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miércoles, 4 de enero de 2017

"Rezumo", de RAFAEL GUILLÉN (ESPAÑA, 1933-- d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Moheda", de fecha 1971-1977  d.n.e.




tu pubis, dime, tus acantilados
donde las manos se me despeñaban,
dime qué fue, tu deja, tu artería.
Y estoy de ida, pero vuelvo cedo,
y estoy deleble a tu mirada esponja,
y estoy tamiz para que no me pases
sino en harina de recuerdo, en queja
candeal.
Todavía te sostienes
dentro de mí como un almiar reliquia
de pasadas cosechas,
como el sobrado de una casa en ruinas
donde el aire se enreda, como el arca
desvencijada donde
un fino ajuar no usado amarillece.

Tu belígera lengua, tu acomodo
labial,
tu ronco desenfreno,
tu peso, muslos, dime
qué fue.
Conservo las cavernas
que dejaron tus aguas
al retirarse y llamo algunas noches
y aún retumbas lejana
por mi roqueña intimidad, goteo,
rezumo aún, desgaste y no termina
de tiempo aquel que es éste y ya no existes.

Este aquel día que me va y me viene
como desasistido ya, sin cuerpo,
tu cuerpo, sin más bridas
que frenen su desboque hacia otra nada;
este aquel modo yerto
de ir pasando por ti, que me reclama,
por mí, que me concita
al abandono y sigues en mis huesos.

Tu tibieza aledaña, mi jadeo,
tu hontanar, mi desmonte,
qué fue, y este saberte
de ayer, mi desolvido,
mi tu sonrisa atroz, mi desventura.


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sábado, 10 de diciembre de 2016

"Desguace", de RAFAEL GUILLÉN (ESPAÑA, 1933-- d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Moheda", de fecha 1971-1977  d.n.e.




A lo largo del beso
van arando tu piel ¡qué de otro tiempo!
las arrugas.
Te amo.
Se licúan
tus pómulos; se sume,
se desdenta tu boca y yo te amo.
Te me disuelves en el beso, amiga,
te me desnaces, ay, bajo este cuerpo
que cubre tu erosión.
Te me destrenzas.

Tu lagunal mirada verdinegra
que otro estiaje resquebraja y otro...
dime si aún me ves...
tu voz gimiendo
que un zumbido o recuerdo lobreguece...
tu saética lengua acibarante...
la sed ya no precede...
tu cabeza
por mi hombro, tu redondez, tu espacio
antes tempero, tanto
todo y demás que queda en, mira,
un casi sequedal, sino esa lágrima
rezumada de zubias interiores...

Un hasta luego ¿cuándo? en cada instante
que enmohece el latido; una maraña
de destejidos roces; un tan otro
aquel impulso y ¿cuánto es lo que queda?;
un reloj que quebraza
los muros del deseo, que corroe
la dádiva, que enrancia los agraces;
un humedal que empapa los desechos.

Te me deshojas dentro del abrazo.
Te me lenteces bajo el pulso, amiga,
¿por qué no madre ya, de tan cobijo?,
¿por qué no hermana en tanto
trasvase sangre a sangre?
Te me amainas,
te me remansas en el beso. Cuerpo
de grutas y de espuma, rocas húmedas
que la marea abandonó, ensenadas
con naufragios y mástiles
retorcidos y quillas
donde la herrumbre pone sus huevos amarillos...
Tu prestancia abatida, tu tronchada
blancura cervical; tus senos cántaro
¡tan rotundo el ayer! altivos trojes
de caricias aquellas
que se enconaron, ay, tu quiebro airoso,
tu macerado vientre, así fecundo,
decadente añojal hasta el menguado
alcacel de tu vello.

Te me deslizas a la muerte.
Palpo
tus lugares vacíos, tus siniestras
oquedades, la nada
en donde estuvo tu hermosura.
Te amo.
Cobertizo que el tiempo zarandea.
Almáciga que asola la riada.
Roqueda que el verdín melancoliza.

Te me desguazas en el beso, amiga;
a lo largo del beso te me pierdes,
te me deslíes, ay, te me regresas
a la tierra, que absorbe,
que recupera así su amargo zumo.


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