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viernes, 16 de diciembre de 2022

"Carta abierta. I", de JUAN GELMAN BURICHSON (Argentina, 1930-2014 d.n.e.).

Poema perteneciente al libro "Carta abierta", de fecha 1980  d.n.e.



hablarte o deshablarte/dolor mío/
manera de tenerte/destenerte/
pasión que munda su castigo como
hijo que vuela por quietudes/por

arrobamientos/voces/sequedades/
levantamientos de la ser/paredes
donde tu rostro suave de pavor
estalla de furor/a dioses/alma

que me penás el mientras/la dulcísima
recordación donde se aplaca el siendo/
la todo/la trabajo/alma de mí/
hijito que el otoño desprendió

de sus pañales de conciencia como
dando gritos de vos/hijo o temblor/
como trato con nadie sino estar
solo de vos/cieguísimo/vendido

a tu soledadera donde nunca
me cansaría de desesperarte/
aire hermoso/agüitas de tu mirar/
campos de tu escondida musicanta

como desapenando la verdad
del acabar temprano/rostro o noche
donde brillás astrísimo de vos/
hijo que hijé contra la lloradera/

pedazo que la tierra embraveció/
amigo de mi vez/miedara mucho
el no avisado de tu fuerza/amor
derramadísimo como mi propio

volar de vos a vos/sangre de mí
que desataron perros de la contra
besar con besos de la boca/o
cielo que abrís hijando tu morida




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miércoles, 23 de noviembre de 2022

"Lo inacabable", de ALFONSINA STORNI (ARGENTINA, 1.892-1.938)

Poema perteneciente al libro "La inquietud del rosal", de fecha 1916  d.n.e.



No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!




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lunes, 17 de octubre de 2022

"Esta tarde", de ALFONSINA STORNI (Argentina, 1.892-1.938), 1881-1958 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Languidez", de fecha 1920  d.n.e.



Ahora quiero amar algo lejano…
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento…

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla, mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor… Toda la tierra
Está cantando dulcemente… Lejos
Los bosques se han cargado de corolas,
Desbordan los arroyos de sus cauces
Y las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy soñando embelesada…

Pero
Ya está bajando el sol tras de los montes,
Las aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos…
Lejos como este sol que para nunca
Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa,
con el alma
Sutilizada, ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y hermosa…

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martes, 19 de abril de 2022

"Me han tirado un beso", de RAMÓN DE ALMAGRO (seud. de RAMÓN VALDEZ) (ARGENTINA, 1934--, d.n.e.)


Me han tirado un beso esta mañana,
me lo enviaron los labios de un niño
y tú sabes cuánta sed hay en mi alma,
de una simple muestra de cariño.

Me han tirado un beso esta mañana,
y mira como influyen, estas cosas,
que un aburrido día de semana,
de golpe... se llenó de mariposas.



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lunes, 21 de marzo de 2022

"El viaje", de MARIA ELENA WALSH (ARGENTINA, 1930-2010, d.n.e.)

Sólo quiero tu casa de ternura,
vivir en su calor.
Eres el mar y la orilla segura
porque el único viaje es el amor.

Reconocer tu alma, qué aventura
de mágico sabor.
Allí tendré profundidad y altura
porque el único viaje es el amor.

Besos desconocidos como puertos
esperan bajo un cielo de mirada.

-Lo demás es dolor.

Hoy vuelvo de países que están muertos,
después de un mar que no me dijo nada,
porque el único viaje es el amor.


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jueves, 30 de diciembre de 2021

"Endimión en Latmos", de JORGE LUIS BORGES (ARGENTINA, 1899-1986, d.n.e.)


Yo dormía en la cumbre y era hermoso
Mi cuerpo, que los años han gastado.
Alto en la noche helénica, el centauro
Demoraba su cuádruple carrera
Para atisbar mi sueño. Me placía
Dormir para soñar y para el otro
Sueño lustral que elude la memoria
Y que nos purifica del gravamen
De ser aquel que somos en la tierra.
Diana, la diosa que es también la luna,
Me veía dormir en la montaña
Y lentamente descendió a mis brazos
Oro y amor en la encendida noche.
Yo apretaba los párpados mortales,
Yo quería no ver el rostro bello
Que mis labios de polvo profanaban.
Yo aspiré la fragancia de la luna

