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domingo, 9 de junio de 2019

50 TIPOS DE BESOS, SEGÚN LA NOMENCLATURA Y USOS MÁS POPULARES.

Señala Alain Montandon ("El beso. ¿Qué se esconde tras este gesto cotidiano?". Madrid: Siruela, 2007, pp. 13-14):
« ¿Qué es un beso? ¿Un juego muscular de los labios o una caricia adorable, esa sublime embriaguez que produce una boca almibarada, como canta Verlaine en sus versos?
"¡El beso! ¡Rosa trémula del jardín de las caricias!
Vivo acompañamiento sobre el teclado de los dientes,
dulce estribillo que el Amor canta en los corazones ardientes..."

¿No resulta sorprendente, al mismo tiempo que maravilloso, el hecho de que un simple contacto labial traduzca, con un realismo de tal intensidad, los más secretos movimientos de nuestra alma, nuestras sensaciones más esquivas, además de nuestros sentimientos, todos ellos de una diversidad y la variabilidad infinitas?
Ante todo, el beso es sensibilidad física: un contacto entre dos epidermis que tiene el don de hacer existir, de iluminar y de satisfacer la consciencia. Pone en relación el sabor del otro con la voluptuosidad. Pero este hecho táctil se debe entender, sin duda alguna, no sólo desde un sentido estricto, sino, también e igualmente, en sentido figurado. La sensibilidad del corazón se estremece después de esta clase de contacto, el cual, sin ser puramente simbólico, es un lenguaje muy elocuente. Al igual que las lágrimas, los gestos, los suspiros o los sollozos, el beso forma parte de una semiología sentimental, con una gama muy rica de matices que se presta a múltiples ambivalencias, menosprecios, malentendidos y confusiones.

No siempre se sabe con certeza si el beso se da o se acepta ("por Dios, señorita, no se enfade; si este beso la hace sentirse incómoda, devuélvamelo"). Si es ternura o es mordedura. Parece muy cierto que darlo requiere sensibilidad. Y, además, resulta verdaderamente paradójico el hecho de que este tipo de contacto material sea capaz de evocar un "tacto inmaterial" (Verlaine).

Los romanos solían distinguir entre tres clases de besos: los 'oscula' que eran los besos amistosos, los 'basia', besos propios del afecto y del amor, y, finalmente, los 'suavia', los besos característicos de la pasión carnal. Sin embargo, una categorización de semejante naturaleza se encuentra muy lejos de ser exhaustiva. Porque, a este respecto, se pueden señalar clases de besos como el de la madre, el del amante, el beso del amigo, el beso que se da o se recibe durante las ceremonias, los besos de saludo y de homenaje, y los besos que se distribuyen en el curso de diferentes tipos de juegos, además de una infinita variación de los mismos que va desde la indiferencia de un gesto mecánico hasta el abandono voluntario y recíproco, a la unión íntima (y tan íntima que quienes venden su cuerpo dicien siempre 'yo no beso', dando a entender, por medio de tal expresión, que el beso es el lugar en el que se escenifica la comunicación más profunda, la más personal e íntima de todo el cuerpo). Se besa, asimismo, todo lo que es sagrado: el altar, la estola, las reliquias, las imágenes, el umbral de los templos, la rodillas para implorar algo (rodillas a las que se atribuye un misterioso poder y que Plinio explicaba por una especie de vacío que hay en ellas). Se da el último beso a los muertos, se besa la mano del abuelo, se besa en vacaciones y se es besado hasta por los impostores. Cada beso es un mundo a explorar, a comprender y a saborear».



Por tanto, es evidente que la lista es muy larga y posiblemente nunca completa. De ahí que consideramos la lista que ofrecemos como una lista abierta de tipos de besos, fundamentalmente sexuados. Helos aquí:

001. Beso 'buenos días'.
Besar muy suavemente todo el cuerpo, de manera intermitente, alternando caricias y juegos con la nariz, cuando el amado está todavía durmiendo, sirviendo para despertarlo lo más dulcemente posible.

002. Beso del ángel.
Besar muy suavemente encima del párpado o justo al lado de los ojos, solo con los labios.

003. Beso años 50, hollywoodense o beso presión.
Consiste en cerrar la boca, apretar los labios y mover la cabeza a derecha e izquierda, como las estrellas del cine en blanco y negro y de esta época de los 50, o como los niños cuando quieren imitar a los mayores.

004. Beso broche.
Uno de los dos rodea con sus labios los de su pareja atrapándolos e introduciendo la punta de la lengua suavemente en la boca del otro.

