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lunes, 6 de julio de 2020

"Soneto: A la luna", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Almoneda", de fecha 1971x  d.n.e.



Suspiro de la noche, perla fría
que el estival ardor cambias en nieve.
Fuente donde la alondra trinos bebe,
azor de la nocturna cetrería.

Alas que navegáis la helada ría
del cielo en brazos de la brisa leve.
Rosa dormida en luz, de donde llueve
frescura de silencio y melodía.

Amantes que en la noche serenada
empañáis los cristales de la luna
con el suspiro que os destroza el seno:

besad, que ya la aurora viene alada,
antes que Febo salte de su cuna
y que el olvido vierta su veneno.







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lunes, 11 de mayo de 2020

"Jardín", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

La sonrisa apagada y el jardín en la sombra.
Un mundo entre los labios que se aprietan en lucha.
Bajo mi boca seca que la tuya aprisiona

siento los dientes fuertes de tu fiel calavera.

Hay un rumor de alas por el jardín. Ya lejos,
canta el cuco y otoño oscurece la tarde.
En el cielo, una luna menos blanca que el seno
adolescente y frágil que cautivo en mis brazos.

Mis manos, que no saben, moldean asombradas
el mármol desmayado de tu cintura esquiva;
donde naufraga el lirio, y las suaves plumas
tiemblan estremecidas a la amante caricia.

Sopla un viento amoroso el agua de la fuente...
Balbuceo palabras y rozo con mis labios
el caracol marino de tu pequeño oído,

húmedo como rosa que la aurora regase.

Cerca ya de la reja donde el jardín acaba
me vuelvo para verte última y silenciosa,
y de nuevo mi boca adivina en la niebla
el panal de tus labios que enamora sin verlo,

mientras tus manos buscan amapolas de mayo
en el prado enlutado de mi corbata negra.



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jueves, 30 de marzo de 2017

"Día de la ira", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Óleo", de fecha 1958  d.n.e.




Desnúdame, no tengo ya otra cosa.
El labio casi helado de besar tanta muerte.
Sájame la mirada, deja el ojo sin lágrimas
como una carne mísera, tibia para las moscas.
Sobre tu piedra estoy, no vencido, ligado:
hiere y al turbio caño de la sangre el impuro
animal de vagido caliente perezca,
pues que amó la carne y su comercio
y fue carnal el llanto para él, como un miedo
cobarde de pichones en las manos
y la oración un pétalo manchado entre los dientes.
Raspa, rae de mi lengua su nombre, si aún tienes
en el día del rigor panales de dulzura
y opera con tu largo bisturí de clemencia
el corazón, la entraña que no tuvo cansancio
ni olvido en el sopor del vino y de las noches
y que implacablemente perseguías
por las angostas calles de la antigua tristeza.
Rebana de los dedos su urdimbre de caricias
y deja que mis manos palpen ciegas y ajenas
la larga tela fría del desengaño.
Inerme sobre el mármol escucho el viento tuyo
de las trompas alzadas a la luna postrera,
cuando el ángel apaga la lucerna del tiempo
y remueve las vendas,
el sombrío aposento de las urnas,
el agujero oscuro, el cenotafio...
Porque desnudo estoy ante ti y te temo.


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martes, 28 de febrero de 2017

"Amantes", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Junio", de fecha 1957  d.n.e.




El que todo lo ama con las manos
despierta la caricia de las cítaras,
siente el silencio y su pesada carne
fluyendo como ungüento entre los dedos,
lame la lenta lengua de sus manos
el hueso de la tarde y sus sortijas
se enredan en el ave adormecida
del viento. Labra en mármoles de humo
el cuerpo palpitante del abrazo
extenuado cual cervato agónico,
y con el pico frío de sus uñas
monda la oliva efímera del beso.
El que se ama solo, el que se sueña
bajo el deseo blanco de las sábanas,
el que llora por sí, el que se pierde
tras espejos de lluvia y el que busca
su boca
cuando bebe el don del vino,
el que sorbe en la axila de la rosa
la pereza oferente de sus hombros,
el que encuentra los muslos del aljibe
contra sus muslos, como un saurio verde
sobre el mármol desnudo e inviolado,
ese que pisa, sombra, desdeñoso
el pavimento de las madrugadas.
El que ama un instante, peregrino
voluble, de flauta hasta los labios,
de la trenza al cítiso, de los cisnes
a la garganta, de la perla al párpado,
de la cintura al ágata, del paje
a la calandria y tras él, silente
va talando el olvido de las mieses altas,
tirso áureos de espigas, leves brotes,
todo un bosque confuso de recuerdos,
y él va cantando, ruiseñor nocturno,
capricho y galanía, bajo la luna.
Y el que besa llorando y el que sólo
sabe ofrecer y aquel que cubre el pecho,
para no amar, de oscuro arnés, sonrisa
y un gerifalte lleva silencioso
devorando su corazón de gules.
Todos, la noche maga con su rezo
los enloquece, clava en sus pupilas
el helor de su vaga nieve negra,
les da a beber rencor entre sus manos,
los hurta en el arzón de sus corceles,
los trae y los lleva como mar en cólera,
coronadas las olas de sollozos,
de cabelleras náufragas, de sangre,
y los devuelve dulces, poseídos,
hasta la playa bruna y solitaria.


