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domingo, 13 de junio de 2021

"Llegas", de ENRIQUETA ARÉVALO LARRIVA (VENEZUELA, 1886-1963 d.n.e.)

Llegas. Tus ojos vienen firmes.
Gallardos, con las armas de los internos fuegos.
Yo quiero ser sencilla como el hilo sin perlas,
ágil como en la copa es la gota del borde.

Yo quiero ser sencilla, pero tú me complicas
alzándome a una estrella trémula e invisible.
Yo quiero ser sencilla. Y me colmo de quiebras,
y soy un laberinto y mi clave se pierde.

Quiero el ritmo sereno y mi inquietud florece.
Y la flor indecisa, con hojas asustadas,
desploma tu firmeza
.

Y descanso en la fuga de tus ojos vencidos.
Y soy ligera y simple, como el hilo sin perlas
ágil como la gota del borde.




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lunes, 4 de noviembre de 2019

"Besos", canción de VÍCTOR ESCALONA, cantante (VENEZUELA, d.n.e.)


Hay besos que son de café
y quitan el sueño de noche y de día,
hay besos que huelen a otoño
y quedan perdidos en melancolía.

Hay besos que no tienen dueño
y siempre parecen una despedida,
hay besos que guardan secretos
y adornan el parque en la tarde escondida

Pero tus besos no quiero entenderlos,
me gustan... que hasta me da miedo.
Me llevan al cielo
y me canta el corazón

Pero tus besos no dicen mentiras
y riman con mi poesía
llenando la tinta
con la que escribo esta canción.

Hay besos que son calendario
y tienen la fecha, la hora y el día.
Hay besos de desesperados
y rompen la calma entre tanta rutina.

Un beso que nunca se olvida,
que solo aparece una vez en la vida:
el beso de primera vez,
que queda en la lista de cosas bonitas.

Pero tus besos no quiero entenderlos,
me gustan... que hasta me da miedo.
Me llevan al cielo
y me canta el corazón

Pero tus besos no dicen mentiras
y riman con mi poesía
llenando la tinta
con la que escribo esta canción.


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lunes, 27 de mayo de 2019

"Revelación", de HALLIE HERNÁNDEZ ALFARO (VENEZUELA, d.n.e.)

Hasta ese minuto el todo había sido falacia,
sino enroscado en la víbora piel del desierto.
La boca, las manos, los terremotos,
el juramento de Hipócrates, el arenal de los indómitos,
la pureza del agua, las corrientes frías del Pacífico;
universo sin causa,
universo solitario de fuego triste.
Hilos desheredados meciendo nadas, imberbes y triviales nadas.

La historia cambia, en segundos, con París al costado
o con esa ciudad prieta que nos venera en sombra;
tal vez en el pórtico medieval donde se hacinan
latidos hambrientos, causas numéricas,
cabriolas manchadas por el deseo.

Dije, cambia; no, involuciona hacia el sur de los arrebatos,
colisiona el erguido callejón hasta su veta más inocente,
fulmina de un chispazo la tempestad del carbono
la urdimbre del inculpado reo.
Enciende también letras blancas, con frases de Dulcinea,
en los puntos suspensivos de la vereda tan amada.

Se habla de dos, de sustancia fervorosa,
de ángulos inseminados por la devoción,
de la saliva consumando altares.

Hasta ese minuto el todo era una mentira predecible,
un árbol oscuro,
una falsa memoria estelar.



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viernes, 3 de mayo de 2019

"Una noche como esa" de ARA LÓPEZ-VALENZUELA (VENEZUELA, 1983--, d.n.e.)

Noches, que en silencio maquiavélico,
van calculando el tamaño de la herida,
esquematizando con aterradora delicadeza
una cicatriz indestructible.

Cómplices de pieles que se rozan
provocando un eco erizado,
que se extiende lentamente,
hincha el pecho, inflama los labios,
y quiere calcinar todo lo que alcance.

Una oscuridad que se revela
como dos serpientes que danzan y entrelazan,
como dos mares que se estrellan,
como el deseo que consigue acoplarse sin ensayo.

Tuvo que haber sido una de esas noches,
cuando la realidad punzante debió apartarse
ante la desnudez de quienes olvidaron sus nombres
para detenerse en el tiempo, para fundirse con el espacio.

En medio de un silencio calculadoramente provocativo,
se engendraba, desde lo más profundo,
con un dolor similar al de una estrella agonizante,
lo que un beso desnudo no sospechó fecundar.

La locura para amarse nació una noche como esa.



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martes, 4 de septiembre de 2018

"Rimas galantes", de CARLOS BORGES (VENEZUELA, 1867-1932)

Poema perteneciente al libro "Páginas selectas", de fecha 1917  d.n.e.



Quiero verte desnuda como una azucena,
manecita de seda candorosa y fragante.
Quiero verte desnuda como un lirio, filena
florecita que oculta el capullo del guante.

Dulce fruta vedada, la serpiente me incita,
es goloso mi labio y con sed delirante,
beber quiero la gloria de tu miel exquisita
,
manzanita que guarda la corteza del guante.

Sirio triunfa en la inmensa joyería del cielo:
Muestra el rey de la noche tu blancura radiante,
y verás como al punto Sirio rabia de celo,
joyelito que ocultas el estuche del guante.

Aduérmete en mi mano como una paloma,
en un nido viviente que te arrulle y te encante,
ya verás como sueñas el edén de Mahoma,
palomita que tiemblas en el nido del guante.

El calor de tu sangre que da fiebre chicina,
la nieve de la perla, el agua del diamante
se incendian alumbrando tu blancura divina,
duquesita que ardes en el seno del guante.