Y su infinita voz dijo mi nombre.
Oh las puras mejillas que se buscan,
Oh ríos del amor y de la noche,
Oh el beso humano y la tensión del arco.
No sé cuánto duraron mis venturas;
Hay cosas que no miden los racimos
Ni la flor ni la nieve delicada.
La gente me rehuye. Le da miedo
El hombre que fue amado por la luna.
Los años han pasado. Una zozobra
Da horror a mi vigilia. Me pregunto
Si aquel tumulto de oro en la montaña
Fue verdadero o no fue más que un sueño.
Inútil repetirme que el recuerdo
De ayer un sueño son la misma cosa.
Mi soledad recorre los comunes
Caminos de la tierra, pero siempre
Busco en la antigua noche de los númenes
La indiferente luna, hija de Zeus.





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lunes, 16 de agosto de 2021

"Capricho 2", de ALFONSINA STORNI (Argentina, 1.892-1.938)


Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de por qué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente oculto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.

No preguntes amado, lo debes sospechar:
en la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.

Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.

Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
deseamos y gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.

Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.







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jueves, 5 de agosto de 2021

"Hasta morirla", de OCTAVIO JOSÉ OLIVERIO GIRONDO (ARGENTINA, 1891-1967 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "En la masmédula ", de fecha 1953  d.n.e.



Lo palpable lo mórbido
el conco fondo ardido los tanturbios
las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne
y sus pistilos núbiles contráctiles
y sus anexos nidos
los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto
su mosto azul desnudo
cada veta
cada vena del sueño del eco de la sangre
las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo
cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo
y sus vaciados rostros
y sus cauces
hasta morder la tierra
lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda
cualquier estar en llaga
los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia
cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa
la estéril lela estela
el microazar del germen del móvil del encuentro
los entonces ya prófugos
la busca en sí gratuita
los mititos
hasta ingerir la tierra
todo modo poroso
el pozo lato solo del foso inmerso adentro
la sed de sed sectaria los finitos abrazos
toda boca
lo tanto

el amor terco a todo
el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor
la lacra
amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero
que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro
hasta exhalar la tierra
con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias
sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües
sus convecinos muertos de memoria
su luz de mies desnuda
sus axilas de siesta
y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes
hasta el destete enteco
hasta el destente neutro
hasta morirla




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lunes, 28 de junio de 2021

"Si conociéramos el punto", de ROBERTO JUARROZ (ARGENTINA, 1925-1995)


Si conociéramos el punto
donde va a romperse algo,
donde se cortará el hilo de los besos,
donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada,
donde el corazón saltará hacia otro sitio,
podríamos poner otro punto sobre ese punto
o por lo menos acompañarlo al romperse.

Si conociéramos el punto
donde algo va a fundirse con algo,
donde el desierto se encontrará con la lluvia,
donde el abrazo se tocará con la vida,
donde mi muerte se aproximará a la tuya,
podríamos desenvolver ese punto como una serpentina
o por lo menos cantarlo hasta morirnos.

Si conociéramos el punto
donde algo será siempre ese algo,
donde el hueso no olvidará a la carne,
donde la fuente es madre de otra fuente,
donde el pasado nunca será pasado,
podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros
o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro.





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jueves, 14 de enero de 2021

"La gruta", de NÉSTOR OSVALDO PERLONGHER (ARGENTINA, 1949-1992 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Parque Lezama", de fecha 1990  d.n.e.




                   "mordaza es a una gruta de su boca”
                    Góngora
vello y pelo, patroclo y vellocino
confúndense en el hombro,
la pierna de uno sobre el brazo de otro,
la
tornea atornillada tornazón o viraje
revir yedra, enlazada
en las escalinatas de "vinilo” (y violo)
era la semiluz para el toco
de manotadas o risáceas
alubias en el tronco de la ristra
o en el carajo emplumado
que alisa sus pencas de mimbres
y en vez de latiguear penetra
macizamente, la boca se abre como una gruta
a la que le es mordaza, pero gime
y el ruido
de esa masticación o rellanillo
rellena, corcovas de giba, la mucosa
o la saliva que se digladia y rueda, el beso del hombre