005. Beso celebración.
Beso intenso, de duración insospechada, que se da en los labios, recreando todo tipo de posibilidades ante un público de cómputo incierto, con motivo de la celebración de algún acto (boda, cumpleaños o aniversario, ganar algún concurso o premio, etc.).

006. Beso coital.
Uno de los dos introduce su lengua en la boca del otro y la mueve como sí fuera coital.

007. Beso culebra.
Uno de los dos recorre con besos la oreja, el cuello, el pecho, el vientre... del otro

008. Beso champán/ cerveza/ wishky...
Uno mantiene en su boca el contenido de una copa de champán, que compartirá escanciando su contenido al besar al otro. Sirve con cualquier bebida.

009. Beso chupetón.
Beso en el cuello en el que, tras una succión suficiente, deja una marca morada en el mismo, quedando marcado el amado como una res. Es propio de adolescentes, queriendo reafirmar que se tiene un enamorado capaz de hacerle esa marca y más. Es una variante brusca del 'beso en el cuello'

010. Beso dedos.
Cuando uno acerca un solod edo (el ídice) o dos (índice y corazón) a los labios del otro, tras haberlos besado previamente, y los lanza hacia el enamorado, que está a distancia, o directamente los posa en los labios del otro.

011. Beso dedal.
Beso insinuante que se lanza a distancia, consistente en chuparse el dedo índice, y dejarlo caer lentamente por la comisura de los labios. Es un preludio erótico.

012. Beso dónuts.
Los dos colocan los labios como si fueran a decir "o" y los chocan mientras emiten el ruido característico. Beso propio de amigos.

013. Beso en el cuello.
Beso ligero, insinuante, dado en el cuello, y que suele provocar un ligero escalofrío. Suele emplearse como preámbulo.

014. Beso en el lóbulo de la oreja.
Beso que se desarrolla en varias fases: la del jadeo y susurro en la oreja, con ligero roce; la del juego de la lengua dentro de la cavidad de la oreja; la del mordisqueo del lóbulo y chupeteo del mismo. ETodas sus fases provocan escalofríos muy excitantes.

015. Beso en escorzo.
Beso dado cuando dos personas están mirando hacia el mismo lugar, una delante de la otra, y el que está delante gira sólo la cabeza, en escorzo, hacia el de atrás, y es besado.

016. Beso en la comisura o beso contacto.
Beso ligero en parte de la comisura de los labios y en parte en la mejilla, propio de quien desea pero no se atreve, o de quien quiere ver si se puede llegar a más...

017. Beso en la frente.
Besar en la frente es un acto emocional que intenta trasladar afecto, seguridad, consuelo. Es una de las mejores muestras de cariño que hay, pues suele ir acompañado de un abrazo.

018. Beso esquimal.
No se utilizan los labios, sino que se frotan las puntas de la nariz.

019. Beso explorador.
La lengua explora por toda la cavidad bucal y más allá...

020. Beso filipino.
Se acaricia el rostro de la otra persona con la nariz mientras se da un suave beso en la boca.

021. Beso francés.
Beso con mucha saliva y penetración de la lengua.

022. Beso frutal.
Se muerde una fruta dulce y se da un beso, de manera que el otro pueda sentir el sabor de la fruta (o cualquier producto alimenticio: bombones, nata...) Es una variante del beso champán.

023. Beso fugaz.
Se rozan ligeramente los labios.

024. Beso grapa.
Uno toma entre sus labios el labio inferior del otro y lo estira.

025. Beso griego.
Besar, lamer y acariciar el ano con la boca y la lengua.

026. Beso hambriento.
Cuando desbordado de pasión uno muerde el labio inferior (eso sí, sin apretar demasiado, que hace mucho daño).

027. Beso hélice.
Uno sujeta la barbilla del otro con la mano y la gira para besarle la boca mientras desplaza suavemente la cabeza a los lados.

028. Beso hilillo.
Uno coloca los labios entre los suyos, los chupa suavemente y después tira de ellos, quedando un hilillo de saliva que sigue manteniendo unidos a los dos amantes por un instante.

029. Beso húmedo.
Uno introduce su lengua dentro de la boca del otro empapándose de su saliva. Variante del beso francés, sin juego de lengua.

030. Beso ímpetu.
Estando en una conversación, uno de los amantes no puede reprimir besar a la otra persona, con lo cual, el amante que no puede sufrir más este estado se acerca impetuosamente al otro, o lo acerca bruscamente a él, y le besa.

