Mostrando entradas con la etiqueta Manuel María Flores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel María Flores. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de noviembre de 2018

"Ausencia", de MANUEL MARÍA FLORES (MÉJICO, 1840-1885 d.n.e.)

¡quién me diera tomar tus manos blancas
para apretarme el corazón con ellas,
y besarlas... Besarlas, escuchando
de tu amor las dulcísimas querellas!

¡quién me diera sentir sobre mi pecho
reclinada tu lánguida cabeza,
y escuchar, como enantes, tus suspiros,
tus suspiros de amor y de tristeza!

¡quién me diera posar casto y suave
mi cariñoso labio en tus cabellos
,
y que sintieras sollozar mi alma
en cada beso que dejara en ellos!

¡quién me diera robar un solo rayo
de aquella luz de tu mirar en calma,
para tener al separarnos luego
con qué alumbrar la soledad del alma!

oh! quién me diera ser tu misma sombra
el mismo ambiente que tu rostro baña,
y, por besar tus ojos celestiales,
la lágrima que tiembla en tu pestaña.

Y ser un corazón todo alegría,
nido de luz y de divinas flores,
en que durmiese tu alma de paloma
el sueño virginal de sus amores.

Pero en su triste soledad el alma
es sombra y nada mas, sombra y enojos...
¿Cuándo esta noche de la negra ausencia
disipará la aurora de tus ojos?...


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





jueves, 28 de diciembre de 2017

"Pasión", de MANUEL MARÍA FLORES (MÉJICO, 1840-1885 d.n.e.)


Adam Miller


¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo,
sobre la tierra por doquier me siga...
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.

¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno...
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.

¡Ámame!... Nada soy... pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.

********

Tú pasas... y la tierra voluptuosa
se estremece de amor bajo tus huellas,
se entibia el aire, se perfuma el prado
y se inclinan a verte las estrellas.

Quisiera ser la sombra de la noche
para verte dormir sola y tranquila,
y luego ser la aurora... y despertarte
con un beso de luz en la pupila
.

Soy tuyo, me posees... un solo átomo
no hay en mi ser que para ti no sea:
dentro de mi corazón eres latido,
y dentro de mi cerebro eres idea.

********

¡Oh! por mirar tu frente pensativa
y pálido de amores tu semblante;
por sentir el aliento de tu boca
mi labio acariciar un solo instante
;

por estrechar tus manos virginales
sobre mi corazón, yo de rodillas,
y devorar con mis tremantes besos
lágrimas de pasión en tus mejillas
;

yo te diera... no sé... ¡no tengo nada!...
—el poeta es mendigo de la tierra—
¡toda la sangre que en mis venas arde!
¡todo lo grande que mi mente encierra!

********

Mas no soy para ti... ¡Si entre tus brazos
la suerte loca me arrojara un día,
al terrible contacto de tus labios
tal vez mi corazón... se rompería!

Nunca será... para mi negra vida
la inmensa dicha del amor no existe...
sólo nací para llevar en mi alma
todo lo que hay de tempestuoso y triste.

Y quisiera morir... ¡pero en tus brazos,
con la embriaguez de la pasión más loca,
y que mi ardiente vida se apagara
al soplo de los besos de tu boca
!


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





jueves, 14 de diciembre de 2017

"El último beso", de MANUEL MARÍA FLORES (MÉJICO, 1840-1885 d.n.e.)


Empujé, vacilando como un ebrio
la entrecerrada puerta.
Había en la estancia gentes que lloraban,
y en medio de los cirios funerarios,
ella... ¡mi vida!... muerta.

Pálido mármol que esculpió la muerte
en su mano de hielo,
la hermosura terrestre de la virgen,
del abierto sepulcro, por la entrada
se iluminaba con la luz del cielo.

Llegué, me arrodillé... y aquel gemido
que lanzó mi alma loca
hizo temblar la llama de los cirios...
Después..., no supe más... Un beso eterno
clavó a su frente mi convulsa boca.

Todo el llanto de mi alma, el duelo inmenso,
¡oh niña! de perderte,
estaba en ese beso de la tumba...
—¿Te lo llevó, verdad?—, llegando al cielo,
el ángel de la muerte?


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





lunes, 13 de noviembre de 2017

"Bajo las palmas", de MANUEL MARÍA FLORES (MÉJICO, 1840-1885 d.n.e.)


Edward Hopper: "Mujer al sol"


Morena por el sol de mediodía
que en llama de oro fúlgido la baña,
es la agreste beldad del alma mía,
la rosa tropical de la montaña.