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martes, 24 de enero de 2017

"Casida", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Junio", de fecha 1957  d.n.e.



«Las palmeras... Me parece que a su sombra no
se puede ser desgraciado.»
T. Gautier

A Margarita y Juan Valencia


Ay, no se puede ser desgraciado bajo las palmeras,
bajo el toldo granate que adelanta la noche en el patio,
con las manos humedecidas en el agua perfumada de azahar
que refleja el cobre sangriento de las ánforas.
Bajo las palmas grávidas de dátiles
que se elevan en busca del beso febril de la noche de junio,
cuando junio tiene un placer para cada momento
y sólo el respirar es voluptuosidad.
Ay, cuéntame del Sur,
de esa tierra que sonríe con el carmín violento del granado en sus labios,
blancos por el contraste con la piel oscura, dorada por el sol.
Cuéntame desde Córdoba dormida entre el mármol y el agua,
y Jerez, como un lirio de cal nacido entre las viñas,
y Málaga, caña de azúcar verde bajo un palio sofocante de estío,
hasta el cegador diamante calcinado del desierto,
donde languidecen los camellos llevando bajo la seda roja de las gualdrapas
los frutos frescos de los oasis en sombra.
Dime el amanecer en el naranjal de troncos encalados,
cuando el sol aún no esparce la colmena furiosa de sus rayos
sobre las hojas húmedas de la calabaza.
Dime la penumbra de las bodegas,
el misterio de los claustros entre el verdor de los maceteros y las columnas,
el balcón abierto a la noche áspera de jaras,
junto al adolescente desvelado que sueña sobre las sábanas
el abrazo de las mujeres que tienen en su cuerpo el desmayo inquieto de las corzas
y en su cálida boca el frescor jugoso de las sandías.


Hay una hora de la madrugada en que se extinguen las lámparas olorosas de bálsamos
y el cansancio mustia la enredadera enervante de los abrazos,
y sólo sabemos que vivimos porque llega lejano un halago de albahaca,
un susurro de alas entre el humo de junio.
A esa hora, ven a la campiña.
La barca nos espera,
y el alba es aún una amapola que sangra en el cuchillo de los gallos.
Va la barca en silencio.
Las manos en el agua cogen el ascua helada de la estrella.
Abandonados, se hunden los remos en el pálido malva del río.
¡Melonar bajo luna!
Lejanas las guitarras ponen sed en los labios,
y las mujeres llevan biznagas en la llama negra del pelo;
y al abrir el melón su carne rosa y fresca
los labios beben ávidos la miel de ese beso
que luego ha de gustarse sobre otra boca
,
entre el aroma de juncias pisadas que ahogan con el brocado espeso de su olor.


Háblame de la siesta...
Suena el agua en la fuente...
Las ventanas se velan de intimidad.
La calle arde al sol.
En el campo, las víboras se muerden retorcidas de calor y de celo;
el alacrán se clava su aguijón,
y, en el patio, avispas de oro negro zumban junto al racimo verde del emparrado;
y desde la ensombrada galería,
en el turbio coágulo del espejo, se refleja el fruto exhausto del limón y los cidros.
Los sentidos buscan la fiesta de lo frío:
cristal, collares, cálices para las manos tibias,
el surtidor deslíe la plata de los peces en el reseco oído;
para el olfato abre la magnolia la nieve de sus pétalos,
y en los ojos el mármol de las estatuas vivas
ofrece su desnudo fresco como un venero
al quebrarse en la boca un chorro de agua helada que resbala en gotillas por el rostro.
Un aire de abanicos y geranios acaricia la piel,
y el alma se esconde pequeña como una araña en el rincón oscuro,
ante el despertar de los deseos, bellos como faisanes de pedrería,
que pasean su cola de amatista y de ópalo
por el bosque caliente de la sangre.

Dime ahora la noche...
La noche es toda azul. Como la hoja inmensa de un plátano azulado junto a un lago de aguas azules.
La noche tiende cortinas que sujeta en palomas.
Arden túnicas de oro en la campiña.
La llama de los rastrojos se respira en el aire
y el pueblo es una salamandra que tuesta sus escamas en el fuego.
Sonríen en las puertas las mujeres con los ojos pintados,
y el árbol del paraíso balancea en sus flores serpientes de perfume.
En azoteas blancas por la cal y la luna se bañan las muchachas.
Las serenatas ciñen de música las sienes,
y mordiendo alhelíes pasan las cortesanas en sus verdes literas.
De pronto, todo calla...
¡Música en los jardines!
La guzla tiene a veces un idilio de agua goteante entre rosales,
y otras es un caballo blanco con las crines blancas
que galopara sin jinete por una calle de mármoles negros,
en penumbra de arcos.
Suenan los crótalos, y la tierra recién regada de los arriates
hace florecer jazmines de fiebre en la cintura de las bailarinas.
La noche escapa con el gemido último de las cítaras.
Y cuando el curvo alfanje de la luna palidece de cisnes
y el placer es un pozo, bajo sombra de áloes,
el alba llega a las tierras del Sur
como una esclava huida de su dueño que se desangrara entre las pitas y las chumberas.