031. Beso ladeado.
Las cabezas de los dos se inclinan en direcciones opuestas y en esta postura se produce el beso.

032. Beso lagarto.
Hacer chasquear la lengua dentro y fuera de la boca del otro con movimientos cortos y rápidos.
033. Beso lluvia o palpitante.
Ráfagas de besitos que van cubriendo zonas de la cara hasta el cuello.

034. Beso en la mandíbula.
Besar firmemente la parte inferior de su mandíbula, justo donde se encuentra la barbilla con el cuello. Si responde bien la otra persona, se recomienda dibujar un camino de besos por la mandíbula hasta alcanzar la oreja.

035. Beso mariposa.
Acercarse al otro y juntar las puntas de las pestañas. Luego, parpadear muy deprisa, provocando un aleteo de pestañas, como las alas de una mariposa. Es el beso más tierno que se suele dar a los hijos.

036. Beso muahhhh.
Beso intenso, duradero, con emisión de ruido. Una variante es el que nos daban nuestras abuelas, repitiendo el sonido muahhh varias veces, sin soltar el trozo de mejilla donde lo iba repitiendo. Luego cambiaba de mejilla y hacía lo mismo. Es uno de los besos más familiares y tiernos.

037. Beso on the rocks.
Se introduce un cubito de hielo en la boca y se besa al otro por todas las partes del cuerpo. Este proceso tiene variantes, pudiendo ser cualquier líquido, fruta o utensilio que se crea preciso.

038. Beso perfilador.
Comienza con un beso normal y luego la lengua perfila los labios de la otra persona por fuera, para acabar introduciéndose en la boca.

039. Beso piquito.
Leve contacto de labios.

040. Beso en retaguardia
Más que por la técnica, se caracteriza por la forma de abordar al otro, agarrándolo por la espalda, girándole el cuello y alcanzando la boca por el lado, forzando suavemente el mentón y el cuello para sumar más pasión al beso. Es más agresivo y forzado que el beso en escorzo.

041. Beso roce.
Los labios deben tocar los del otro con delicadeza y de manera sucinta, casi como un amago. Incitará a más.

042. Beso sierra.
Uno atrapa y deja deslizar la lengua entre los dientes.

043. Beso Spiderman.
Besar a alguien que tiene el rostro del revés, por lo que su labio superior está en contacto con el labio inferior del otro, y viceversa.

044. Beso submarinista.
Beso con lengua tan largo que puede asfixiarte. Variante del beso francés, demasiado forzado

045. Beso succionador.
Tomar entre los labios el labio inferior del otro para introducirlo en la boca, mientras se ejerce un ligero movimiento de succión, jugando con él, sin ruido ni brusquedad.

046. Beso tapante o de acople.
Uno besa el labio superior del otro, mientras el otro besa el labio inferior del primero.

047. Beso tiburón.
Cuando besando..., inesperadamente se muerde la lengua del otro.

048. Beso tirabuzón.
Uno enreda la lengua del otro en la suya, mientras el otro hace lo propio inmediatamente.

049. Beso de tornillo.
O de rosca, porque las dos lenguas se enroscan, en un juego de excitación previa. Variante más brusca que la del beso tirabuzón.

050 Beso vaca.
El amante pasa la lengua por la mejilla de su pareja, como si le diera una lametada.

051. Beso vampiro.
Beso profundo en el cuello con el que se chupa o se muerde la piel. Variante del beso chupetón, pero aquí prima fundamentalmente el mordisqueo.

052. Beso ventosa.
Uno cierra los labios fuertemente, y al besar los abre rápidamente con un sonido similar al que se produce al descorchar una botella champán. Es parecido al beso muahhh, pero de una sola intensidad.

053. Beso volador.
Se lanza un beso a través del aire con la palma de la mano.

054. Beso viajero.
Beso intermitente que va desplazándose por todas las zonas del cuerpo, recreándose sobre donde encontrar su asentamiento último.

(continuará).
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miércoles, 11 de octubre de 2017

"Del beso y el amor", en "Crónica de Don Mexiano de la Esperanza, Caballero de la Fe", de MIGUEL DAZA (ESPAÑA, s. XVI d.n.e.)

fragmento perteneciente al libro "Crónica de Don Mexiano de la Esperanza, Caballero de la Fe", de fecha 1583  d.n.e.




