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jueves, 2 de enero de 2025

"La vida sencilla", de OCTAVIO PAZ LOZANO (Méjico, 1914-1998 d.n.e.)



Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes ¿papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos...
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.




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viernes, 3 de febrero de 2023

"Olvido", de OCTAVIO PAZ LOZANO (MÉJICO, 1914-1998, d.n.e.)

"Culebra", de Albert Joseph Penot (1862 – 1930)


Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allí, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.

Hunde tu ser a oscuras,
anégate la piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho al fuego fatuo.

En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no sabe quien dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
ser que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

En ese olvido sin edad ni fondo,
labios, besos, amor, todo renace:
las estrellas son hijas de la noche..




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viernes, 15 de abril de 2022

"Canción a la bella distante", de CÉSAR DÁVILA ANDRADE (ECUADOR, 1919-1967, d.n.e.)

No era mi poesía. Mis poemas no eran.
Eras tú solamente, perfecta como un surco
abierto por palomas.

Eras tú solamente como un hoyo de lirios
o como una manzana que se abriera el corpiño.
Eras tú, ¡oh distante presencia del olvido!

Clara como la boca del cristal en el agua,
tierna como las nubes que atraviesan el trigo
por los lados de mayo.

Dulce como los ojos dorados de la abeja;
nerviosa como el viaje primero de la alondra.

Eras tú y tenías delgadas de esperanza
las manos que me huyeron.
En tu sien, extraviadas, bullían las sortijas.
En tus perfectos ojos abril amanecía.
Estoy tan impregnado de tu voz siempre viva
que hasta esta inmensa noche parece que sonríe
y percibo el borde líquido de tu alma.

Andabas como andan en el árbol los astros.
Rezabas en silencio como una margarita.

¡Oh quién te viera abriendo esos libros que amabas
con el alma inclinada a la luz de las fábulas!
Qué viñeta de rosas tenían tus mejillas
cuando abrías los labios de amor de las palabras.
Y qué resplandeciente ciudad de serafines
descubrías, de pronto, en el cielo de estío.
Quiero besarte íntegra como luna en el agua.

Mañana en los delgados calendarios de ausencia
te encontraré buscando una pedrezuela tierna
para marcar una hora lejana que aún espero.

Recuerdo aquella tarde cuando quise besarte.
Tenían los cristales un fondo de mimosas
y la antigua ventana mecía los jardines.
Las llamas de los árboles se tornaban oscuras
y un ángel de eucalipto se apoyaba en el muro.

Escuchamos de pronto la carreta profunda
que atraviesa los prados con su carga de junio.
Pienso en aquella tarde ¡y me encuentro más solo!

Las casas recogían la luz del occidente,
los caminos bajaban como arroyos en llamas,
la brisa estaba fija en el borde del álamo.
Pienso en aquella tarde y no sé por qué lloro...




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lunes, 24 de enero de 2022

"La voz" de ROBERT DENOS (FRANCIA, 1900-1945, d.n.e.)

