Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de junio de 2024

"Un beso", de OLAVO BILAC (Olavo Brás Martins dos Guimarães Bilac), (BRASIL, 1865-1918, d.n.e.)

Fuiste el mejor beso de mi vida.
O tal vez lo peor… gloria y tormenta.
Contigo en la luz ascendí al firmamento,
¡Contigo me fui al infierno!

Moriste y mi deseo no te olvida:
Quemas mi sangre, llenas mi pensamiento
Y de tu sabor amargo me alimento,
Y te doy vueltas en mi boca malherida
.

Beso extremo, mi premio y mi castigo.
Bautismo y ritos finales, en ese instante.
¿Por qué, feliz, no morí contigo?

Siento el ardor, y el crepitar te escucho,
¡Beso divino! Y anhelo, delirante.
En añoranza perpetua de un minuto.

Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 






domingo, 5 de diciembre de 2021

"El primer beso", de CLARICE LISPECTOR (CHAYA PINJASOVNA LISPECTOR) (BRASIL, 1920-1977, d.n.e.)

Cuento perteneciente al libro "Felicidad clandestina", de fecha 1971  d.n.e.



Más que conversar, aquellos dos susurraban. Hacía poco que su romance había empezado y andaban como tontos. Era el amor y con el amor vinieron también los celos.

-Está bien, te creo que soy tu primera novia. Pero dime la verdad, ¿nunca antes habías besado a una mujer?

-Sí, ya he besado a una mujer.

-¿A quién? -preguntó ella.

Toscamente intentó contárselo, pero no sabía cómo.

Fue durante una excursión. El autobús subía lentamente por la sierra y él, uno de los muchachos en medio de la muchachada bulliciosa, dejaba que la brisa fresca le diese en la cara y se le hundiera en el pelo con dedos largos, finos y sin peso. Qué bueno era quedarse a veces quieto, sin pensar casi, solo sintiendo. Concentrarse en sentir era difícil en medio de la barahúnda de los compañeros.

De pronto le había dado sed.

¡Caray! Cómo se secaba la garganta en esos paseos. Y ni sombra del agua. La cuestión era juntar saliva, y eso fue lo que hizo. Después de juntarla en la boca ardiente la tragaba despacio, y luego una vez más, y otra. Era tibia, sin embargo, la saliva, y no quitaba la sed. Una sed enorme, más grande que él mismo, que ahora le invadía todo el cuerpo.

La brisa fina, antes tan buena, había dado paso a un sol del mediodía árido y caliente que al entrarle por la nariz le secaba todavía más la poca saliva que había juntado pacientemente.

¿Y si tapase la nariz y respirase un poco menos de aquel viento del desierto? Probó un momento, pero se ahogaba en seguida. La cuestión era esperar, esperar. Tal vez minutos, tal vez horas, mientras que la sed que tenía era de años.

No sabía cómo ni por qué, pero ahora se sentía más cerca del agua y los ojos se le iban más allá de la ventana recorriendo la carretera, penetrando entre los arbustos, explorando, olfateando.

El instinto animal que lo habitaba no se había equivocado: tras una inesperada curva de la carretera, entre arbustos estaba la fuente de donde brotaba un hilillo de agua soñada. El autobús se detuvo, todos tenían sed, pero él consiguió llegar primero a la fuente de piedra, antes que nadie.

Cerró los ojos, entreabrió los labios y ferozmente los acercó al orificio de donde chorreaba el agua. El primer sorbo fresco bajó, deslizándose por su pecho hasta el estómago.

Era la vida que volvía, y con ella se encharcó todo su interior arenoso hasta saciarse. Ahora podía abrir los ojos.

Los abrió, y muy cerca de su cara vio dos ojos de estatua que lo miraban fijamente, y vio que era la estatua de una mujer, y que era de la boca de la mujer de donde salía el agua.

Se acordó de que al primer sorbo había sentido realmente un contacto gélido en los labios, más frío que el agua.