«Así naturalmente alcancó uno de los fines y no el menos procurado del amor, según dicen [Ambrosiusl es transformarse el un amante en el otro, el que ama, porque hablemos más claro, en la cosa amada, y emprimir hermosura en ermosura según algunos dizen [Platon, Fedro, e De amor] para d'esta manera hacer que se conserbe la hermosura en la especie, ya que no se puede conserbar en el indibiduo. Y como para este trueque e junta son menester las visagras y lacos que los bayan juntando, buscan los amantes partes por donde más se comuniquen, no sólo lo que es corporal, mas aún lo spiritual y digno qu'es el alma. Y como la boca no sólo es dulce y tierna por fe del cuerpo, mas juntamente por ella salen aquellas palabras y anélito que son [***] como vestiglios del alma; y con aquel toque no sólo se muebe a dulcísimos deleites de amor, más juntamente siente avrirse una puerta a las almas de los dos amantes, las cuales traídas por un deseo de juntarse, la una con la otra, y así por allí se traspasan y trasportan por su beces conformes, y tan vien la una en el cuerpo de la otra; y de tal manera se enbuelben en uno que cada cuerpo de entramos queda con dos almas y casi un ánima compuesto de las dos gobierna y rige dos cuerpos. Y por esto el beso es ayuntamiento no sólo del cuerpo, mas también del alma; y como tal es deseado de los que se aman, porque mediante él se hace aquella junta que en casos de amor es tan deseada.

-O, prima, mil cosas por vida suya le preguntaría sino que noto que luego se me mete en unas filosofías que, aunque son verdaderas y agudas, son punosas para en conbersación tan llana como la que tratamos, que en mi berdad que me a contentado la racón estrañamente, mas es menester para vien entendella un comento, como Aley de Sulpicio; y aquí entre nosotras más llaneca y menos agudeca bastaría. [...]

-Ca, ca, mi señora Belisandra, no más que parece que baya a sangrar ella la respuesta. Pasemos con él vien adelante y diga vuestra gracia que más pasaron en la escalera.

-Pues a fe que pone el autor, -dixo Belisandra-, un entremés de amor vien gracioso, que puso allí y, aunque gasta el contallo tres o cuatro capítulos; y fue que como así un ratico estuviesen abracados los amantes gocando de aquella gloria que por el beso se les comunicaba, trabados en las manos, se quedaron así asentados en el escalera mirándose el uno al otro por más de dos oras de espacio.

-Prima mía, -dijo Lacerisa-, perdóneme lo que le dixe denantes y por vida suya, ¿qué es la causa d'essos raptos y suspensión en los amantes? Que a mí paréceme que tras tal cossa con quien vien quisiesse, que en parlar o en otras cosas pasaría el tiempo mío en estarme así cerca [***] mirando a quien vien quiero.

-Pues me torna, vuestra gracia, a mandar que haga lo que no es de mi facultad. [...] Sólo diré, y si fuere prolixa vuestra gracia me dirá [***], y así para saber lo que vuestra gracia desea se á de suponer que amor no es otra cossa, según la difinición de los sabios antiguos, sino un deseo de goçar lo que es hermoso; y porque el deseo nunca codicia sino lo que conoce, es necesario que el conocimiento sea siempre primero qu'el deseo; el cual naturalmente ama lo que es bueno [...]. Dios á ordenado la cosa d'esta manera: que cada virtud, cuyo oficio es conocer, tenga por conpañera otra virtud, cuyo oficio es codiciar; y porque en nuestra alma ay tres formas de conocer, es, a saber, por el sentido, por la racón, por el entendimiento, del sentido nace el apetito, el cual es común a los hombres y a las vestías; de la racón nace la eleción, que es propia del hombre; y del entendimiento, por el cual puede el hombre participar en los ángeles, nace la boluntad, de manera que, como el sentido no conoce sino cosas sensibles, así tanbién el apetito no codicia sino las mismas; y así como el entendimiento no tiene ojo sino a las cosas inteligibles, así la boluntad no alcanca otro mantenimiento sino los bienes del spíritu. El honbre de natura racional, puesto como medio entre estos dos estremos, puede, [...] inclinándose al sentido o lebantándose al entendimiento, llegarse a los deseos agora de una parte, agora de otra; pues supuesto esto, igual objeto del amor es lo hermoso, aquella hermosura que se contenpla en el rostro de una dama o en las buenas partes de un caballero, lo cual todo demana de Dios, así en estas como en todas las demás criaturas estendiéndose sobre todas ellas como los claros rayos del sol [...]. Pues como el sentido conoce aquello que su objeto, qu'es lo corporal y sensible, biene luego el apetito a desear aquella cosa corporal por el sentido conocida; y como el entendimiento pasa a las cosas espirituales deseando estar de ellas a la boluntad, biene la racón con una tuerca de amor a confirmar estos dos estremos [...]. Un día que en la cosa amada el sentido y el entendimiento alien sus objectos y [***] siguiente el apetito y la boluntad, y con una complacencia que el alma tiene de haber aliado tan agradable objecto está mantiniendo la boluntad de las cosas spiritualiçadas y el apetito de las sensibles, que tiene presentes, y con esto enpleado el alma con el deseo de la trasformación se suspende y arroba de suerte que cesan todas las operaciones que no sea aquello y así está el alma como si dixésemos en una gloria de amor, goçando de aquel mantenimiento para ella tan sabroso; y ésta es la causa del estarse suspensos los amantes, obrando solas las almas y zesando las conjúrales operaciones que la pueden estorbar.