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lunes, 2 de enero de 2017

"Elegía", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)


Me envuelvo en tu recuerdo
como en nieblas secretas que me apartan del mundo.
En la calle sonrío al amigo que pasa,
y nadie,
nunca nadie
adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa
ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan
pidiendo de los tuyos más desdén,
más veneno.
Ahora que la tarde se derrumba en las sombras,
y que el libro de versos resbala por mis manos,
ahora que la lluvia llora por los cristales
de mi ventana,
y llanto va a caer de mis ojos,
antes de que una mano encienda la dorada
llama de mi quinqué,
dime si tú no sueñas en tu balcón, ahora
que la lluvia nos une a los dos con sus lágrimas,
o si sobre el teclado de tu piano oscuro
agoniza Chopin
bajo tus manos trémulas.
Nunca sabrás el loco deseo que me tortura
de cautivar tus labios bajo mi boca ávida,
y sentir el latido de tu sien en mi mano
aprisionada como un pájaro aterido.
Pero no sabrás nunca nada de mi deseo.
Nada de cuando pienso desgarrar con mis dientes
los azules canales de tus venas
y juntos
morirnos desangrados, confundidas las sangres.
Pero estamos ajenos.
Yo sigo en mi ventana,
y tú soñando en otro mientras Chopin suspira,
ahora que aún no arde en mi quinqué la luz
y que a los dos nos une la lluvia con sus lágrimas.


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viernes, 2 de diciembre de 2016

"Sólo tu amor y el agua", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Rumor oculto", de fecha 1946  d.n.e.




Sólo tu amor y el agua... Octubre junto al río
bañaba los racimos dorados de la tarde,
y aquella luna odiosa iba subiendo, clara,
ahuyentando las negras violetas de la sombra.
Yo iba perdido, náufrago por mares de deseo,
cegado por la bruma suave de tu pelo.
De tu pelo que ahogaba la voz en mi garganta
cuando perdía mi boca en sus horas de niebla.
Sólo tu amor y el agua... El río, dulcemente,
callaba sus rumores al pasar por nosotros,
y el aire estremecido apenas se atrevía
a mover en la orilla las hojas de los álamos.
Sólo se oía, dulce como el vuelo de un ángel
al rozar con sus alas una estrella dormida,
el choque fugitivo que quiere hacerse eterno,
de mis labios bebiendo en los tuyos la vida.
Lo puro de tus senos me mordía en el pecho
con la fragancia tímida de dos lirios silvestres,
de dos lirios mecidos por la inocente brisa
cuando el verano extiende su ardor por las colinas.
La noche se llenaba de olores de membrillo,
y mientras en mis manos tu corazón dormía,
perdido, acariciante, como un beso lejano,
el río suspiraba...
Sólo tu amor y el agua...


> Puedes escuchar el poema en https://www.youtube.com/watch?v=IQBPgqEz3gg Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

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domingo, 13 de noviembre de 2016

"Junio", de PABLO GARCÍA BAENA (España, 1923-2018 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Junio", de fecha 1957  d.n.e.




Oh, sé que he de buscarte
cuando el otoño abrume con sus frutos goteantes la tierra,
cuando las mozas pasen mordiendo los racimos
como si fueran labios
,
cuando las piernas rudas de los hombres
se tiñan con la sangre púrpura de las vides
y quede una canción flotando en el azul helor de la tarde madura.
Oh, sé que he de buscarte.
Cuando caiga en el río el beso desmayado de la última adelfa
buscaré tus pisadas sobre la arena tibia
donde tu cuerpo expiraba bajo el mío
como un tallo verde en el suspenso mediodía.
Oh, sé que he de buscarte
cuando el dormido cisne del otoño aletee en su nido;
pero Junio es ahora un pastor silencioso
que coronan los oros sagrados de la trilla,
y yo bebo en tu cuerpo la música desnuda
que languidece en los violines lentos de la siesta.
Oh, sé que he de buscarte
cuando la campiña despierte del letargo amarillo de los élitros;
pero ahora es tu cuerpo sólo, tu cuerpo junto al mío,
mientras junio incendia de felicidad los montes más lejanos
y el río besa tímidamente nuestros pies
como si Narciso nos contemplara con sus diluidos ojos verdes de agua.


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