Por ti lloro: si quieres disipar la maligna
intención que me inspire un Mefisto galante
con el agua bendita de mis ojos te signa,
hermanita que sueñas en la celda del guante.

Blanca hija de Jairo en el mármol dormida,
permite que mi labio te oprima un solo instante;
mi beso es taumaturgo y te dará la vida
,
mujercita que envuelve la mortaja del guante.


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miércoles, 18 de abril de 2018

"Aromas y colores incitando al beso", de PEDRO CÉSAR DOMÍNICI (VENEZUELA, 1873-1954 d.n.e.)

Fragmento del Capítulo V perteneciente al libro "El triunfo del ideal", de fecha 1901  d.n.e.



En el jardín recién húmedo una joven escogía flores para formar un ramo, y caminaba muy despacio apartando hábilmente con sus manos los zarzales y las enredaderas que le impedían llegar hasta la flor preferida, preferida por el color de sus pétalos, por la belleza de la corola esplendente. Las gotas cristalinas del rocío caían de las ramas sobre los cabellos casi rubios de la joven formando sobre su cabeza una diadema de brillantes claros y limpios. A veces llevaba nerviosamente una mano a la boca y chupaba sus dedos suavemente, heridos por alguna espina traidora, o entrecerraba los ojos para preservarse del sol que quemaba en los sitios sin sombra de las estrechas avenidas. A veces charlaba con las flores con tono de mal humor, reprendiéndolas por haberse vuelto feas, o agitaba febrilmente el pañuelo para ahuyentar las mariposas que la fastidiaban y la perseguían, acariciándola el rostro con sus alas de seda, dejando en sus mejillas sonrosadas finísimo polvo de oro, imperceptibles átomos de añil. Y la carga perfumada iba creciendo entre los brazos de la joven que paralizaba voluntariamente sus movimientos a fin de no marchitar a sus hermanas, las flores. Y eran deliciosos manojos de lilas de azul muy pálido, rosas desfallecientes, cálidas, tibias de aliento, olorosas a carne de mujer, iris de colores deslumbrantes, lirios inmaculados, claveles y heliotropos; y eran ramas sugestivas de citiso, de mimosas, de verbena; todo en una confusión de aromas y colores que embriagaba los sentidos e incitaba a un beso largo, a una loca caricia voluptuosa.


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sábado, 4 de febrero de 2017

" Tú me gustas total, entera y toda...", de CÉSAR DÍAZ MARTÍNEZ (Venezuela, 1953--, d.n.e.)


Tú me gustas total, entera y toda,
no por el fuego de tu pelo húmedo,
ni por tus senos de canela tibia,
ni el pecado del ritmo de tu cadera.

Tú me gustas total, entera y toda,
no por tu boca tan intacta al beso,
ni por las llamaradas de tu carne
que se te está calcinando entre las venas.

Tú me gustas total, entera y toda,
no porque eres mía y no me perteneces,
ni porque la envidia de los demás la siento
como si se tratase de propia envidia.

Tú me gustas total, entera y toda,
no porque me la pase junto a ti
bebiéndome tu aliento, ni rumiando
los pedazos de amor que tú me tiras.

Tú me gustas total, entera y toda,
por ese olor a carne que tú tienes;
olor de carne de mujer que es tuyo,
porque nadie más huele así en la tierra.

Tú me gustas total entera y toda,
porque ese olor es tuyo y lo encontré para mí.


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sábado, 26 de abril de 2014

"Bésame como la lluvia", de CEDHOT OSWALDO ARIAS HERRERA (Venezuela, 1976--d.n.e)

Poema perteneciente a la "II Antología de Poesía erótica", de la Asociación de Escritores de Mérida (Venezuela), de 2006 d.n.e.


Dulce, carnoso habito,
dependencia marchita de ingenuidad;
solo, olvidado a tus deseos,
como ramajes florecidos
acarician los míos, húmedos como el rocío.
Me acerco… salado, carnoso, viril:
Absuelvo toda duda loca entre mis manos suaves,
beso tus cabellos…
tus carnes vírgenes del labio ajeno,
me entrego a ti cruelmente
a los mares de tu piel extensa
“húmeda como la noche”.

El vino de mi lengua corre por la tuya,
te sueño, te estoy viendo
labios calientes, dolientes, pérfidos
perfectamente dolorosos.
Poderosamente me hincas ante ti…
ante la saliva tenue,
“húmeda como la lluvia”.

Desplazas tus manos por mi cuerpo,
estrujas tus pecados
en la pila de mis aguas,
poséeme, luego alcánzame un paño seco.
“Húmeda como el desierto”.

Gotas  recorren;
muerdes, agitas, tropiezas, absorbes.
¡Mójame, que deseo escurrirme entre tus sábanas!
Compartamos la fragancia de estos cuerpos
exprimamos el calor, saciemos el paladar
de los miembros exquisitos,
que la cópula sea explosión y locura,
líquidos corriendo a la fuente de la vida.
Húmedos como el alba…
… caen algunas gotas, 
el cielo desprende calores
a la tierra seca…
“¡Bésame como la lluvia!”


El domingo
es el olor del monte sobre la sopa
y es el culantro
y es el perejil
y es el cebollín
y es todo ese ramero pues
saber que la sopa esta sobre tu piel
sudarte mujer
sudarte
sudarte
como si tuvieras las defensas bajas
saladita mujer.   
Saladita.

 Uju, mujer, mujer, mujer,
me tepaste
me plenaste como el eucalipto


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