Tan semejante a la flor y a la corriente de aire
al curso del agua a las sombras pasajeras
a la sonrisa vislumbrada aquella famosa noche a medianoche
tan semejante a toda la felicidad y a la tristeza
es la medianoche pasada alzando su torso desnudo
por encima de las torres y de los álamos
llamo a mí a los perdidos en los campos
los viejos cadáveres los jóvenes robles talados
los jirones de tela pudriéndose sobre la tierra y la ropa
secándose en los alrededores de las granjas
llamo a mí a los tornados y a los huracanes
las tempestades los tifones los ciclones
los maremotos
los temblores de tierra
llamo a mí al humo de los volcanes y al de los cigarrillos
a los círculos de humo de los puros de lujo
llamo a mí a los amores y los enamorados
llamo a mí a los vivientes y a los muertos
llamo a mí a los sepultureros, llamo a los asesinos
llamo a los verdugos, llamo a los pilotos los albañiles y
los arquitectos
a los asesinos
llamo a la carne
llamo a la que amo
llamo a la que amo
llamo a la que amo
la medianoche triunfante despliega sus alas de satén
y se posa sobre mi cama
las torres y los álamos se pliegan a mi deseo
aquellos se derrumban aquellos se desploman
los perdidos en el campo se reencuentran al encontrarme
los viejos cadáveres resucitan por mi voz
los jóvenes robles talados se cubren de verdor
los viejos jirones de tela pudriéndose en la tierra y sobre la tierra
crujen a mi voz como el estandarte de la revuelta
la ropa secándose en los alrededores de la granja vistido de adorables mujeres
que no adoro que vienen a mí obedecen a mi voz y me adoran
los tornados giran en mi boca
los huracanes enrojecen si pueden mis labios
las tempestades rugen a mis pies
los tifones si es posible me despeinan
recibo los besos de embriaguez de los ciclones
los maremotos vienen a morir a mis pies
los temblores de tierra no me estremecen
pero hacen que todo se desplome a mi orden
el humo de los volcanes me viste con sus vapores
y el de los cigarrillos me perfuma
y los círculos de humo de los puros me coronan
los amores y el amor tan largo tiempo perseguidos se refugian en mí
los enamorados escuchan mi voz
los vivientes y los muertos se someten y me saludan
los primeros friamente los segundos familiarmente
los sepultureros abandonan las tumbas apenas excavadas
y declaran que yo sólo puedo comandar los nocturnos trabajos
los asesinos me saludan
los verdugos invocan la revolución
invocan mi voz
invocan mi nombre
los pilotos se guían por mis ojos
los albañiles sienten vértigo escuchándome
los arquitectos parten hacia el desierto
los asesinos me bendicen
la carne palpita a mi llamada
la que amo no me escucha
la que amo no me oye
la que amo no me responde.
Si semblable à la fleur et au courant d’air
au cours d’eau aux ombres passagères
au sourire entrevu ce fameux soir à minuit
si semblable à tout au bonheur et à la tristesse
c’est le minuit passé dressant son torse nu
au dessus des beffrois et des peupliers
j’appelle à moi ceux-là perdus dans les campagnes
les vieux cadavres les jeunes chênes coupés
les lambeaux d’étoffe pourissant sur la terre et le linge
séchant aux alentours des fermes
j’appelle à moi les tornades et les ouragans
les tempètes les typhons les cyclones
les raz de marée
les tremblements de terre
j’appelle à moi la fumée des volcans et celle des cigarettes
les ronds de fumée des cigarres de luxe
j’appelle à moi les amours et les amoureux
j’appelle à moi les vivants et les morts
j’appelle les fossoyeurs j’appelle les assassins
j’appelle les bourreaux j’appelle les pilotes les maçons et
les architectes
les assassins
j’appelle la chair
j’appelle celle que j’aime
j’appelle celle que j’aime
j’appelle celle que j’aime
le minuit triomphant déploue ses ailes de satin
et se pose sur mon lit
les beffois et les peupliers se plient à mon désir
ceux-là s’éroulent ceux-là s’affaissent
les perdus dans la campagne se retrouvent en me trouvant
les vieux cadavres ressuscitent à ma voix
les jeunes chênes coupés se couvrent de verdure
les lambeaux d’étoffe pourissent dans la terre et sur la terre
claquent à ma voix comme l’étendard de la révolte
le linge séchant aux alentours des fermes habille d’adorables femmes
que je n’adore pas qui viennent à moi obéissent à ma voix et m’adorent
les tornades tournent dans ma bouche
les ouragans rougissent s’il est possible mes lèvres
les tempètes grondent à mes pieds
les typhons s’il est possible me dépeignent
je reçois les baisers d’ivresse des cyclones
les raz de marrée viennent mourir à mes pieds
les tremblements de terre ne m’ébranlent pas
mais font tout crouler à mon ordre
la fumée des volcans me vêt de ses vapeurs
et celle des cigarettes me parfume
et les ronds de fumée des cigares me couronnent
les amours et l’amour si longtemps poursuivis se réfugient en moi
les amoureux écoutent ma voix
les vivants et les morts se soumettent et me saluent
les premiers froidement les seconds familièrement
les fossoyeurs abandonnent les tombes à peine creusées
et déclarent que moi seul puis commander leurs noctures travaux
les assassins me saluent
les bourreaux invoquent la révolution
invoquent ma voix
invoquent mon nom
les pilotes se guident sur mes yeux
les maçons ont le vertige en m’écoutant
les architectes partent pour le désert
les assassins me bénissent
la chair palpite à mon appel
celle que j’aime ne m’écoute pas
celle que j’aime ne m’entend pas
celle que j’aime ne me répond pas
[Traducción de Raúl Amores Pérez]




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martes, 4 de enero de 2022

"Canción a Teresita", de CÉSAR DÁVILA ANDRADE (ECUADOR, 1919-1967, d.n.e.)



                         (Apasionadamente)

Pálida Teresita del Infante Jesús,
quién pudiera encontrarte en el trunco paisaje
                                               de las estalactitas,
o en esa nube que baja, de tarde, a los dinteles,
entre manzanas blancas, en una esfera azul.

Caperucita parda,
quién pudiera mirarte las palmas de las manos,
la raíz de la voz.
Y hallar sobre tus sienes mínimos crucifijos,
bajando en la corriente de alguna vena azul.

                         Colegiala descalza,
                         aceite del silencio,
                         violeta de la luz.

Cómo siento en la noche tu frente de muchacha,
encristalada en luna bajar hasta mi sien.
Cómo escucho el silencio de tu paseo en niebla,
bajando la escalera de notas del laúd.

Cuando amanece enero, con su frío de nácar,
sé que tu pecho quema su materia estelar;
y que la doble nube de tus desnudos hombros
se ampara en la esquina delgada de la cruz.

Cómo escucho en la noche de caídos termómetros,
volar, rotas las alas, el ave de tu tos;
y llorar en la isla de una desierta estrella
a jóvenes arcángeles enfermos como tú.

Teresita:
esa hierba menuda que viene de puntillas
desde el cielo a las torres;
ese borde de guzla que nace en los tejados;
esa noción de beso que comienza en los párpados;
la trémula angostura del abrazo en los senos:
todo lo que aún no irisa la sal de los sentidos
y es sólo aurora de agua y antecede a la gota,
y tiene únicamente matriz en lo invisible;
lo mínimo del límite, le que aún no hace línea,
eres tu, Teresita, castidad del espectro.
La comunión primera de la carne y el cielo.