-A fe, prima mía, -dijo Laucerisa-, que es muy buena la racón, mas algunas réplicas se me ofrecen, mas quiéralas dejar por no enfadalla». (ff. 102r-v).


Lucía Megías, José Manuel (ed.). Antología de libros de caballerías castellanos. Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2001, pp. 325-327.


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domingo, 8 de octubre de 2017

"Capítulo V: El Jardín Perfumado" de JEQUE NEFZAQUI (ABU ABDULLAH MUHAMMAD BEN UMAR NAFZAWI) (TURQUÍA, siglo XV d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "El jardín perfumado, para el deleite del corazón", de fecha 1535  d.n.e.



Capítulo Cinco.


...No te unas con una mujer sin antes haberla excitado con caricias y juegos eróticos, y entonces el placer será recíproco.

Es aconsejable que se estimulen mutuamente antes de que introduzcas tu dekeur (pene) en la keuss (vagina). Excítala besando sus mejillas, chupando sus labios y mordisqueando sus senos.

Besa su ombligo y sus muslos y apoya una mano provocativamente sobre su pubis. Muerde sus brazos, y procura no olvidar ninguna parte de su cuerpo. Tenla cerca de ti hasta que ella sienta tu deseo, suspira y enlaza y piernas con los suyos.

Como dijo el poeta:

"Bajo su cuello, mi mano derecha
le sirve como almohada
y mi mano izquierda
la acaricia para llevarla al lecho".

Cuando estés con una mujer y veas que sus ojos languidecen y ella suspira profundamente, es decir, cuando ella desee hacer el amor, deja que ambas pasiones se mezclen y que la lujuria alcance su punto más alto; ése es el momento favorable para el verdadero goce.

Tu mujer experimentará entonces mayor placer, por eso también tu amor será mayor y ella se aferrará a ti. Se ha dicho que:

"Cuando escuches a una mujer suspirar profundamente,
y veas enrojecerse sus labios y orejas,
y languidecer sus ojos; entreabrirse su boca
y sus movimientos hacerse más lentos;
cuando la veas inclinarse como si fuera a dormirse
y bostezar con frecuencia, has de saber
que éste es el momento indicado para el coito.
Si la penetras entonces, el placer será supremo,
que sin duda proporciona el mayor placer a ambos
y ésta es la mejor garantía de que el amor perdurará".

Los siguientes preceptos provienen de un conocedor del arte del amor, y son bien conocidos:

"Tu mujer es como un fruto que sólo rinde su fragancia
cuando se le frota con las manos.
¿No es verdad que la albahaca no da su perfume
a menos que la calientes con los dedos?
¿O que el ámbar, a menos que se le caliente y manipule,
retiene su aroma oculto en su interior?
Lo mismo ocurre con tu mujer.
Si no la animas con travesuras y besos,
con mordiscos en los muslos
y fuertes abrazos,
no obtendrás lo que deseas.
No experimentarás placer cuando ella comparta tu lecho,
y tampoco ella sentirá afecto hacia ti
".

Se cuenta que un hombre, al interrogar a una mujer sobre qué cosas eran las más apropiadas para inspirarle afecto por un hombre, recibió la siguiente respuesta:

"Las cosas que desarrollan amor por el coito
son aquellos juegos eróticos practicados con anterioridad
y el abrazo vigoroso en el momento de la eyaculación.
Créeme, los besos, los mordiscos, el paladeo de los labios,
las caricias en los senos y el beber de la saliva
cargada de pasión... aseguran un afecto perdurable.