Y entonces supo que había acercado la boca a la boca de la mujer de la estatua de piedra. La vida había chorreado de aquella boca, de una boca hacia otra.

Intuitivamente, confuso en su inocencia, se sintió intrigado. Pero si no es de la mujer de quien sale el líquido vivificante, el líquido germinador de la vida. Miró la estatua desnuda.

La había besado.

Lo invadió un temblor que desde fuera no se veía y que, muy adentro, se apoderó de todo se cuerpo y convirtió su rostro en una brasa viva.

Dio un paso hacia atrás o hacia delante, ya no sabía qué estaba haciendo. Perturbado, atónito, se dio cuenta de que una parte de su cuerpo, antes siempre serena, estaba ahora en una tensión agresiva, y eso no le había ocurrido nunca.

Dulcemente agresivo, se hallaba de pie, solo en medio de los demás con el corazón latiendo pausada, profundamente, sintiendo cómo se transformaba el mundo. La vida era totalmente nueva, era otra, descubierta en un sobresalto. Estaba perplejo, en un equilibrio frágil.

Hasta que, surgiendo de lo más hondo del ser, de una fuente oculta en él chorreó la verdad. Que en seguida lo llenó de miedo y también de un orgullo que no había sentido nunca.

Se había…

Se había hecho hombre.




Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 






viernes, 8 de noviembre de 2019

"Yo te recuerdo", canción de ROBERTO CARLOS Braga Moreira, cantante (BRASIL, 1941--, d.n.e.)

Canción perteneciente al Álbum "Los más grandes éxitos de Roberto Carlos. Vol. III", de fecha 1973  d.n.e.



Yo te recuerdo...,
cuando han pasado algunos años.
Yo te recuerdo,
aunque al hacerlo me haga daño.

¡Cómo recuerdo,
cuando al mirarnos
sin pensar nos abrazamos!
Así, recuerdo
con qué ternura
con besos nos amamos.

Yo te recuerdo...,
en cada día que me amanece,
cuando mi estrella esta sonriente
o se entristece.

En cada pájaro que vuela,
en cada tarde que se aleja,
en el rocío que se posa
al borde de una blanca rosa.

Yo te recuerdo...,
porque nunca te olvidé.

Yo te recuerdo...,
en cada día que me amanece,
cuando mi estrella esta sonriente
o se entristece.

En cada pájaro que vuela,
en cada tarde que se aleja,
en el rocío que se posa
al borde de una blanca rosa.

Yo te recuerdo...,
porque nunca te olvidé.



Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 






jueves, 23 de mayo de 2019

"Mas no te demores tanto", de LUCILA NOGUEIRA (BRASIL, 1950, d.n.e.)

El cuerpo - dicen - ya no será más el mismo
en su reflejo exterior,
mas algo se diga de las cavernas fosforescentes
que navegan el hambre del demonio
en la hora de su resplandor

Mira mi cuerpo antiguo en la curva del chafariz
o al timón del navío.
Yo soy un pájaro nocturno perturbado.
Yo te ofrezco mis senos muy blancos
en una escalera secreta del mar Caspio.

Alguien habló de un modo descuidado
y las gárgolas de Nôtre Dame
contornaron los pezones
como breves y clandestinos fuegos fatuos.

El cuerpo - dicen - ya no será el mismo,
desesperadamente yo te deseo
mientras navego rocas subterráneas
a la orilla de la consciencia humana
y la raja de la atmósfera interfiere en la raya luminosa
justo en el centro de la pantalla del televisor que se rompió.
Porque en aquel tiempo
el amor era como un príncipe ebrio
y forzosamente hindú
él era como la voz ronca de Dionisio
haciendo sonar las teclas del piano austriaco
abandonado en la pasarela roja
de un carnaval de plumas en la calle de Buen Jesús.