Cuando el olivo orea su balanza de nidos,
cuando el agua humedece la niñez del oxígeno,
cuando la tiza entreabre en las manos del joven
la blancura de un lirio que expiró en la botánica,
allí estas tú, Teresita, víspera del rocío,
en la hornacina pura de un nevado corpiño,
con tu fantasma tenue, concebido en la línea
ligera y sensitiva en que nacen las sílfides.

                          Suave, sombra, celeste,
                          soledad silenciosa.

¿Quién te entreabrió ese hoyo de dalia en la sonrisa?
¿Quién te vistió de clara canela carmelita
como a una mariposa?
¿Quién colocó en tus plantas
los descalzos patines de celuloide y ámbar?
¿Quién te ungió las manos de divina tardanza
para que no pudieras
jamás herir las cosas?

                           Tenue, tímida, tibia,
                           traslúcida, turgente.

Por tu amor, la madera se vuelve una sortija
y la niebla, sonata al pasar por los álamos.

Por tu amor, en el éter se conservan los trinos,
las plegarias se tornan cascabeles azules
y la espiga, una trenza del color de los cálices.

                            Delgada, dulce, débil,
                            divina, delicada.

Tu doncellez intacta crea nardos ilesos
sobre ese fino valle del aire en los cristales,
cuando sólo es un trémulo sonido que no alcanza
a embozar en el tímpano el espectro del canto.

Novia que viajas sola
en un velero de hostias.
Enamorada pura en la edad de la garza.

                             Niña, nupcial, nerviosa,
                             nívea, naciente, núbil.

Cómo veo tus manos pasar por los bordados
y abrir una acuarela de anclas y corazones;
tus ojos que conocen esos duendes de cera
que andan con las abejas al pie de los altares.

Cómo siento tus trenzas ocultas en una gruta,
donde se agrupa el oro bajo un toldo de lino.

                              Ideal, ilusa, íntima,
                              irreal, iluminada.

¿Quién podrá olvidar tu nombre, Teresita?
¿Tu nombre que comienza en una noche de estrellas
y ha cambiado el sentido de la lluvia y las rosas?

Lo pronuncian los niños al llamar a las aves,
o al decir que las cosas les nacen en los ojos.

Las bellas colegialas que recogen en coro
una llovizna azul en el hoyo de las faldas.

Las novicias que cantan entre muros de nieve
y crucifijos pálidos.

Los monjes que hicieron de su sangre una nube
para guardar los campos con escuadrillas de ángeles.

Por tu finura de ángel con alas de violeta
y tu ternura inmensa que, a veces, se hace pena,
un Amor Infinito escribió en el cielo
la inicial de tu nombre con un grupo de estrellas.
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jueves, 5 de agosto de 2021

"Hasta morirla", de OCTAVIO JOSÉ OLIVERIO GIRONDO (ARGENTINA, 1891-1967 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "En la masmédula ", de fecha 1953  d.n.e.



Lo palpable lo mórbido
el conco fondo ardido los tanturbios
las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne
y sus pistilos núbiles contráctiles
y sus anexos nidos
los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto
su mosto azul desnudo
cada veta
cada vena del sueño del eco de la sangre
las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo
cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo
y sus vaciados rostros
y sus cauces
hasta morder la tierra
lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda
cualquier estar en llaga
los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia
cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa
la estéril lela estela
el microazar del germen del móvil del encuentro
los entonces ya prófugos
la busca en sí gratuita
los mititos
hasta ingerir la tierra
todo modo poroso
el pozo lato solo del foso inmerso adentro
la sed de sed sectaria los finitos abrazos
toda boca
lo tanto

el amor terco a todo
el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor
la lacra
amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero
que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro
hasta exhalar la tierra
con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias
sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües
sus convecinos muertos de memoria
su luz de mies desnuda
sus axilas de siesta
y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes
hasta el destete enteco
hasta el destente neutro
hasta morirla




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domingo, 1 de agosto de 2021

"TENGO TUS LABIOS", de JOSÉ LUIS CANO GARCÍA DE LA TORRE (España, 1912-1999, d.n.e.)

Quizá perdí mi juventud, quizá
perdí Lloridas increíbles.
Quizá perdí otras cosas, pero tengo
la sal ardiente de tus labios.

Una infancia perdí, quizá un deseo
de una luz entre pinos y el mar puro.
Perdí el cielo del sur, pero ahora tengo
la sal y el fuego de tus labios.

Perdí aquel mar, y aquel afán eterno
de en él perderme y olvidarme.
Perdí más: a mi madre, pero tengo
la rosa oscura de tus labios.

Perdí hace tiempo aquel ocio andaluz,
puro y tranquilo como el aire.
Perdí la paz, pero ahora tengo
la gracia honda de tus labios.

De aquella primavera, de aquel ocio
sólo el recuerdo y el perfume quedan.
Estoy solo y herido, y sólo tengo
una luz que besar: la de tus labios.

Sí, perdí mi bahía, donde el tiempo
no parecía existir sino soñando.
Unos sueños perdí, pero te tengo
y contigo a tus labios.

