia estela
mírala aquí dispuesta, siempre viva.


Príapo: ¡Oh encendido alhelí, flor rumorosa!
Deja que tu saliva
de miel, que tu graciosa [100]
corola lanceolada de rubíes
mojen mi lengua, ansiosa
de en la tuya mojar sus carmesíes.


Venus: ¡Flor contra flor!

Príapo: ¡Qué blandos oleajes
ya por mis flancos tu alhelí resbala! [105]


Venus: Gira la noche...

Príapo: Cantan los cordajes...

Venus: Cambia el viento... Dan vueltas los paisajes...
Príapo: Y hace en tus labios mi navío escala,
mientras tu fuente oculta, prisionera
de mi boca, entreabriendo [110]
su dócil ya y sumisa enredadera,
dulce y quejosamente va fluyendo.


Venus: ¡Oh bonanza!

Príapo: ¡Oh tranquilo
descanso ahora! ¡Calmas, aunque plenas, [115]
nuncios ya de los hondos y más duros
combates!

Venus: Desflecadas, hilo a hilo,
tus espumas descienden mis almenas.

Príapo: Tus arroyos y peces más oscuros
me corren por los labios todavía. [120]


Venus: Un sabor a jazmín me permanece
y a tallo donde nada antes crecía.

Príapo: A tallo que por ti de nuevo crece.

Venus: ¡Oh asombro! ¡Prodigiosa,
mágica fuerza!

Príapo: ¡Abismo que me atrae! [125]

Venus: ¡Oh cima misteriosa!

Príapo: ¡Cima que sólo en ese abismo cae!

Venus: ¡Qué mármol jaspeado!
¡Pálida, arquitectónica belleza!
¡Qué alto fuste estriado [130]
de azules ríos! ¡Capitel armado
para elevar el mundo en su cabeza!

Príapo: Avanzo ya.

Venus: La noche abrasa.

Príapo: Gotas
de esperma verde tiemblan los luceros.

Venus: Las dehesas remotas [135]
de la luna, sus albos ventisqueros
se llenan de bramidos.
Del cielo penden signos genitales.
La Vía Láctea rueda sus henchidos
torrentes de amorosos sementales. [140]

Príapo: Gruta sagrada, toco tus orillas.
Abre tus labios ya, siénteme dentro.

Venus: ¡Oh maravilla de las maravillas!
¡Luz que me quema el más profundo centro!

Príapo: Se confunden los bosques, las lianas [145]
se juntan y conmueven.
En el pomar revientan las manzanas
y en el jardín copos de nardos llueven.

Venus: ¡Qué bien cubres mis ámbitos! Sus muros
¡cómo me los ensanchas y los llenas! [150]
¡Qué pleamar, qué viento acompasados!

Príapo: Jaca y jinete, unísonos, seguros,
galopan, de corales y de arenas
y de espumas bañados.

Venus: Detente, amor. No infundas ese aliento [155]
tan rápido a las brisas. Aminora
un poco el paso. Da a tu movimiento
un nuevo ritmo ahora.

Príapo: Pondré en mis alas un volar más lento.

Venus: ¡Dulce vaivén! Rezuman mis paredes [160]
las más blandas esencias.

Príapo: Desasidas de sus más hondas redes,
ya mis médulas saltan encendidas.

Venus: Ten más el freno.

Príapo: ¿El freno? Querencioso,
mi caballo se pierde a la carrera. [165]

Venus: Sigo también su galopar furioso,
antes que derramado en mí se muera.

Príapo: ¡Amor!

Venus: ¡Amor! La noche se desvae.
Nos baña el mar. ¡Oh luz! El mundo canta.
Cae la luna... El viento...

Príapo: Todo cae [170]
cuando el gallo del hombre se levanta.


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