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martes, 30 de junio de 2026

"LA NATURALEZA INSACIABLE DEL AMOR" en "DE RERUM NATURA", DE TITO LUCRECIO CARO (ANTIGUA ROMA, 99-55 a.d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "DE RERUM NATURA", de fecha circa de la década de los 50   a.d.n.e.



Ut bibere in somnis sitiens quom quaerit et umor
non datur, ardorem qui membris stinguere posst,
sed laticum simulacra petit frustraque laborat
in medioque sitit torrenti flumine potans,
sic in amore Venus simulacris ludit amantis,
nec satiare queunt spectando corpora coram
nec manibus quicquam teneris abradere membris
possunt errantes incerti corpore toto.
denique cum membris conlatis flore fruuntur
aetatis, iam cum praesagit gaudia corpus
atque in eost Venus ut muliebria conserat arva,
adfigunt avide corpus iunguntque salivas
oris et inspirant pressantes dentibus ora,
ne quiquam, quoniam nihil inde abradere possunt
nec penetrare et abire in corpus corpore toto;
nam facere inter dum velle et certare videntur.
usque adeo cupide in Veneris compagibus haerent,
membra voluptatis dum vi labefacta liquescunt.
tandem ubi se erupit nervis coniecta cupido,
parva fit ardoris violenti pausa parumper.
inde redit rabies eadem et furor ille revisit,
cum sibi quod cupiant ipsi contingere quaerunt,
nec reperire malum id possunt quae machina vincat.
usque adeo incerti tabescunt volnere caeco…
Versos 1096-1120, Libro IV.



TRADUCCIÓN

Como el que siente sed soñando y no consigue
que las aguas apaguen el ardor de sus miembros
y busca manantiales pero se esfuerza en vano
y siente sed bebiendo en la mitad de un río,
así en el amor Venus engaña a los amantes
y aun presentes sus cuerpos no se pueden saciar
ni arrancan sus caricias nada a los tiernos miembros
al errar vacilantes en el cuerpo del otro.
Y finalmente cuando entrelazados gozan
de la flor de la edad y en el cuerpo se anuncian
los placeres y Venus intensamente siembra
el campo femenino, entonces mezclan ávidos
los cuerpos, las salivas de sus bocas, respiran
deseosos, se muerden, y es en vano: no obtienen
nada y tampoco pueden abrir ni entremezclar
un cuerpo con el otro.
Porque eso pareciera
que pretenden, tan ávidos los fija en su red Venus
mientras la voluptuosa potencia del deseo
los derrite. Y al fin el ansia acumulada
se expulsa de los nervios: sobreviene una pausa
en el violento ardor. Pero enseguida el mismo
frenesí vuelve y vuelven ellos a perseguir
eso que buscan, sin encontrar la manera
de remediar su mal, y ciegos languidecen
consumiéndose a causa de su secreta herida…
(Trad. de Alejandro Crotto)


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martes, 10 de octubre de 2017

"Si tus ojos de miel", de CAYO VALERIO CATULO (ANTIGUA ROMA, h. 87 a.d.n.e. - 57 a.d.n.e.).



Si tus ojos de miel, Juvencio,
me permitieran sin fin besar,
los besaría trescientas mil veces

y nunca me sentiría colmado,
ni si más prieta que las secas espigas
fuese la cosecha de nuestros besos.


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sábado, 22 de julio de 2017

"Diálogos de cortesanas", de LUCIANO DE SAMÓSATA (TURQUÍA, SIRIA -ANTIGUA ROMA-, 125-181 d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "Diálogos de las cortesanas", de fecha s. II  d.n.e.




(...)
CLONARION.— No paramos de oír, Leena, cosas realmente nuevas acerca de ti, a saber, que Megila la lesbia, la ricachona está enamorada de ti como un hombre, que vivís juntas y que no sé qué cosas os hacéis la una a la otra. ¿Qué me dices de eso? ¿Te sonrojas? Vamos, dime si es verdad.

LEENA.— Es verdad, Clonarion, y estoy abochornada pues es algo... antinatural.

CLONARION.— Por Afrodita, ¿de qué se trata? O ¿qué pretende la mujer? ¿Y qué hacéis cuando estáis juntas? ¿Estás viendo? No me quieres, pues no me ocultarías asuntos de tal índole.

LEENA.— Te quiero más que a cualquier otra, es que la mujer en cuestión es terriblemente varonil.