Salí por el embarcadero embriagada
arrastrando candelabros escarlatas
en el río de letreros luminosos
mientras la lluvia golpeaba el pico duro de aquellos senos
ardiendo siempre de tanto amor.
Todos estaban demás y no lo sabían
mas cuando tú me agarraste fuerte yo me sorprendí tímida
y hasta hoy he huido entre palmeras
por las carreteras líquidas del vino y del neón.

Digo que continúa urgente la ilusión de ese momento
acometido de inenarrables confesiones.
Utopía presa en el cartílago húmedo,
cuando tu boca recubra el seno
seremos entonces las dos otras caras
de una misma única posesión
como una historia pegada en la otra
mientras se lame el lacre de la carta escrita en la infancia
que un agua súbitamente tibia casi borró.

Como decir, sin extrañarte: recúsame
que la dama desnuda al teléfono puede estar en trance
al que tanto aspiras bajo el rojo de las linternas
mientras la lluvia cubre los tejados a la orilla del mar.
Todo ahora se tornó tan urgente
que duele la espera inmemorial de las muñecas
sobre la madera oscura
inmóviles mas no inertes
aguardando su número de magia
rompiendo la banalidad de los noticiarios de la televisión.

La blusa de satén verde tiene un escote de princesa judía
asesinada desnuda en un campo de concentración.
Espléndido violinista, nos vamos enloqueciendo lentamente.
La blusa de satén verde deja entrever la parte
muerta de la carne blanca
bajo la luz del globo fosforescente
girando sobre los bailarines
mañana invisibles del bar Royal.

Cierra los ojos y piensa lo que quieres
mientras las manos y las bocas cumplen recorridos
de espejismos desérticos

mientras yo toco nuevamente
mi piano austríaco en la calzada del embarcadero
y el mar casi revienta las ventanas dalinianas del
Almacén XIV.

Porque el espíritu ha de ser siempre el mismo
yo desafío tu preferencia
y la blusa de satén verde sin mi cuerpo dentro
tiene aún un océano de lentejuelas
reflejando la vibración de la piel
que por algunos momentos la habitó.
Dragón gigante
lengua demoníaca
unión clandestina
avieso encantamiento
abismo volcánico
donde la partitura se deshizo en notas cubriendo la pauta
que guía el violoncelista al Palacio de Cristal.

Cierra los ojos y bésame de modo frágil
porque todo se volvió más urgente
desde el Museo Serralves y los dibujos rosa del mármol
revelan caminos recifenses de la piel emparedada
soñando el éxtasis de la resurrección.

Tu mirada tiene el mismo brillo de un lanzador de cuchillos
mientras giro en la rueda sobre mí misma
dramáticamente presa en las cuerdas
bajo el sonido de Tchaikovski en la Obertura 1812.

Tu mirada es como una campana milenariamente gigante
rondando las terrazas de la Regua hasta las aceras de Copacabana
tu mirada es como un barco vikingo pidiendo ensenada
desde los cocoteros de Recife hasta los verdes pinos gallegos
que dieron sombra al romance de mis bisabuelos.

Sé que has de venir bajo la nieve enlunada
conduciendo linterna en el pescuezo del caballo blanco
y me tomarás al galope en tu capa de terciopelo oscuro
mientras en el circo abandonado la trapecista
continuará durmiendo
completamente desnuda
en la jaula de los leones.

Sé que has de venir ferozmente hechizado
en ese rapto anunciado para cruzar las aguas desde el Capibaribe al Duero
y bailaremos bajo la luz de un candelabro de siete brazos
hasta que el sol seque las siete faldas
quitadas bajo el sonido de siete violines
durante las siete noches de encantamiento.

Mas no demores tanto.
Que amar es el arte
de hacerse presente
y todo aquello que necesitamos
es de poesía
locura y énfasis
en el acto heroico de reabrir las puertas
e la carne mansa que se equivocó.