sobre el hombro, el pis del hombro
por las raspaduras de los labios
y las ojeras de violeta tul
que dan cadencia al arrimarse
de la pierna al tonsudo balanceo
de la nalga, en el cansino swing
de un silencio ritual, transido acaso
no por un trance sino por el oco de otros ecos:
los potros, que profanan vaqueros
e introducen cadenas de medalla en el culo de los atletas
y las pistolas de los albañiles
entran y reentran en una sola gruta, que no amordaza nada:
pero el gemido se retiene
contenido en la tremulación de la rodilla
o el chasqueo de las papilas
baja los tornozelos jabonosos, rumbo a la grosera ojota, el ojo
no se despabila, ya no ve
si es la pierna o el muslo
y si lo que se infla, en ese entre, es el globo de fuego de los dioses
o el huevo ocular de los mirones, agazapados en la oscuridad:
porque no hay luz, las rimas son oscuras y frías, la pantalla
riela y riza las olas de la pecera fabulosa.





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lunes, 2 de noviembre de 2020

“Toco tu boca”, de JULIO F. CORTÁZAR DESCOTTE (Argentina, 1914-1984 d.n.e.)







Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca,
voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



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domingo, 30 de agosto de 2020

"Liquidación de saldos", de JULIO F. CORTÁZAR DESCOTTE (Argentina, 1914-1984 d.n.e.)


Me siento morir en ti, atravesado de espacios
que crecen, que me comen igual que mariposas
hambrientas.

Cierro los ojos y estoy tendido en tu memoria,
apenas vivo,
con los abiertos labios donde remonta el río del
olvido.

Y tú, con delicadas pinzas de paciencia me
arrancas los dientes, las pestañas, me desnudas
el trébol de la voz, la sombra del deseo,
vas abriendo en mi nombre ventanas al espacio
y agujeros azules en mi pecho
por donde los veranos huyen lamentándose.

Transparente, aguzado, entretejido de aire
floto en la duermevela, y todavía
digo tu nombre y despierto acongojado.

Pero te esfuerzas y me olvidas,
yo soy apenas la burbuja
que te refleja, que destruirás
con sólo un parpadeo.




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viernes, 3 de abril de 2020

"Los doce goces", de LEOPOLDO ANTONIO LUGONES (ARGENTINA, 1874-1938)

Venus y Cupido, de Jacopo Palma il Vecchio


Cabe una rama en flor busqué tu arrimo.
La dorada serpiente de mis males
circuló por tus púdicos cendales
con la invasora suavidad de un mimo.

Sutil vapor alzábase del limo
sulfurando las tintas otoñales
del Poniente, y brillaba en los parrales
la transparencia ustoria del racimo.

Sintiendo que el azul nos impelía
algo de Dios, tu boca con la mía
se unieron en la tarde luminosa

bajo el caduco sátiro de yeso.
Y como de una cinta milagrosa
ascendí suspendido de tu beso
.



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miércoles, 18 de marzo de 2020

"Serenata", de LEOPOLDO LUGONES (ARGENTINA, 1874-1938)

Poema perteneciente al libro "El libro fiel", de fecha 1912  d.n.e.



"El beso", de Emilce Nora


I

Fiel al tormento que me desgarra,
Cual todo amante digno de amar,
Vengo a llorarte con mi guitarra
Las cosas que ella sabe llorar.

Tú también sabes que este es mi modo
De irme muriendo de amor por ti;
Pues si quererte, mi vida, es todo,
Quién no se muere de amar así.

Entre las cuerdas, sordo y convulso
Como un quejido, divaga el son,
Porque en los dedos con que las pulso
Me duele un poco de corazón.

Es que, glorioso con mis cadenas,
Cantando aumento mi padecer,
Que no hay compaña como estas penas,
Para morirse... para querer...


II

Si para un fino amante,
Nada es tropiezo,
En todo lo que toques
Yo seré beso.

En todas las estrellas
Seré mirada,
Que tu rigor es noche
Que no se acaba.

Lima para tus rejas
Serán mis celos,
Y mi sangre la marca
De tu pañuelo.


III

El jardín primaveral
Te manda en sus mariposas,
Besos de amor de las rosas
Que te dedica el rosal.
El lirio sentimental
Te declara su interés,
Y con su aire de marqués
Parece que en la pradera
Solamente floreciera
Para ponerse a tus pies.