Al actuar de ese modo, las dos eyaculaciones
se producen al tiempo y el goce es completo para ambos.
Si ademas entra en acción el “jadeba”
no podrá concebirse mayor placer.
Si las cosas no ocurren de ese modo,
el placer de tu mujer será incompleto y, si sus deseos
no se satisfacen y su “jadeba” no entra en acción,
ella no sentirá amor por su compañero.
Pero cuando el “jadeba” funciona,
sentirá el más violento amor por su amante,

aún cuando se trate del hombre más feo de la Tierra.
Intenta eyacular con ella al mismo tiempo,
pues en ello radica el secreto del amor".

Uno de los poetas más famosos que han hablado del alma y los secretos de las mujeres, relata la siguiente confidencia femenina:

"Oh, vosotros, hombres que buscáis el amor y el afecto
de las mujeres, retozad antes de la cópula.
Preparadla para el goce y no olvidéis nada para ese fin.
Conocedla por cuanto hace y, mientras la amáis,
borrad de vuestra mente cualquier otro pensamiento.
No permitáis que el momento propicio al placer
pase inadvertido: esto sucederá cuando veáis
sus ojos húmedos y su boca entreabierta.
Uníos entonces, pero nunca antes.
Por tanto, hombres, cuando hayáis conducido
a vuestra mujer a la condición favorable,
dadle vuestro “dekeur”, y si os movéis adecuadamente,
ella alcanzará un placer que satisfará todos sus deseos.
No dejéis aún su pecho y que vuestros labios vaguen
por sus mejillas y vuestra espada repose en su vaina.
Tratad ardientemente de excitar su “jadeba”
y así vuestro trabajo será dignamente recompensado.
Si gracias al Todopoderoso, lográis el éxito,
tened cuidado de no retirar vuestro “dekeur”.
Dejad que que permanezca y apure la copa del placer.
Prestad atención y escuchad los suspiros y quejas
y murmullos de tu mujer, pues ellos dicen la intensidad
del placer que le habéis proporcionado.
Y cuando el cese del goce ponga fin a vuestra unión amorosa,
no os levantéis bruscamente.
Retirad vuestro “dekeur” lentamente,
y permaneced con ella yaciendo sobre vuestro costado
en este lecho del placer.
De este modo, todo saldrá bien, y no seáis como aquellos
que montan a una mujer como lo haría un mulo,
sin conceder atención a los principios del arte,
retirándose y aseándose tan pronto como han eyaculado.
Algo tan burdo privará a tu mujer de todo placer
".

Para resumir, el verdadero conocedor del arte de hacer el amor no deberá omitir ninguna de mis recomendaciones, puesto que de su observancia depende la felicidad de su mujer.

¡Alá ha hecho todo esto para que seamos mejores!

"Soy el primero de tus esclavos.
Al llegar la noche,
iré a tenderme junto a tu lecho…
dulce, muy dulcemente."


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lunes, 11 de septiembre de 2017

"Yo prefiero un hombre joven para hacer el amor", de JEQUE NEFZAQUI (ABU ABDULLAH MUHAMMAD BEN UMAR NAFZAWI) (TURQUÍA, siglo XV d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "El jardín perfumado, para el deleite del corazón", de fecha 1535  d.n.e.




Capítulo II.


Yo prefiero un hombre joven para hacer el amor;
que sea todo coraje y que tenga una sola ambición,
que su miembro sea fuerte para desflorar a una virgen,
que sea ricamente proporcionado en todas sus dimensiones
y que tenga una cabeza ardiente como un brasero.
Enorme, como no hay otro en la creación;
fuerte y duro, con su cabeza redondeada.
Preparado siempre para la acción y que ésta no decaiga;
que nunca duerma, debido a la violencia de su amor;
que suspire para entrar en mi keuss
y que se derrame en mi vientre;
que no pida ayuda y no requiera de nadie;
que no tenga necesidad de un aliado
y que permanezca solo en sus fatigas,
que nadie pueda dudar de sus esfuerzos.
Que lleno de vigor y vida se sostenga en mi keuss;
que su trabajo allí sea constante y espléndido.
Primero por delante y luego por detrás;
que su presión sea enérgica y vigorosa;
que roce su cabeza en la entrada de mi keuss.
Que acaricie mi espalda, mi vientre y mis caderas;
que bese mis mejillas y luego muerda mis labios.
Que me abrace y me lleve a su lecho;
que me tenga entre sus brazos como su amada,
y que cada parte de mi cuerpo reciba su amor;
que me cubra de besos encendidos
y me encienda con su mirada.