¿Perdí a Dios? Una noche sentí oscura
la soledad, la muerte entre los brazos.
Y helado el corazón. Mas luego tuve
la honda caricia de tus labios.

Ya no estaré más solo. Quiera el mundo
herir con frío o con puñal mi alma,
ya no estaré más solo porque tengo
la compañía de tus labios.





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jueves, 1 de julio de 2021

"SUEÑO DE AMOR", de JOSÉ LUIS CANO GARCÍA DE LA TORRE (España, 1912-1999, d.n.e.)


Huí de mi lecho a solas por encontrarte, el vino
de la fiebre en los labios,
incendiando mis huesos,
y una niebla cegándome los ojos, y un sino
de soledad quemándome y abrasando mis besos.

¿Dónde encontrarte? ¿Estabas junto a mí, bajo el cielo
indiferente al hombre, como un mar que olvidase
su clamor, o soñando bajo un dorado suelo
sin que yo, en mi ceguera, los trigos te apartase?

Era dulce la tarde de inmortal primavera,
y era dulce su sombra, piel de melancolía,
que avanza como un labio de amor que no quisiera
precipitar los besos por vivir más de un día.

¿Dónde estaba tu boca? Tu mirada escapaba
a mis labios, y era cual un aéreo celaje
que empapase su vuelo en la luz que besaba
a través de tus alas mi abatido ramaje.

Te busqué en ese mar sobre el que ahora sollozo,
sus espumas clavándome todas sus blancas flechas,

y te busqué en el cálido corazón de ese pozo
desde donde la vida ocultamente acechas.

Nadie me vio. Solía acariciar las casas
con mi mano agrietada por un dolor oscuro,
porque acaso ese aliento con que mi sangre abrasas
arde ignoradamente tras el rosado muro.

Nadie me vio salir de la ciudad. La tarde
plegaba ya su aroma a su indolente peso,
y esa estrella primera que en el azul ya arde
desunió mis dos labios con su secreto beso.




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lunes, 7 de junio de 2021

"Noticia del beso", de JOSÉ LUIS CANO GARCÍA DE LA TORRE (España, 1912-1999, d.n.e.)

Nace el beso en la sangre y su fuego madura
como el fruto de un árbol a la luz de la tarde.
Ebrias alas secretas van naciendo a su paso
y dorando los labios
que esperan entreabiertos.

Gime la flor del beso antes de abrir su rosa,
y sus pétalos arden melancólicamente
mientras sube un rumor por la delgada sangre
y se detiene al borde de la boca hechizada.

Ya los ojos no ven. Mientras escapa el mundo
sólo el fruto del beso hunde su quemadura
en el dorado éxtasis, y el nácar de unos labios
dulcemente crepita en su abrasada llama.

Un brillo nuevo nace de la boca entreabierta,
mientras redonda estalla la granada del beso,
y el dulce labio herido,
ardiente ola ceñida,
su lentísima espuma destila prisionero.

No tiene edad el beso, pero su fruto muere
cuando su llama de oro se deshace en los labios,

cuando despierta el párpado de su ebriedad callada
y el corazón se oculta para sorber su dicha.

Mas no muere su luz, su ardentísimo pozo
puro como la nieve, hondo como el silencio.
No muere lo que llega al fondo de la sangre
donde el beso dejó un reguero de cielo.






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miércoles, 7 de abril de 2021

"Espumas", de JOSÉ LUIS CANO GARCÍA DE LA TORRE (España, 1912-1999, d.n.e.)

Este cuerpo de amor no necesita
quemar su luz en otra ardiente rama.
La lava en que se quema y que derrama,
por su propio volcán se precipita.

Tu hermosura sin voz sólo me incita,
no un corazón ni el vuelo de una llama.
Mi alimento es mi amor, y lo que ama
mi sangre, es esa piel, que un astro imita.

¿Qué esconde esa belleza? Sólo espumas,
Oh hermosa nada que a mi amor convoca,
raudo cielo sin Dios, mar sin secreto.

Pero besar todas sus dulces plumas
es ya el único sino de esta boca,
la única gloria ya de este esqueleto.





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jueves, 18 de marzo de 2021

Al mar, solo", de JOSÉ LUIS CANO DE LA TORRE (ESPAÑA, 1912-1999 d.n.e.)

Si tu amor busco a solas, entregado
a un éxtasis errante y sin conciencia,
no sé qué resplandor de adolescencia
unge mi piel, ya siempre a tu cuidado.

Mi boca acerco a tu rumor nevado,
purísimo sabor de tu presencia,
espuma dulce para mi dolencia
de soledad, al sol de tu costado.

No sé a qué paraíso de indolentes
me llevas o nos llevan así unidos,
tu desnudo y mi sombra a la deriva.

Sólo sé que tus labios transparentes
hoy se entreabren dulces y vencidos
al paso de mi sangre fugitiva.





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lunes, 13 de julio de 2020

"Cuerpo a la vista", de OCTAVIO PAZ LOZANO (Méjico, 1914-1998 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Semillas para un himno", de fecha 1954  d.n.e.



Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
playa sin fin de tu costado.

Tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,

como la sombra del águila la soledad del páramo.

Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.
Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable).

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.