CLONARION.— No entiendo lo que dices a no ser que se trate de una «hetera para mujeres». Cuentan que en Lesbos hay mujeres de esa índole, con pinta de hombres, que no quieren trato con hombres sino que son ellas las que acechan a las mujeres como si de hombres se tratara.

LEENA.— Se trata de algo así.

CLONARION.— Entonces, Leena, explícame estos detalles, cómo se te insinuó la primera vez, cómo te dejaste persuadir y todo lo que vino después.

LEENA.— Ella y Demonasa, la corintia, mujer también rica y de las mismas costumbres que Megila, habían organizado una fiesta, y me habían contratado para que les tocara la cítara. Una vez que terminé de tocar, como ya era una hora intempestiva y había que acostarse, y ellas estaban aún borrachas, va Megila y me dice: vamos, Leena, es un momento estupendo para acostarse; así que métete en la cama con nosotras, en medio de las dos.

CLONARION.— ¿Y dormías? ¿Qué sucedió después?

LEENA.— Me besaban al principio como los hombres, no limitándose a adaptar sus labios a los míos, sino entreabriendo la boca, y me abrazaban al tiempo que me apretaban los pechos. Demonasa me daba mordiscos a la vez que me colmaba de besos. Yo no podía hacerme una idea de lo que era aquello. Al cabo de un rato, Megila que estaba ya un poco caliente se quitó la peluca de la cabeza —llevaba una que daba el pego perfectamente acoplada— y se dejó ver a pelo, como los atletas más varoniles, rasurada. Al verla quedé impresionada. Pero ella va y me dice: Leena, ¿has visto ya antes a un jovencito tan guapo? Yo no veo aquí, Megila, a ningún jovencito, le dije. No me tomes por mujer, me dijo, que me llamo Megilo y hace tiempo que casé con Demonasa, ahí presente, que es mi esposa. Ante eso, Clonarion, yo me eché a reír y dije: ¿Así pues, Megilo, nos has estado ocultando que eres un hombre exactamente igual que dicen que Aquiles se ocultaba entre las doncellas y tienes lo que los hombres tienen y actúas con Demonasa como los hombres? No lo tengo, Leena, replicó, ni puñetera la falta que me hace; tengo yo una manera muy especial y mucho más gratificante de hacer el amor; lo vas a ver. ¿No serás un hermafrodito, dije yo, como los muchos que se dice que hay que tienen ambos sexos? pues yo, Clonarion, desconocía todavía el tema. ¡Qué va! respondió, soy un hombre de cabo a rabo. Oí contar, decía yo, a la flautista beocia Ismenodora historias locales, que según dicen en Tebas alguien se convirtió de mujer en hombre, y que se trata de un excelente adivino, Tiresias se llama, creo; ¿acaso te ha ocurrido a ti algo así?. No Leena, dijo; yo fui engendrada igual que todas vosotras las demás mujeres, pero mi forma de pensar, mis deseos y todo lo demás lo tengo de hombre. ¿Y tienes suficiente con los deseos?, dije. Si desconfías, Leena, dijo, dame una oportunidad y comprenderás que no necesito para nada a los hombres, pues tengo algo a cambio de la virilidad; ya lo vas a ver. Se la di, Clonarion, pues me suplicaba con insistencia y me regaló un collar de los caros y unos vestidos de los finos. Después yo le iba dando abrazos como a un hombre en tanto que ella no dejaba de actuar y besarme y de jadear y me parecía que su placer era superior al normal.

CLONARION.— ¿Y qué hacía, Leena, y de qué manera? Dímelo antes que nada, que eso es lo que más deseo saber.

LEENA.— No preguntes tan minuciosamente, pues se trata de cosas vergonzosas; así que, por Afrodita, no te lo podría decir.


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miércoles, 28 de mayo de 2014

"Noche de amor, Elegía XV del Libro II", de SEXTO AURELIO PROPERCIO (ROMA, 47 a.d.n.e.-15 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Elegías", de fecha circa 26 a.d.n.e.