Diole la selva su belleza ardiente;
diole la palma su gallardo talle;
en su pasión hay algo del torrente
que se despeña desbordado al valle.

Sus miradas son luz, noche sus ojos;
la pasión en su rostro centellea,
y late el beso entre sus labios rojos
cuando desmaya su pupila hebrea.

Me tiembla el corazón cuando la nombro;
cuando sueño con ella, me embeleso;
y en cada flor con que su senda alfombro
pusiera un alma como pongo un beso.

Allá en las soledad, entre las flores,
nos amamos sin fin a cielo abierto,
y tienen nuestros férvidos amores
la inmensidad soberbia del desierto.

Ella, regia, la beldad altiva,
soñadora de castos embelesos,
se doblega cual tierna sensitiva
al aura ardiente de mis locos besos.

Y tiene el bosque voluptuosa sombra,
profundos y selvosos laberintos,
y grutas perfumadas, con alfombra
de eneldos y tapices de jacintos.

Y palmas de soberbios abanicos
mecidos por los vientos sonoros,
aves salvajes de canoros picos
y lejanos torrentes caudalosos.

Los naranjos en flor que nos guarecen
perfuman el ambiente, y en su alfombra
un tálamo los musgos nos ofrecen
de las gallardas palmas a la sombra.

Por pabellón tenemos la techumbre
del azul de los cielos soberano,
y por antorcha de himeneo la lumbre
del espléndido sol americano.

Y se oyen tronadores los torrentes
y las aves salvajes en conciertos,
en tanto celebramos indolentes
nuestros libres amores del desierto.

Los labios de los dos, con fuego impresos,
se dicen en secreto de las almas;
después... desmayan lánguidos los besos...
y a la sombra quedamos de las palmas.


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





miércoles, 4 de noviembre de 2015

"Nupcial" de MANUEL MARÍA FLORES (Méjico, 1840-1885 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Pasionarias", de fecha 1874  d.n.e.




En el regazo frío
del remanso escondido en la floresta,
feliz abandonaba
su hermosa desnudez el amor mío
en la hora calurosa de la siesta.
El agua que temblaba
al sentirla en su seno, la ceñía
con voluptuoso abrazo y la besaba,
y a su contacto de placer gemía
con arrullo tan suave y deleitoso
como el del labio virginal opreso
por el pérfido labio del esposo
al contacto nupcial del primer beso.

La onda ligera desparcía jugando
la cascada gentil de su cabello,
que luego en rizos de ébano flotando
bajaba por su cuello;
y cual ruedan las gotas de rocío
en los tersos botones de las rosas,
por el seno desnudo así rodaban
las gotas temblorosas.
Tesoro del amor el más precioso
eran aquellas perlas;
¡cuánto no diera el labio codicioso
trémulo de placer por recogerlas!
¡Cuál destacaba su marfil turgente
en la onda semioscura y transparente
aquel seno bellísimo de diosa!
Así del cisne la nevada pluma
en el turbio cristal de la corriente,
así deslumbradora y esplendente
Venus rasgando la marina espuma!

Después, en el tranquilo
agreste cenador, discreto asilo
del íntimo festín, lánguidamente
sobre mí descansaba cariñosa
la desmayada frente,
en suave palidez ya convertida
la color que antes fuera, deliciosa,
leve matiz de nacarada rosa
que la lluvia mojó. Mudos tus labios
de amor estaban al acento blando;
¿para qué la palabra, si las almas
se estaban en los ojos adorando?
¿Si el férvido latido
que el albo seno palpitar hacía
decíale al corazón.... lo que tan sólo
ebrio de dicha el corazón oía?

Salimos, y la luna vagamente
blanqueaba ya él espacio.
Perdidas en el éter transparente
como pálidas chispas de topacio
las estrellas brillaban ...,las estrellas
que yo querido habría
para formar con ellas
una corona a la adorada mía.
En mi hombro su cabeza, y silenciosos
porque idioma no tiene los dichosos,
nos miraban pasar estremecidas
las encinas del bosque, en donde apenas
lánguidamente suspiraba el viento,
como en las horas del amor serenas
dulce suspira el corazón contento.