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lunes, 22 de junio de 2020

ADRIANO DEL VALLE ROSSI (ESPAÑA, 1895-1957 d.n.e.)

A orillas de la fábula, secretamente mía,
desde el árbol de sangre donde nace el latido
que se asoma a tu pulso, tu lengua, flor mojada,
era un sésamo oculto para el paisaje mórbido
de tu floral desnudo, desgajado en pudores
y amorosas laderas silvestres, en la sombra
de tus senos en vilo, colmenas del enjambre
cuyo vuelo guiaba el beso más antiguo.

Sempiternas colinas con pétalos y zumos,
el sí y el no acertaban, dudoso de tu aroma;
áureo botín de besos, acosadas axilas,
fugacísima imagen traída en tus relámpagos,
abriéndome entre lirios palomas y moluscos.
Y tú, ya casi un claro de luna en tus pestañas,
arcángel sin edad eras sencillamente.

Y acueducto sin lluvia, la luz del arco iris
nos volcaba el secreto flamígero del beso,
la soledad abriendo a nuestras almas juntas
donde las aves urden sus alcobas de trinos.

¡Oh amada mía! Siempre tu inaccesible cumbre;
y ya en ti, me despeño virgíneamente tuyo,
cuando el aire y el río te huelen desde cerca
el tatuaje invisible de la piel de tu aroma.

Y entonces, voy bajando por la rampa del grito,
del fulgor y la piedra, del viento y de la nieve;
ave soy rubricando con el vuelo las cumbres;
Ángel Caído soy recluido en tus ojos,
mordiendo en tu cabello sus pendulares frutos,
desplegando en mi torso su funeral bandera,
tu ardiente cordillera midiendo con mis brazos...

Con mi equinoccio envuelvo tus claros hemisferios
de antípodas caricias, cuando exploran mis besos
la tibia sangre nómada de tus venas azules.

La luna era el ex-libris del éxtasis nocturno,
tallo de flor nacido de tu propia semilla,
soledad sin los árboles que sostienen el cielo,
la delicia ignorando de beber en tu lengua,
como la piedra ignora el lenguaje del pájaro.

Si el beso no era un símbolo creado en tu homenaje,
su corola en tu hálito tuvo pétalos dulces
para impregnar la tierra con mieles suficientes
cuyo dulzor brotaba de la raíz del mundo.

Te conocí en el lecho mineral del planeta,
mientras tú apaciguabas la luz en la montaña...
Cósmicamente mía... Norte, Sur, Este, Oeste,
nupciales, cuatro vientos te velaban el sueño.






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lunes, 8 de junio de 2020

"Lilith", de JUAN EDUARDO CIRLOT (ESPAÑA, 1916-1973, d.n.e.)

Poema en prosa perteneciente al libro "Lilith", de fecha 1949  d.n.e.



Tu corazón desciende entre las capas rojas del cielo y se detiene sobre mi frente de lentas aguas submarinas, Lilith, corazón negro, ¿qué quieres?

Quiero leer tu destino como lo hacían, en otra época, los grandes enemigos de la tranquilidad humana, los desposeídos de calma, los tristes porque sabían el dolor de las arenas de la otra orilla.

Lilith, ¿de dónde vienes?

Vengo de la tristeza donde tú caminas, con las sienes vendadas, con la mano derecha cercenada, con un pez detenido sobre las pupilas. Vengo del fondo de tu madre, del fondo de tu música exterminada, del fondo de tu sagrada boca extinguida, donde la ceniza late como un niño o como un pájaro.

¿Qué quieres de mi, Lilith?

Quiero que te olvides de la luz del día y de la luz de la noche; quiero que no recuerdes la tierra, ni el mar, ni el cielo. Quiero que entres en la caverna donde la sangre se convierte en cristal, tan dulce como los besos de una doncella desnuda al infante que, por primera vez, sabe que tiene sexo.

No podré perdonarte, Lilith. Yo nunca he sabido vivir entre lo que los hombres llaman cosas. Los objetos me son extraños. Y en verdad, tú eres la más maravillosa suma de objetos.


No digas tantas palabras inútiles. Cierra los párpados y deja que el musgo crezca sobre tu vientre pálido. Llenaré de oro tus venas y plantaré un árbol rosa donde sólo tienes un agujero sombrío.

Lilith, ven hacia mí.

No puedo moverme. Ni acaso siquiera dejar que me contemples demasiado tiempo. La máscara caería rota en tantos pedazos como dimensiones tenga tu pobre desamparada. ¿Por qué tú crees en el alma?, ¿verdad?

Mi alma eres tú, Lilith.

Yo soy solamente la Luna negra, la cifra que te señala a través del desorden, el número que te hace proseguir mirando hacia los globos azules, rojos, amarillos de los astros, cuando sin palabras, sin voz te preguntas por el misterio de las relaciones.

Déjame ver la forma de tu corazón. Tu corazón que hace poco descendía hasta mi quieta frente de solitario. Te he preguntado si crees en el alma.

Respóndeme, tú, Lilith. Solamente quiero creer lo que la forma de tus muslos dibuja sobre el horizonte tembloroso. Todo está tan gris en torno nuestro. Mira, ya empiezan a apagarse los fuegos de la lejanía. No hay otra alma que la que nosotros hacemos con la cera de nuestra sangre, gris como tú dices.