¡Oh, feliz de mí! ¡Oh noche para mí resplandeciente! O me felicem! o nox mihi candida! et o tu
Y ¡oh tálamo, dichoso a causa de mis placeres!     lectule deliciis facte beate meis!
¡Cuántas palabras nos contamos a la luz de la lámpara quam multa apposita narramus verba lucerna,
y cuánta lucha hubo cuando fue quitada la luz!     quantaque sublato lumine rixa fuit!
Ya luchaba contra mí con sus pechos desnudos, nam modo nudatis mecum est luctata papillis,
ya se demoraba cubriéndose con la túnica.     interdum tunica duxit operta moram.
Ella abrió con su boca mis ojos que se cerraban de sueño illa meos somno lapsos patefecit ocellos
y dijo: «¿Así yaces, perezoso?».     ore suo et dixit 'Sicine, lente, iaces?'
¡Qué variados abrazos cambiaron nuestros brazos! ¡Y cuánto quam vario amplexu mutamus bracchia! quantum
se demoraron mis besos en tus labios!     oscula sunt labris nostra morata tuis!
No sirve arruinar el acto del amor haciéndolo a ciegas; non iuvat in caeco Venerem corrumpere motu:
por si no lo sabes, en el amor los ojos son los guías.     si nescis, oculi sunt in amore duces.
El mismo Paris, se cuenta, se rindió por la espartana desnuda ipse Paris nuda fertur periisse Lacaena,
cuando ésta se erguía del lecho de Menelao;     cum Menelaeo surgeret e thalamo;
se dice también que, sin ropas, Endimión cautivó a la hermana de Febo nudus et Endymion Phoebi cepisse sororem
y que yació con la diosa desnuda.     dicitur et nudae concubuisse deae.
Pero si persistiendo en tu ánimo te acuestas vestida, quod si pertendens animo vestita cubaris,
una vez desgarrado tu ropaje, tendrás que soportar mis manos:     scissa veste meas experiere manus:
inclusive más, pues si la pasión me lleva más lejos, quin etiam, si me ulterius provexerit ira,
mostrarás a la madre los brazos golpeados.     ostendes matri bracchia laesa tuae.
Los pechos caídos aún no te impiden jugar: necdum inclinatae prohibent te ludere mammae:
que de eso alguna se cuide si le avergüenza haber dado a luz.     viderit haec, si quam iam peperisse pudet.
Mientras nos lo permitan los hados, saciemos los ojos con amor: dum nos fata sinunt, oculos satiemus amore:
ya una larga noche viene para ti y el día no ha de volver.     nox tibi longa venit, nec reditura dies.
¡Y ojalá que, adheridos de este modo, quieras que nos encadenemos atque utinam haerentis sic nos vincire catena
de manera que ningún día nunca nos separe!     velles, ut numquam solveret ulla dies!
Te sirvan de ejemplo las palomas enlazadas en el amor, exemplo iunctae tibi sint in amore columbae,
el macho y la hembra en total connubio.     masculus et totum femina coniugium.
Se equivoca aquel que busca la extinción de un loco amor; errat, qui finem vesani quaerit amoris:
el verdadero amor no conoce límite alguno.     verus amor nullum novit habere modum.
Antes burlará la tierra con falso fruto a quienes aran terra prius falso partu deludet arantis,
y más rápidamente el Sol agitará sus negros caballos     et citius nigros Sol agitabit equos,
y los ríos comenzarán a llevar aguas a su naciente fluminaque ad caput incipient revocare liquores,
y el pez estará árido en seco abismo,     aridus et sicco gurgite piscis erit,
que pueda referir a otra mis angustias; quam possim nostros alio transferre dolores:
seré de ésta mientras viva; de ésta, muerto.     huius ero vivus, mortuus huius ero.
Mas si quisiera concederme tales noches consigo, quod mihi secum talis concedere noctes
inclusive un año de vida me sería largo;     illa velit, vitae longus et annus erit.
si ésta me concediera muchas, en ellas me haría inmortal: si dabit haec multas, fiam immortalis in illis:
en una sola noche, cualquiera puede ser un dios.     nocte una quivis vel deus esse potest.
Si todos ambicionaran correr semejante vida qualem si cuncti cuperent decurrere vitam
y yacer con los miembros pesados a causa del mucho vino,     et pressi multo membra iacerc mero,
no existiría el hierro cruel, ni la nave de guerra, non ferrum crudele ncque esset bellica navis,
ni el mar de Accio agitaría nuestros huesos,     nec nostra Actiacum verteret ossa mare,
ni Roma, tantas veces conmovida entorno por sus propios triunfos, nec totiens propriis circum oppugnata triumphis
estaría cansada, en señal de duelo, de soltar sus cabellos.     lassa foret crinis solere Roma suos.
Estas cosas, por cierto, podrán alabar con razón quienes nos sigan: haec certe merito poterunt laudare minores:
nuestros combates no dañaron a ninguna deidad.     laeserunt nullos pocula nostra deos.
¡Tú, ahora, mientras haya luz, no dejes el fruto de la vida! tu modo, dum lucet, fructum ne desere vitae!
Aunque dieras todos los besos, darías pocos.     omnia si dederis oscula, pauca dabis.
Y así se han desprendido de las marchitas corolas los pétalos ac veluti folia arentis liquere corollas,
que, esparcidos por todas partes, ves nadar en las copas,     quae passim calathis strata natare vides,
así a nosotros que amantes hoy aguardamos lo más grande, sic nobis, qui nunc magnum spiramus amantes,
quizá el día de mañana pondrá fin a nuestras vidas.     forsitan includet crastina fata dies. 