Que abra mis muslos y bese mi keuss
y ponga su dekeur en mi mano
para que toque en mi puerta.
Sé que pronto estará dentro de mí, gozándome.
Me tomará e iluminará mis ojos.
Oh, mi hombre sobre todos los hombres,
el que me da placer.
Oh, alma de mi alma, eres como el viento arrasador.
Has jurado por Alá que me tomarás durante setenta noches
y se que desearás que te abrace y te abrace durante todas ellas.


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lunes, 21 de agosto de 2017

"La alfombrilla de los goces y los rezos", de LI YU (CHINA, 1611-1680 d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "La alfombrilla de los goces y los rezos", de fecha 1657  d.n.e.



CAPÍTULO III.


... Véspero fue a visitar a un comerciante en arte y le compró un álbum de exquisitas imágenes del palacio de primavera hechas por la mano del académico Zhao Mengfu de la dinastía Yua. Había en total treinta y seis estampas que seguían los versos del poema Tang En los treinta y seis palacios todo es primavera. Llevó el álbum a casa y lo dejó en el dormitorio con la intención de mirarlo juntos para lograr que Esencia de Jade comprendiera que el acto sexual no es una cosa uniforme, sino que adquiere multitud de formas para nuestro placer.

—Este libro muestra que las técnicas de que te hablé no fueron inventadas por mí, sino que en tiempos remotos ya las practicaban los antiguos. Te he traído estos modelos a manera de respuestas a unos exámenes para demostrar lo que digo.

Cuando cogió el álbum de sus manos, Esencia de Jade no tenía la menor idea del tema que trataba, pero supuso que contenía paisajes o pinturas florales. Al abrirlo, vio que las dos primeras páginas llevaban un título en letras mayúsculas: IMÁGENES DEL PALACIO HAN. «En el palacio Han habría muchas mujeres virtuosas», pensó, «y estos deben de ser sus retratos; veamos qué aspecto tenían para haber sido capaces de hacer las cosas virtuosas que hicieron».

Pero cuando volvió la página, llegando así a la tercera, y vio a un hombre y a una mujer copulando completamente desnudos encima de una piedra ornamental, se le arrebolaron las mejillas y montó en cólera:

—¿De dónde has sacado algo tan pernicioso? El mero hecho de su presencia es suficiente para contaminar los aposentos de una señora. ¡Haré que la criada se lo lleve inmediatamente y lo queme!

Véspero alargó la mano para contenerla.

—Este es un ejemplar raro que vale cien taels y que le pedí prestado a un amigo. Si puedes permitirte el lujo de pagárselo, quémalo. Si no puedes, te ruego que lo dejes y me permitas gozarlo un día o dos antes de devolvérselo.

—¡Si quieres perfeccionar tu mente, hazlo contemplando caligrafías o pinturas famosas! ¿Qué sentido tiene mirar esta clase de álbum frívolo?

—Si este álbum fuera frívolo —respondió Véspero—, el artista no habría pintado estas imágenes ni el coleccionista habría pagado una suma enorme para comprarlo. Precisamente porque se trata del tema más serio desde la mismísima Creación, los artistas han elegido pintarlo, montarlo en seda, ponerlo a la venta en tiendas de arte, y conservarlo en bibliotecas... con el único propósito de aconsejarle a la posteridad sobre los modelos de conducta acertados. De lo contrario, con el correr del tiempo, se perdería gradualmente todo conocimiento del fortalecimiento recíproco del yin y el yang, maridos y esposas se rechazarían entre sí, cesaría la reproducción y, por último, se extinguiría la humanidad. No lo pedí prestado para mirarlo a solas, sino para hacer que comprendieras que este principio es el que posibilita concebir y dar a luz, y también para evitar que te veas desencaminada por un padre puritano, con lo que nunca podrás tener hijos. ¿Por qué te alteras tanto?

—Sencillamente, porque no creo que esta conducta sea respetable. Si lo fuera, ¿por qué los antiguos que establecieron nuestro código moral no hicieron que la gente lo practicara abiertamente a la luz del día, delante de otros? ¿Por qué insistieron en que se hiciera en privado, en secreto y en plena noche, en lugares oscuros, como si fuéramos ladrones? Eso demuestra que no es respetable.

Véspero se echó a reír.