Entonces, ¿por qué estamos tú y yo, aquí, quietos sobre el filo de la desesperación, mirándonos como los muertos se miran detrás de su muralla de vidrio destruido?

Estamos juntos porque lo sabemos.

Dime, ¿qué debo hacer?

Debes permanecer en ti toda la eternidad. Piensa; yo soy eterno, y lo eres. Piensa; mi alma existe, y existe. Piensa; Lilith me ama, y te amo.

Nunca me ha sucedido así. Me basta pensar en una nube para que se desvanezca; creo en un aliento y ya no es nada. Pienso en un conjunto de sonidos. Y tan sólo el silencio de mis ojos queda quieto como una espada infinita rodeándome de una luz lúgubre, de una mortal desdicha, Lilith, Lilith, ayúdame.

No puedo hacer nada por ti. Llama a tu alma.

Tú eres mi propia alma. Te lo he dicho.

Si yo lo fuera, peor para ti. Yo soy la Luna negra. ¿Entrarías conmigo en el horizonte muerto? ¿Querrías caer conmigo en el secreto pozo de la materia ciega? ¿Quieres que te arranque los ojos?

El final de mi soledad es mucho más angustioso que todo cuanto puedas decir para probarme. Nunca he deseado lo que me era dado. Siempre viví en las murallas de la nada, convertido en impulso hacia el vacío. Sé mía sin serlo.

Si es cierto cuanto aseguras, has vivido en mi durante toda tu existencia. Voy a besarte. ¿Dónde quieres que lo haga? ¿Sobre tus ojos? ¿En tu corazón? ¿Entre tus labios? ¿O en el fondo de tu alma que desprecias?

Bésame en tu propio pensamiento.

Estoy cansado de acercarme a la carne caliente, de acercarme a las terribles hijas del sarmiento: estoy cansado de mirar sus tenebrosas bocas, sus piernas de crueles contexturas. Quiero vivir en el aire nocturno de tu destino.

Antes era yo quien hablaba de destino. Dije que quería leer el tuyo, como lo hacían los grandes enemigos de la tranquilidad humana, los tristes porque sabían el color de las arenas de la otra orilla. Ahora eres tú quien pronuncia la falsa palabra. Pero yo quería engañarte. No hay destino.

¿No hay tiempo?

No. Tampoco hay tiempo. Todo pasa, fue dicho hace muchos años, hace muchos lugares, por un hombre que, a veces, me recuerda a ti. Y, todo pasa, es equivalente a todo queda. Tú mismo has existido siempre.

No.

Claro que sí, aunque no lo sabes, por eso es para ti un problema pensar en el alma. Llamas existir, a pensar; pensar, a tener conciencia; tener conciencia, a erguirte sobre tu memoria y la comprensión de tu mundo. Pero, detrás de tu mundo, de tu memoria, de tu conciencia, de tu pensamiento y de tu existencia, tú mismo estás, fijo, inmóvil, clavado en un trono de diamantes, quieto, terriblemente fijo, como dos pupilas en una sola mirada, como ser y no ser reunidos en un único tormento.

Detente.

Sí. No es necesario que prosigamos hablando. Podemos mirar la destrucción que nos circunda como un halo que sufre al compás de nuestros latidos. Mirar el horizonte abrasado por los soles luminosos, los que vibran, los que cantan armonías blancas y doradas. Ellos también existen.

Lilith, no me hables de los luminosos. Tu corazón desciende entre las capas rojas del cielo y se detiene sobre mi frente. El universo de tu cuerpo se deshace en torno mío. No hablemos de nada. Ámame, solamente.

¿Dónde quieres que te bese? ¿En la flor esparcida de tus llantos? ¿En el día confuso de tu pensamiento? ¿Entre las dalias de tus búsquedas inacabables?

No, basta de terror y de consagraciones inútiles. Si todo es una permanencia inagotable, insubstituible, pura, ¿para qué me ha sido dada esta boca que no solamente sirve para morder y besar? Si mi pensamiento no puede añadir nada al mundo, ¿por qué me socava desde dentro como una montaña de fuego? A veces, he buscado los grandes cataclismos terrestres para perderme en ellos, pero nunca he muerto todavía.

Has pronunciado el gran secreto.

Bésame en la boca con que lloro. Lilith. Lilith. Porque mi boca es mi alma y también mi pensamiento. Porque mi boca es la montaña de fuego sobre la que tú apareces llena de flores salvajes.






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martes, 2 de junio de 2020

"Mar y ángeles solo", poema en prosa de JOSÉ LUIS CANO (ESPAÑA, 1911-1999, d.n.e.)

Poema en prosa aparecido en "Butlletí de l'Agrupament escolar de l'Academia i Laboratori de Ciències Mèdiques de Catalunya ", de fecha 1930  d.n.e.



En el mar, junto al mar, hay ángeles que juegan a romperse las alas.

Yo estoy sentado en una plaza, quizá de nieve, y la palidez de esa luna inconcreta está destrozando mi ternura. Hoy precisamente: día fatal y absoluto en la dulce tranquilidad de mi sino. Si no me dejáis protestar de las fatalidades, me veré obligado a vengarme, derramando lágrimas por mí sino perdido; por aquel sino desgraciado, pero amable, que me reservaron las palmeras.