Pero si, por desventura,
Las rimas de mis amores
No te cambiaran en flores
Mis suspiros de ternura,
Los mares de mi amargura
Llenos de perlas están,
Y abrasado en el afán
Con que muriendo te adoro,
Te encenderá en besos de oro
La llama de mi volcán.

Si cultivo es menester
A las rosas y a los lirios,
Yo al rigor de tus martirios
He porfiado en florecer.
Así aunque extraño poder
Me aparte de tu afición,
Guardará mi corazón
Por tu perfume habitado,
Como un pañuelo llorado
La esencia de tu pasión.




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lunes, 2 de marzo de 2020

"Carta lírica a otra mujer", de ALFONSINA STORNI (Argentina, 1.892-1.938)

Poema perteneciente al libro "De languidez", de fecha 1920  d.n.e.




Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro
conozco yo, y os imagino blanca,
débil como los brotes iniciales,
pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina,
en vuestros ojos, placidez de lago
que se abandona al sol y dulcemente
le absorbe su oro mientras todo calla.

Y vuestras manos, finas, como aqueste
dolor, el mío, que se alarga, se alarga,
y luego se me muere y se concluye
así, como lo veis, en algún verso.

Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca
tenéis un rumoroso colmenero
,
si las orejas vuestras son a modo
de pétalos de rosa ahuecados...

Decidme si lloráis, humildemente,
mirando las estrellas tan lejanas
y si en las manos tibias se os duermen
palomas blancas y canarios de oro.

Porque todo eso y más, vos sois, sin duda
vos, que tenéis el hombre que adoraba
entre las manos dulces, vos la bella
que habéis matado, sin saberlo acaso,
toda esperanza en mí... Vos, su criatura.

Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma
estáis gustando del amor secreto
que guardé silencioso... Dios lo sabe
por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.

Os lo confieso que una vez estuvo
tan cerca de mi brazo, que a extenderlo
acaso mía aquella dicha vuestra
me fuera ahora... Sí, acaso mía...

Mas ved, estaba el alma tan gastada
que el brazo mío no alcanzó a extenderse:
la sed divina, contenida entonces,
me pulió el alma....¡Y él ha sido vuestro!

¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos
él se estremece y le decís palabras
pequeñas y menudas que semejan
pétalos volanderos y muy blancos.

¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia
Arrancaban tan firmes los cabellos
a grandes ondas, que a tenerla cerca,
no hiciera yo otra cosa que ceñirla!

Luego dejad que en vuestras manos vaguen
los labios suyos; él me dijo un día
que nada era tan dulce al alma suya
como besar las femeninas manos...

Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve
vagando por afuera de la vida,
—como aquellos filósofos mendigos
que van a las ventanas señoriales
a mirar sin envidia toda fiesta—

me allegue alguna vez a vuestro lado
y con palabras quedas, susurrantes,
os pida vuestras manos un momento,
para besarlas, yo, cómo él las besa
...

Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
vaya pensando: aquí se aposentaron
¿cuánto tiempo, sus labios, cuánto tiempo
en las divinas manos que son suyas?

¡Oh, qué amargo deleite, este deleite
de buscar huellas suyas y seguirlas
sobre las manos vuestras tan sedosas,
tan finas, con las venas tan azules!

¡Oh, que nada podría, ni ser suya,
ni dominarle el alma, ni tenerlo
rendido aquí a mis pies, recompensarme
este horrible deleite de ser mío
un inefable, apasionado rastro...!

Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,
barrera ardiente, viva, que al tocarla
ya me remueve este cansancio amargo,
este silencio de alma en que me escudo,

este dolor mortal en que me abismo
esta inmovilidad del sentimiento,
que sólo salta bruscamente cuando
nada es posible!





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lunes, 2 de diciembre de 2019

"Regreso en sueños", de ALFONSINA STORNI (Argentina, 1.892-1.938)

Boca perdida en el vaivén del tiempo;
detrás de los paisajes escondida;
boca hacia atrás huyente en el espacio;
boca muerta que fuiste boca viva:

Torbellinos de rostros te apagaron,
tú, que eras rosa ya palidecida;
bloques de casas, cielos circulantes,
telones fueron a velarte esquiva.

Alguna vez la punta de la llama
pintó en el aire la ligera estría
de tu boca atersada a finos verbos
:
seda en la seda, flor más florecida.

O levanté la mano para asirte
en la nube traslúcida que lucía
acuchillada del cuchillo mismo
que parte en dos la ya palidecida.