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viernes, 16 de mayo de 2014

"Vivamos, Lesbia mía, amémonos", de CAYO VALERIO CATULO (Roma, 87-57 a.d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Carmina", de fecha siglo I a. d.n.e.
Cayo Valerio Catulo
 s. I a.d.n.e.




Vivamos, Lesbia mía, amémonos



Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
y nunca nos importe un solo as rumoresque senum seueriorum
todo cuanto murmuren los ancianos. omnes unius aestimemus assis.
Los soles que declinan luego pueden Soles occidere et redire possunt:
salir una vez más, pero nosotros,
apenas que decline nuestra luz, nobis, cum semel occidit breuis lux,
tendremos que dormir noche perpetua. nox est perpetua una dormienda.
Entrégame mil besos, después cien, Da mi basia mille, deinde centum,
y, luego ya, otros mil, y cien de nuevo, dein mille altera, dein secunda centum,
otros mil más aún, luego otros cien. deinde usque altera mille, deinde centum.
Después, cuando sumemos muchos miles, Dein, cum milia multa fecerimus,
para ignorar la cuenta la liaremos, conturbabimus illa, ne sciamus,
no nos vaya a aojar un envidioso aut nequis malus inuidere possit,
sabiendo cuántos fueron nuestros besos. cum tantum sciat esse basiorum.

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jueves, 15 de mayo de 2014

ORIGEN DE LOS BESOS EN LA ANTIGUA ROMA, según Plutarco


"EL DERECHO AL BESO" (ius osculi),
de la Antigua Roma.
Tomado de la edición de
Manuel Antonio Marcos Casquero
en: Plutarco.- Cuestiones Romanas.
Madrid, Akal, 1.992


Escena de fresco de Pompeya,
banquete al aire libre,
siglo I d.n.e.
Sabemos que a Plutarco le llamó la atención el hecho de que en Roma sólo acostumbraran a besar las mujeres, aunque restringiendo la costumbre al ámbito familiar. Y cuatro son las explicaciones que de ello propone.

A)   EL BESO SE HABÍA IMPUESTO PARA DESCUBRIR SI LAS MUJERES HABÍAN BEBIDO VINO, cuyo consumo tenían prohibido. El propio Plutarco remonta esta prohibición a los tiempos de Numa. En el paralelismo que establece entre LICURGO y NUMA, 3, podemos leer:

«si bien Numa mantuvo para las casadas todo el respeto y honor con que fueron reconocidas en tiempos de Rómulo con motivo de su rapto (Q.R., 85), les impuso, no obstante, la exigencia de un pudor exquisito; les vedó el ser bulliciosas, las enseñó a ser sobrias y acostumbrólas al silencio; de manera que no probaban absolutamente ni una gota de vino, y en ausencia de sus maridos no hablaban más que lo necesario».

Dionisio de Halicarnaso (Antigüedades Romanas, 2, 25, 6) en cambio, atribuye la prohibición al propio Rómulo, aportando datos muy interesantes. En efecto, si una mujer cometía algún delito, el perjudicado era quien debía actuar como juez e imponer el castigo. Solamente el delito era juzgado por la propia familia: en el caso de adulterio y cuando se descubría que había bebido vino. Y fue el propio Rómulo quien permitió castigar ambas faltas con la muerte.

¿Tan grave se consideraba que la mujer probase el vino? Según Dionisio de Halicarnaso, entre los griegos ello se consideraría apenas una falta mínima; pero Rómulo opinaba que, si el adulterio era el principio de una locura temeraria, el vino, a su vez, era el inductor del adulterio. Por eso, durante mucho tiempo se mantuvo en Roma el más inflexible castigo.

Idéntica es la opinión de Valerio Máximo (2, 1, 5): «Vini usus olim Romanis feminis ignotus fuit, nec scilicet in aliquod dedecus prolaberentur, quia proximus a Libero patre intemperantiae gradus ad inconcessam Venerem ese consueverit».