Que el cuerpo - dicen - ya no será el mismo
y lo que era asedio puede robustecerse en la fuga
y hasta nosotros – dicen – no seremos los mismos
en el extraño instante de rayo láser
en que llega sin aviso
el placer de la mañana.


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





miércoles, 15 de mayo de 2019

Esbozo", de GILKA DE MELO MACHADO DA COSTA (BRASIL, 1893-1980, d.n.e.)

Tus labios inquietos
por mi cuerpo
encendían astros...

en el cuerpo del bosque
las luciérnagas
de vez en cuando
insinuaban
fosforescentes caricias...
y el cuerpo del silencio palpitaba
se agitaba
con los cascabeles
del cri-cri basculante
de los grillos que imitaban
la música de tu boca...
y en el cuerpo de la noche
las estrellas cantaban
con la voz trémula y resplandeciente
de tus besos...


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





domingo, 16 de julio de 2017

"En esta cama", de LÊDO IVO (BRASIL, 1924-2012 d.n.e.)



Es aquí, en esta cama, que la guerra comienza.
Luchan los dos guerreros
en un campo de lienzos.
¿Cómo separar frente y costado
si todo amor es un espejo?
El obelisco rosáceo y el negro se igualan exhaustos
en la plaza cuadriculada.
Dentro del día, la noche no distingue
macho o hembra. Y la boca se convierte en gruta
en la selva clara donde dos animales
se muerden y se lamen.


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





lunes, 28 de noviembre de 2016

"A orillas del río Piedra me senté y lloré", de PAULO COELHO DE SOUZA (Brasil, 1947--, d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "A orillas del río Piedra me senté y lloré"", de fecha 1994  d.n.e.



Miércoles, 8 de diciembre de 1993.

« ...El ruido del vidrio roto llamó la atención de todos. En vez de disfrazar el gesto con alguna petición de disculpas, él me miraba sonriendo, y yo le devolvía la sonrisa.
— No tiene importancia —gritó el chico que atendía las mesas.
Pero él no le oyó. Se había levantado, me había cogido por los cabellos y me besaba.

Yo también lo cogí por los cabellos, lo abracé con toda mi fuerza, le mordí los labios, sentí que su lengua se movía dentro de mi boca. Era un beso que había esperado mucho, que había nacido junto a los ríos de nuestra infancia, cuando todavía no comprendíamos el significado del amor. Un beso que quedó suspendido en el aire cuando crecimos, que viajó por el mundo a través del recuerdo de una medalla, que quedó escondido detrás de pilas de libros de estudios para un empleo público. Un beso que se había perdido tantas veces y que ahora había sido encontrado. En aquel minuto de beso estaban años de búsquedas, de desilusiones, de sueños imposibles.

Lo besé con fuerza. Las pocas personas que había en aquel bar debieron de mirarnos y pensar que aquello no era más que un beso. No sabían que en ese minuto de beso estaba el resumen de mi vida, de su vida, de la vida de cualquier persona que espera, sueña y busca su camino bajo el sol.
En aquel minuto de beso estaban todos los momentos de alegría que había vivido».


Leer más textos de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado: http://paulocoelhoblog.com/, web oficial del escritor.
 
Volver a la página principal





lunes, 12 de mayo de 2014

"Mujer al sol", de VINICIUS DE MORAES (Brasil, 1913-1980, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Poemas, sonetos y baladas", de fecha 1946 d.n.e.


Vinicius de Moraes
Una mujer al sol es todo mi deseo.
Viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz,
y la flor de los labios abierta para el beso,
y en la piel, refulgente, el polen de la luz.

Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
El vientre terso, el pelo húmedo, y una sonrisa
en la flor de los labios abierta para el gozo.

Una mujer al sol sobre quien yo me arroje
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente
y que al someterse se enfurezca y solloce,

e intente rechazarme y que al sentirme ausente,
me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.
Enlace recomendado:http://www.viniciusdemoraes.com.br/
 
Volver a la página principal