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jueves, 14 de noviembre de 2019

"La pasión según Carmela", de MARCOS AGUINIS (ARGENTINA, 1935--, d.n.e.)

Capítulo XII perteneciente al libro "La pasión según Carmela", de fecha 2008  d.n.e.



Mi vendaje con la manga de la camisa había sido oportuno y firme. El esguince no fue acompañado por una fractura, como me había hecho suponer la intensidad del dolor, y pude dejar en unos días las muletas. Decidí tomar la iniciativa que venía incubando con la fiebre del deseo.

—Debo entregarte una carta —susurré a Ignacio en el crepúsculo, cuando ya preparaban la cena.

—¿Una carta? —Se peinó con los dedos su larga cabellera de bronce.

—Debo entregártela sin testigos. —Me desconocía en ese revolear de mentiras.

—Bueno... vamos a un aparte.

Entrégamela ahora.

—Shhhh... será más tarde, cuando los compañeros se hayan dormido.

Ignacio se tironeó la dorada barbita.

—¡Tanto secreto! ¿Podes darme una pista?

—No. A las once nos reunimos en el camino del restaurante.

—Ah... el restaurante —Ignacio sonrió

—. Creo que a esa hora estará cerrado, ¿o lo abrirán para nosotros? Queda lejos.

—Dije en el camino, Ignacio, en el camino.

—De mala gana estoy frenando mi curiosidad.

Me quedé leyendo en la carpa, protegida de los mosquitos. A las once partí sigilosa, consciente de que mi fisiología se había transformado en usina nuclear. Semejante excitación no me había invadido ni cuando noviaba con mi ex marido.

La noche era magnífica. Los pasos de mis borceguíes me parecieron exordios de un ataque por sorpresa. Mis manos acariciaban los árboles del camino incierto para no desviarme. Las fragancias que Ignacio me había enseñado a diferenciar ayudaban, o me hacían suponer que ayudaban a orientarme, pero me mordí los labios al darme cuenta de que la oscuridad era demasiado densa a medida que aumentaba la espesura del bosque. Me iba a perder. El olor de un animal muerto, quizá una rata de campo despedazada, me golpeó como una pared. Dispuse seguir otro poco. Volvió la fragancia, pero más débil. ¿Era la altura? ¿El cansancio?

—Carmela... —escuché el susurro.

Me llovió alegría.

—Sí, soy yo. ¿Dónde estás?

—Delante de ti, ¿no me ves?

Apoyado sobre el tronco de un árbol pude distinguir la indefinida dentadura de Ignacio.

—¿Trajiste la carta?

Extendí mis manos hasta tocar las de él.

—Eres como los gatos, puedes ver en la oscuridad —dije.

—No, no —replicó—, ese mérito sólo corresponde a Ulises.

—¿Ver en la oscuridad?

—Tener ojos de gato.

—De los gatos con mala entraña — corregí.

—Este sendero lo hice tantas veces que me lo sé de memoria. Tus pasos, tu respiración me dijeron: ¡ahí llega el correo. Pero no podré leer la carta, porque olvidé la linterna.

—No te preocupes, no hace falta leerla. Te la voy a decir.

La proximidad de nuestros labios no tuvo resistencia y nos unimos en un beso seguido de otro beso más largo y un tercero más largo aún, guarnecidos por el constrictor abrazo que nos mantuvo juntos en un espacio donde nada existía en torno, sino la sensación del otro cuerpo. Nos apoyamos en el tronco del castaño y seguimos besándonos y apretándonos hasta quedar extenuados.

Resbalamos lento, con ternura. El pasto transpiraba su rocío. Rodamos por los cojines de gramilla. Por instantes abría mis ojos, acostumbrados ya a la oscuridad, y pude ver estrellas entre las costuras del follaje. Las luciérnagas se entusiasmaron con nuestra fiesta y reverberaron sus chorros de luz.

Los besos pasaron a convertirse en exploradores insaciables, corrían por las sienes, los cabellos, la nuca, las orejas. Enmelaron nuestras mejillas. Ignacio prefería bucear en mi cuello y nadó por su orografía hasta decidirse a una levitación que lo depositó de nuevo en mi boca. Nuestras lenguas se enredaron. Después bajó al mentón, onduló por mi garganta y patinó ida y vuelta a lo largo del esternón que mis pechos escoltaban impacientes. Respirábamos con apuro y nuestras extremidades se extendieron con ambición imperial. Nos acariciamos a palmas llenas. Algunos avances eran interrumpidos por dudas fugaces. La excitación se había transformado en hoguera. Las llamas exigían la consumación y sentí que la Sierra temblaba.