Ardiente en mi mejilla de su aliento
sentía el soplo suavísimo, y sus ojos
muy cerca de mis ojos, y tan cerca
mi ávido labio de sus labios rojos,
que rauda y palpitante
mariposa de amor el alma loca,
en las alas de un beso fugitivo
fue a posarse en el cáliz de su boca...
¿Por qué la luna se ocultó un instante
y de los viejos árboles caía
una sombra nupcial agonizante?
El astro con sus ojos de diamante
a través del follaje ¿qué veía?...
Todo callaba en derredor, discreto.

El bosque fue el santuario
de un misterio de amor, y sólo el bosque
guardará en el recinto solitario
de sus plácidas grutas el secreto
de aquella hora nupcial, cuyos instantes
tornar en siglos él recuerdo quiso...
¿Quién se puede olvidar de haber robado
su única hora de amor al Paraíso?


Leer más poemas de este autor en el blog BESOS.

Enlace recomendado:
Volver a la página principal





miércoles, 16 de abril de 2014

"El beso del adiós", de MANUEL MARÍA FLORES (Méjico, 1840-1885 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Pasionarias", de fecha 1874  d.n.e.

Manuel M. Flores
Era el instante del adiós, callaban,
y  sin verse las manos se estrechaban
                  inmóviles los dos.
         Almas que al separarse se rompían,
temblando y sin hablarse se decían:
“he aquí el instante del postrer adiós”. 

         Doliente como el ángel del martirio
ella su frente pálida de lirio
                tristísima dobló;
quiso hablar, y el sollozo comprimido
su pecho desgarró con un gemido
que el nombre idolatrado sofocó.

          Y luego con afán, con ansia loca
tendió sus manos y apretó su boca
               a  la frente de él.
         Fue un largo beso trémulo. .. ., y rodaba
de aquellos ojos  que el dolor cerraba
copioso llanto de infinita hiel.

      Él lo sintió bañando sus mejillas,
y  cayó conmovido de rodillas. . .
               Sollozaban los dos…     
          Y  en un abrazo delirante presos
confundieron sus lágrimas, sus besos,
y se apartaron. . .  sin decirse adiós.

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





"En el jardín", de MÁNUEL MARÍA FLORES (Méjico, 1840-1885 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Pasionarias", de fecha 1874  d.n.e.

Manuel M. Flores
Ella estaba turbada y sonreía,
Él le hablaba en la sombra a media voz;
Sólo estaba el jardín, y la algazara
Del baile se escapaba del salón.
 
Al través de las hojas las estrellas
Lanzaban temblorosas su fulgor…
Yo no sé cómo fue; mas, sin pensarlo,
Se encontraron los labios de los dos.

Y encontrarse los labios cariñosos
De dos que se aman con inmenso amor,
Es sentir que dos almas, que dos vidas,
Se confunden en una, y van a Dios…

¡Sonrisa de mujer, tú eres aurora!
¡Beso de la mujer, tú eres un sol…!
¡Qué dulces son tus besos, vida mía!
¡Qué hermoso es el amor!

Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





"Primer beso", de MANUEL MARÍA FLORES (Méjico, 1840-1885 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Pasionarias", de fecha 1874d.n.e.

Manuel M. Flores
La luz de ocaso moribunda toca
del pinar los follajes tembladores;
suspiran en el bosque los rumores
y las tórtolas gimen en la roca.

Es el instante que el amor invoca,
ven junto a mí; te sostendré con flores,
mientras roban volando los amores
el dulce beso de tu dulce boca.

La virgen suspiró; sus labios rojos
apenas, "¡Yo te amo!" murmuraron,
se entrecerraron lánguidos los ojos,

los labios a los labios se juntaron
y las frentes bañadas de sonrojos,
al peso de la dicha se doblaron.



Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal





"Un beso nada más", de MANUEL MARÍA FLORES (Méjico, 1840-1885 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Pasionarias", de fecha 1874  d.n.e.

Manuel M. Flores
Bésame con el beso de tu boca,
cariñosa mitad del alma mía,
un sólo beso el corazón invoca,
que la dicha de dos me mataría.

¡Un beso nada mas!...Ya su perfume
en mi alma derramándose, la embriaga;
y mi alma por tu beso se consume
y por mis labios impaciente vaga.

¡Júntese con la tuya!...Ya no puedo
lejos tenerla de tus labios rojos...
¡Pronto!... dame tus labios... tengo miedo
de ver tan cerca tus divinos ojos!

Hay un cielo mujer, entre tus brazos;
siento de dicha el corazón opreso...
¡Oh! sostenme en la vida de tus brazos
para que no me mates con un beso!


Enlace recomendado:
 
Volver a la página principal