Pienso mientras contemplo el tejado
Blog de Raúl Amores Pérez, dedicado a mostrar un repertorio de besos descritos en la literatura (en verso, en prosa), en la música, en la pintura, la fotografía, el cine, la escultura y los tratados del arte del amor.
martes, 6 de diciembre de 2022
"Pienso, mientras contemplo el tejado", de ANTONIO COLINAS LOBATO (ESPAÑA, 1946-- d.n.e.)
lunes, 7 de noviembre de 2022
"El cielo es aún azul", de ANTONIO COLINAS LOBATO (ESPAÑA, 1946-- d.n.e.)
El cielo es aún azul, mas ya humea el Vesubio
tras los mínimos huertos sembrados de jilgueros.
Tiene la tierra fiebre de ese espeso sol rubio
que enardece la sangre y filtran limoneros.
Está firme aún el mármol y, seguros, los besos
en los besos se sacian de bocas prodigiosas.
Larga vida al amor, a los cuerpos ilesos
que, esperando a la noche, van libando las rosas.
Despacio, muy despacio, la luz última, que arde
en el agua que tiembla en el estanque umbroso.
Luego, viene un silencio abatiendo la tarde,
arrastrando los cuerpos hacia el mar tenebroso.
Tiembla también la vela en los ojos del sabio
que acaba un manuscrito, y en una copa el vino
luctuoso reposa, y ya espera su labio
el poso del veneno que lo hará ser divino.
De unos huyen las naves, de otros restan hundidas
las manos en el oro fugaz con vano empeño.
Se van quienes aún forjan ilusiones perdidas;
se quedan los beodos por la pasión y el sueño.
Al fin, se pone el cielo todo negro y se inflama,
bola de pus, el sol como el ojo quemado
por un tizón del cíclope, que furioso derrama
por su boca ceniza sobre el campo arrasado.
Del Imperio y sus ruinas han hecho sepultura
—bajo el manto de azufre y de la lava ardiente—,
dos cuerpos juveniles, la carne húmeda, dura,
que aún se besa, se abraza, se penetra doliente.
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miércoles, 6 de febrero de 2019
"Fe de vida", de ANTONIO COLINAS LOBATO (ESPAÑA, 1946-- d.n.e.)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas).
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de orquídeas
en las calas olvidadas.
Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie de relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.
Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
o con la luz de todos los azules.
Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a un puñado de sal.
O de luz.
Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón —al fin— pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.
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lunes, 7 de enero de 2019
"Poema de la belleza cautiva que perdí", de ANTONIO COLINAS LOBATO (ESPAÑA, 1946-- d.n.e.)
la pálida presencia de la luna en el bosque
o la nieve recién caída de los astros.
Por esa piel sin mácula, por su tersura suave,
tronché columnas firmes, derrumbé la techumbre
de la más alta noche: la de mis sueños puros.
Pan del amanecer tu blanco cuello, frente,
osamenta querida, veta, venero noble…
Aquí tengo los brazos abiertos como un río,
las venas descansadas, todo el amor del mundo
dispuesto a consumir en un beso glorioso.
Pequeña mía, amada, no olvides que por ti,
una noche de julio, olvidé la aventura
de salir a buscar la belleza cautiva.
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lunes, 31 de diciembre de 2018
"Pongo el alma en los labios", de ANTONIO COLINAS LOBATO (ESPAÑA, 1946-- d.n.e.)
más allá de la luz de tus dos ojos
y se estremece el aire, y tiembla el pecho,
y amparado en el tuyo aspira hondo.
Crece el aroma de la yerba, mueve
las copas de los álamos frondosos
este intenso verano, pero nada
siento ya en mi interior.
Espero sólo
de tu cuerpo la vida, la alegría
que encendí con los sueños más hermosos.
El agua que esperó mi sed, la fuente
que canta por tus venas, hoy la agoto
en la aventura de ensoñar.
Abrazo
lo que ayer fue ilusión.
Hoy ya soy otro.
Pongo el alma en los labios y me entrega
tu sangre las respuestas a los hoscos
momentos de otros días, cuando estuve
por ti desconsolado, cuando el gozo
no era sino una espera ilusionada.
Mujer, quiero apurar hasta los posos
este esperado encuentro con tu boca,
y el fuego lento, y el ocaso rojo.
Después, sólo a la muerte le permito
que, una vez más, se lleve de mis ojos
el sueño de los míos, la ternura
de tus labios abiertos, donde poso
toda la fe del mundo, donde aprendo,
por fin, a comprender lo que es el gozo.
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viernes, 28 de diciembre de 2018
"Canto XXXV: Me he sentado en el centro del bosque a respirar", de ANTONIO COLINAS LOBATO (ESPAÑA, 1946-- d.n.e.)
He respirado al lado del mar fuego de luz.
Lento respira el mundo en mi respiración.
En la noche respiro la noche de la noche.
Respira el labio en labio el aire enamorado.
Boca puesta en la boca cerrada de secretos,
respiro con la savia de los troncos talados,
y como roca voy respirando el silencio,
y como las raíces negras respiro azul
arriba en los ramajes de verdor rumoroso.
Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce
sombrío de mis venas toda la luz del mundo.
Y yo era un gran sol de luz que respiraba.
Pulmón el firmamento contenido en mi pecho
que inspira la luz y espira la sombra,
que recibe el día y desprende la noche,
que inspira la vida y espira la muerte.
Inspirar, espirar, respirar: la fusión de contrarios,
el círculo de perfecta consciencia.
Ebriedad de sentirse invadido por algo
sin color ni sustancia, y verse derrotado
en un mundo visible por esencia invisible.
Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
Me he sentado en el centro del mundo a respirar.
Dormía sin soñar, mas soñaba profundo
y, al despertar, mis labios musitaban despacio
en la luz del aroma: "Aquel que lo conoce
se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido".
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