Luego permanecimos sobre el lecho vegetal, oscuro y apacible. Nos costaba despegarnos. La transpirada piel ya no estaba iluminada por unas estrellas y la joyería de luciérnagas, sino por el curioso borde de la luna que atravesaba el ramaje. Todo era tan perfecto que se reactivó un latente temor. Para disimularlo, Ignacio dibujó palabras en mi frente.

—¿Escribes?

—Sí, te pregunto por la carta.

—Te la di, eran puros besos.

—Sos ocurrente.

—Pero tú sigues escribiendo —dije.

—Sí, cuento lo que acaba de suceder.

—Dímelo.

—No puedo.

—¿Cómo que no puedes?

—Me refiero a otra cosa.

—Me muero de curiosidad.

—Como yo antes, de curiosidad por la carta que me ibas a entregar. —Ignacio dejó caer la mano.

—¿Qué te pasa ahora?

Se sentó de espaldas y frotó sus cabellos. Intuí que iba a decirme algo importante, una confesión quizá, pero la sola idea de hacerlo lo perturbó tanto que se puso de pie.

—Vistámonos. Te podes enfriar.

—¡Esto sí que es raro! —protesté—. En serio, ¿qué te ocurre?

Ignacio sabía que a veces sus nervios lo hacían cometer estupideces. Pero no me podía explicar todavía el conflicto; en su cabeza había más espectros que en las siluetas nocturnas del bosque.



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domingo, 6 de octubre de 2019

"Bésame", canción de RICARDO MONTANER (Héctor Eduardo Reglero Montaner) (ARGENTINA, 1957--, d.n.e.)

Canción perteneciente al álbum "Sueño repetido", de fecha 2001  d.n.e.


Tamara Lempicka - Rozowa tunika, 1927


Bésame la boca, con tu lágrima de risa.
Bésame la luna y tapa el sol con el pulgar.
Bésame el espacio entre mi cuerpo y tu silueta,
y al mar más profundo, bésale con tu humedad.

Bésame el susurro que me hiciste en el oído.
Bésame el recorrido de mis manos a tu altar.
Con agua bendita de tu fuente, bésame toda la frente,
que me bautiza y me bendice... Esa manera de besar...

Besa mis campos y mis flores, con tus gotitas de colores.
Besa la lluvia, que resbala en la ventana.

Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Bésame y déjame con un grito que lo logre.
Besa el torrente de ilusiones. Bésame todas la pasiones.
Besa mi río hasta su desembocadura.

Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Besa mis días y mis noches, mis diluvios y mi cielo a pleno sol.

Bésame los ojos, aún dormido en la mañana.
Y bésame la piel, con el caudal de tu estrechez.
Con agua bendita de tu fuente, bésame toda la frente,
que me bautiza y me bendice... Esa manera de besar...

Besa mis cantos y mis flores, con tus gotitas de colores.
Besa la lluvia que resbala la ventana.

Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Bésame y déjame con un grito que lo logre.
Besa el torrente de ilusiones. Bésame todas la pasiones.
Besa mi río hasta su desembocadura.
Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Besa mis días y mis noches, mis diluvios y mi cielo a pleno sol.

...Y mi cielo a pleno sol...



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viernes, 7 de junio de 2019

"Algún día encontraré una palabra", de ROBERTO JUARROZ (ARGENTINA, 1925-1995)

Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.

Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.



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viernes, 10 de mayo de 2019

"Hombre de lejanías", de ROSA BUK (ARGENTINA, d.n.e.)

Ay, si fuera abrigo
el círculo de capas damasquinas que no vuelan,
como vientos internos y decadentes
sorda de mí
no puedo este silencio que tan hondo me castiga.
Deseo ardiente en los pájaros que migran
ocultos, hacia tu boca.

Crepitando llamas del ocre en mirada tan extensa y lánguida,
deshago un espacio de lirios pretendidos
en triste consumación
y escucho como cae el beso de invierno
conspirando
en esta interminable traslación de hemisferios, y muero en ti.



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