En el mar, junto al mar, ángeles sin espaldas se besan. Todas las palomas del mundo navegan lentas por sus alas. De un beso incierto y suave ha nacido un ángel, dos ángeles. Un beso angélico, que para ti, mi amor, fue tan bello, tan esencial; para mí, pensando en Dios, fue cursi. La cursilería de lo sumo se definió en un cuadro: vuelo.

No puedo tener el corazón podrido, sin llorar pensando en las hormigas. En las hormigas desgraciadas que se han apoderado de mi pensamiento, me lo han arrebatado, y mi inteligencia no es nada. No quiero que sufra mi idea por temor al éxito indeseable de las hormigas, ésas que me odian y me atacan disimuladamente, pretendiendo alcanzarme de improviso.

Todos los vientos amorosos debían venir, para conducirme en volandas más allá de los mares que no tienen límites, más allá de las montañas y de los desiertos, hasta alcanzar el mar puro y único, para nadar yo en él como nadador solo. Sólo los ángeles no se cansan nadando. Yo me rindo, porque tengo el corazón podrido de tanto amar. El olvido en la más alta buhardilla de la ciudad puede vencerme sin tristeza. Pero un poco de amor para mis lágrimas y no moriré. Perdonadme, por fin. Y dadme mar. Mar y ángeles para mi corazón podrido.




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lunes, 4 de mayo de 2020

"Fuga", poema en prosa de JOSÉ LUIS CANO (ESPAÑA, 1911-1999, d.n.e.)

Poema en prosa aparecido en "Butlletí de l'Agrupament escolar de l'Academia i Laboratori de Ciències Mèdiques de Catalunya ", de fecha 1930  d.n.e.



El sueño de un ángel es lo que hace sollozar de tristeza a los pájaros enamorados. A los pájaros que viven felices, porque no han pensado nunca en la vida. Todos los pájaros muertos, que enterré amorosamente, cuando era niño, los había visto antes adolecer de tristeza, y consumirse poco a poco, al saber que vivían. Sin llorar; pero todos mis nervios me imposibilitan la huida. Yo no puedo fugarme sin ti, amor mió. Pero si quiero amarte, tengo que perdonarme mis pecados, mis eternas debilidades que adoro. No te ilusiones, amor mío, y escúchame con ternura, como a mi me gustaría besarle. Créeme: yo soy mentira. El Universo es otra mentira. La única verdad son los sueños de aquel que lloraba. Traedme todo el aire del mundo. Me servirá para dormirme suavemente, sin pensar en que adolezco y muero sin delicia. Necesito suavidad para avergonzarme de mi pobreza. Mira, amor mió: me dirijo a todos los hombres del Universo para rogarles que rían conmigo del amor y los pájaros. La risa me ha llegado al centro de mi vientre, y pienso: Si amor y amable derivan de la misma amorosa raíz, comprended que no puedo llorar seriamente.

Todo es porque el viento se ha desnudado, para que yo me mire en sus espejos, sin saber que la luz no tiene ya alma. Tú sabes, amor mío, que sólo tienen alma las rocas: esas rocas duras e inconmovibles tienen un alma dolorida porque aman tiernamente a los niños, y éstos no lo saben. Aquí, en la playa, la serenidad del mar besa mi frente, y yo contemplo el cielo, y me aburro.

Créeme, amor mío. Para ser dichoso, es suficiente con vivir.




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viernes, 7 de septiembre de 2018

"Tanto soñé contigo", de ROBERT DESNOS (FRANCIA, 1900-1945)

span face="Verdana, sans-serif" style="color: blue; font-size: large;">Poema perteneciente al libro "Cuerpos y bienes", de fecha 1930  d.n.e.



Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.

¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo viviente
y besar sobre esa boca el nacimiento
de la voz que me es querida?

Tanto he soñado contigo que mis brazos habituados estrechando tu sombra
a cruzarse sobre mi pecho, ya no podrían adaptarse
al contorno de tu cuerpo, quizá.

Y frente a la apariencia real de lo que me obsesiona
y me gobierna desde hace días y años,
me transformaré en sombra, sin duda.

Oh balances sentimentales.

Tanto he soñado contigo que no hay más tiempo, sin duda, que mi despertar.
Duermo de pie, con el cuerpo expuesto a todas las apariencias de la vida
y del amor y de ti, la única que cuenta hoy para mí,
podría menos tocar tu frente y tus labios que los primeros labios
y la primera frente que venga.

Tanto he soñado contigo, tanto caminé, hablé, me acosté con tu fantasma
que ya no me queda sino ser, y, por tanto,
ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra
que la sombra que siempre se pasea y paseará alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

J’ai tant rêvé de toi que tu perds ta réalité.

Est-il encore temps d’atteindre ce corps vivant
et de baiser sur cette bouche la naissance
de la voix qui m’est chère?

J’ai tant rêvé de toi que mes bras habitués en étreignant ton ombre
à se croiser sur ma poitrine ne se plieraient pas
au contour de ton corps, peut-être.

Et que, devant l’apparence réelle de ce qui me hante
et me gouverne depuis des jours et des années
je deviendrais une ombre sans doute.