No sin motivo se empleó con frecuencia el juego fónico «vinus-Venus».

«El uso inmoderado del vino cierra la puerta a todas las virtudes y abre la de todos los vicios», nos dice Valerio Máximo (6,3,9) comentando el castigo ejemplar impuesto por Egnatio Meceno a su esposa bebedora, castigo que, junto con otros, menciona también Plinio (Naturalis Historia., 14, 1): Egnatio Mecceno, al sorprender a su mujer bebiendo de un barril («non licebat vinum feminis Romae bibere»), la mató a latigazos, «eumque caedis a Romulo absolutum».

En los «Anales» de Fabio Pictor leyó Plinio que una matrona fue condenada a morir de hambre porque había abierto un cofrecillo en el que estaban las llaves de la bodega. Y sus propios familiares fueron sus jueces: «a suis inedia mori coactam». Y añade: «POR ESO DICE CATÓN QUE SE BESA A LAS MUJERES: PARA SABER SI HUELEN A VINO».

Cuenta, finalmente, que el juez Cn. Domicio estableció que a toda mujer a la que se descubriera bebiendo más vino que el que beneficia a su salud, y sin saberlo el marido, se le impusiera una multa equivalente a la dote que aportó.

También Aulo Gelio 10,23, se hace eco de la abstinencia forzosa de las mujeres y de que «institutum ut cognatis osculum ferrent deprehendendi causa ut odor iudicium facere si bibisset».

La idea se vuelve a encontrar en Tertuliano (Apologeticus, 6) quien alude también al caso de Meceno.

Aulo Gelio recoge, una vez más, el criterio –cuyo paladín prefigura en Marco Catón- de considerar delitos máximos, todos ellos en la mismalínea, la infamia, el adulterio… y el consumo del vino, siempre que las tres cosas las hicieran las mujeres: «Vir, cum mulier divortium fecit, mulieri iudez pro censore est, imperium quod videtur, habet; si quid perverse taetreque factum est a muliere, multitur; si vinum bibit, si cum alieno viro probi quid fecit,condempnatur».

(…)

(pp. 127-129)

B)   La segunda explicación, muy simplista, busca una base legendaria cuya autoridad atribuye Plutarco a Aristóteles, posiblemente en sus «Instituta Barbarica». No obstante, Plutarco afirma que el relato se halla también en otros autores.

Al abordar el mismo tema, Dionisio de Halicarnaso (Antigüedades Romanas, 1) recoge diferentes opiniones contrastadas de distintos griegos: Cefalón de Gergis, Helánico de Lesbos, Damnates de Sigeo, Calias, etc…, aunque se detiene especialmente en el relato de Aristóteles, el filósofo.

A él vuelve a referirse, sin nombrarlo, en «Moralia»,243 E (Mulierum virtutes 1, Troianae) y «Romulo» 1:

los troyanos han llegado a las costas italianas, en el mar Tirreno, asentándose a orillas del Tíber con el propósito de pasar el invierno. Cansadas de vagar por los mares, las mujeres, encabezadas por una de ellas, llamada Roma, incendian las naves. Asustadas de su intrepidez, salen al encuentro de sus maridos, que acudían presurosos a apagar el fuego, y tratan de aplacarlos con besos y abrazos. Los troyanos, carentes de naves, se ven forzados a asentarse en el Palatino. No tardan en darse cuenta de que les va mejor de lo que esperaban y de que los nativos son benévolos con ellos. En reconocimiento de ello dan al poblado que han levantado el nombre de Roma. Y concluye diciendo en «Rómulo» 1: «DICEN QUE DE ENTONCES VIENE LAPRÁCTICA, AÚN VIGENTE, DE QUE LAS MUJERES SALUDEN CON UN BESO A SUS FAMILIARES Y A SUS PROPIOS MARIDOS, porque así fue como aquéllas recibieron a los hombres después del incendio de las naves, por miedo y por aplacar su ira» (…)

(pág. 131)

C)   PARA DEMOSTRAR QUE TENÍAN MUCHOS FAMILIARES. Simple explicación maliciosa y misógina basada en la supuesta vanidad femenina.

(pág. 131) 

D)  De mayor valor psicológico es la última explicación que ofrece: SE TRATARÍA DE UNA DESCARGA AFECTIVA DE LA PROHIBICIÓN DE CASARSE ENTRE CONSANGUÍNEOS, reduciéndose el contacto al beso.

(pág. 132)


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