Ô balances sentimentales.

J’ai tant rêvé de toi qu’il n’est plus temps sans doute que je m’éveille.
Je dors debout, le corps exposé à toutes les apparences de la vie
et de l’amour et toi, la seule qui compte aujourd’hui pour moi,
je pourrais moins toucher ton front et tes lèvres que les premières lèvres
et le premier front venu.

J’ai tant rêvé de toi, tant marché, parlé, couché avec ton fantôme
qu’il ne me reste plus peut-être, et pourtant,
qu’à être fantôme parmi les fantômes et plus ombre cent fois
que l’ombre qui se promène et se promènera allègrement
sur le cadran solaire de ta vie.

[Tradución de Raúl Amores Pérez].





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jueves, 8 de marzo de 2018

"Bajo tu clara sombra", de OCTAVIO PAZ LOZANO (Méjico, 1914-1998 d.n.e.)

Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….
Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.


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jueves, 6 de abril de 2017

"Besarte es soñar", de JOSÉ LUIS CANO GARCÍA DE LA TORRE (España, 1912-1999, d.n.e.)



Sí, besarte es soñar. Y acariciarte,
rozar, sorber el cielo más hermoso.
Pero si el tiempo puede, al arrancarte
tu belleza, tornar en doloroso

recuerdo aquel mirar enajenado,
aquel beso ardentísimo, aquel fuego,
volcán de amor, y aquel dulce sosiego
que sigue al jadear ebrio y callado,

¿Cómo sentir ligera, alada, pura
la dicha del amor, si está ya herida
por el mal que vendrá, nube de muerte,

tiempo ya gris que empaña la hermosura
cuando empieza a dar fruto, y más erguida
arde su luz, y duele más perderte?


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jueves, 26 de noviembre de 2015

"Maithuna", de OCTAVIO PAZ LOZANO (Méjico, 1914-1998 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Ladera este", de fecha 1969  d.n.e.



    
Mis ojos te descubren
Desnuda
        Y te cubren
Con una lluvia cálida
De miradas

Una jaula de sonidos
        Abierta
En plena mañana
        Más blanca
Que tus nalgas
        En plena noche
Tu risa
        O más bien tu follaje
Tu camisa de luna
        Al saltar de la cama
Luz cernida
        La espiral cantante
Devana la blancura
        Aspa
X plantada en un abra


Mi día
        En tu noche
Revienta
        Tu grito
Salta en pedazos
        La noche
Esparce
        Tu cuerpo
Resaca
        Tus cuerpos
Se anudan
Otra vez tu cuerpo


Hora vertical
        La sequía
Mueve sus ruedas espejeantes
Jardín de navajas
        Festín de falacias
Por esas reverberaciones
        Entras
Ilesa
        En el río de mis manos


Más rápida que la fiebre
Nadas en lo oscuro
        Tu sombra es más clara
Entre las caricias
        Tu cuerpo es más negro
Saltas
        A la orilla de lo improbable
Toboganes de cómo cuándo porque si
Tu risa incendia tu ropa
        Tu risa
Moja mi frente mis ojos mis razones
Tu cuerpo incendia tu sombra
Te meces en el trapecio del miedo
Los terrones de tu infancia
        Me miran
Desde tus ojos de precipicio
        Abiertos
En el acto de amor
        Sobre el precipicio
Tu cuerpo es más claro
        Tu sombra es más negra
Tú ríes sobre tus cenizas


Lengua borgoña de sol flagelado
 Lengua que lame tu país de dunas insomnes
Cabellera
          Lengua de látigos
                   Lenguajes
Sobre tus espaldas desatados
         Entrelazados
Sobre tus senos
         Escritura que te escribe
Con letras aguijones
         Te niega
Con signos tizones
         Vestidura que te desviste
Escritura que te viste de adivinanzas


Escritura en la que me entierro
         Cabellera
Gran noche súbita sobre tu cuerpo
Jarra de vino caliente
         Derramado
Sobre las tablas de la ley
Nudo de aullidos y nube de silencios
Racimo de culebras
         Racimo de uvas
Pisoteadas
         Por las heladas plantas de la luna
Lluvia de manos de hojas de dedos de viento
Sobre tu cuerpo
         Sobre mi cuerpo sobre tu cuerpo
Cabellera
         Follaje del árbol de huesos
El árbol de raíces aéreas que beben noche en el sol
El árbol carnal            El árbol mortal


Anoche
         En tu cama
Éramos tres:
Tú yo la luna


Abro
Los  labios de tu noche
Húmedas oquedades
        Ecos
Desnacimientos:
        Blancor
Súbito de agua
        Desencadenada


Dormir dormir en ti
O mejor despertar
        Abrir los ojos
En tu centro
        Negro blanco negro
Blanco
        Ser sol insomne
Que tu memoria quema
        (Y
La memoria de mí en tu memoria)


Y nueva nubemente sube
Savia

(Salvia te llamo
Llama)
          El tallo
Estalla
         (Llueve
Nieve ardiente)
 Mi lengua está
Allá
         (En la nieve se quema
Tu rosa)
         Está
Ya
         (Sello tu sexo)
                    El alba
Salva


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