—No puedo reprocharte estas opiniones. La culpa es de tu padre por mantenerte encerrada de puertas adentro sin que una amiga experimentada te hablara del sexo. Por tal motivo eres abismalmente ignorante. Tú piensas que soy el único hombre del mundo con estas inclinaciones, y que todas las mujeres del mundo son tan puritanas como tú, y que nunca lo hacen a la luz del día y se empeñan en esperar hasta la noche. No aciertas a comprender que todas las parejas lo hacen a la luz del día y que, cada vez que lo hacen, son francos al respecto y dejan que los demás se enteren. Dime una cosa: si los hombres y las mujeres no lo hicieran a la luz del día, ¿cómo supo de estas técnicas el artista? ¿Cómo pintó tan excelsamente las figuras, dotándolas de tanta vida que nos excitamos con sólo mirarlas?

—Bien, mis padres también son marido y mujer. ¿Por qué no lo hacen a la luz del día?

—¿Cómo sabes que no?

—Si lo hicieran, sin duda alguna vez los habría sorprendido mientras lo hacían. ¿Cómo explicar que en mis quince años de vida nunca me haya dado cuenta? Nunca he visto ni oído nada.

Véspero soltó una carcajada estruendosa.

—¡Mi pobre alma bendita! Los niños son los únicos que no ven ni oyen lo que ocurre a su alrededor. ¡No hay una sola criada ni un sirviente que no lo sepa! Cuando tus padres quieren hacerlo, esperan a que tú estés en otro sitio para echar el cerrojo a la puerta. Temen que, si los ves, tus deseos sexuales se vean estimulados y empieces a desfallecer por un amante y caigas en un estado de depresión; por eso te engañan. Si no me crees, pregúntale a la criada de tu madre si lo hacen o no en las horas diurnas.

Esencia de Jade meditó un momento.

—A menudo cierran su puerta durante el día para echar una siesta, y supongo que entonces podrían hacerlo. ¡Pero la sola idea es tan perturbadora! Tú mirándome, yo mirándote... ¿Cómo podríamos hacerlo así?

—Es diez veces más gozoso con luz, y lo más maravilloso es que, justamente cuando nos miramos el uno al otro, nos excitamos de verdad. Sólo hay dos tipos de parejas que nunca tendrían que hacerlo a la luz del día; pero, salvo estos, todo el mundo debería hacerlo.

—¿Cuáles son esas parejas?

—Un marido feo casado con una mujer hermosa y una esposa fea casada con un hombre apuesto.

—¿Y por qué ellos no pueden hacerlo a la luz del día?

—Nuestro goce depende de tu amor por mí y de mi amor por ti, además de la interacción de nuestras fuerzas vitales y vasos sanguíneos. Si la esposa tiene la piel blanca como la nieve, suave y delicada, una piel como el jade pulido a la perfección, cuando su marido le quita la ropa y la estrecha contra su pecho, estará todo el tiempo mirándola y, naturalmente, su excitación se multiplicará por diez, y lo que tiene entre las piernas automáticamente se endurecerá, se pondrá más rígido, más grueso, más largo. Pero imagina que la esposa vea que su marido parece un ogro, con la piel oscura y basta. Mientras él tenga la ropa puesta, ella no lo notará, pero cuando él se haya desnudado, su fealdad será plenamente visible. En realidad, no podrá ocultarse. Más aún, producirá tal contraste con la piel de ella, blanca como la nieve, que aquello que habría parecido meramente feo se verá horrendo. ¿No crees que ella reaccionará con asco? Y su asco se le notará en la voz y en la cara y, cuando el marido lo note, la dureza y la rigidez de lo que tiene entre las piernas automáticamente se ablandará, y el grosor y la largura mermarán. Lejos de obtener placer, se sentirá humillado. Le habría ido mucho mejor haciéndolo de noche, momento en el que podría haber ocultado sus defectos.

»Esto en cuanto a la esposa hermosa casada con un hombre feo. Al marido apuesto casado con una mujer fea le ocurre exactamente lo mismo y no es necesario que hablemos de ello. Sea como fuere, por eso digo que sólo hay dos tipos de parejas que no deberían hacerlo durante el día. Pero en el caso de parejas como tú y yo, igualmente blancos, rosados, suaves y delicados, si no obtenemos nuestro placer a la luz del día y nos mostramos nuestros cuerpos, escondiéndonos bajo la ropa de la cama y buscándonos a tientas en la oscuridad, ¿acaso no estamos escondiéndonos nuestros méritos, tal como hacen las parejas feas? Si no me crees, hagamos la prueba y comparemos el placer que extraemos con el que gozamos de noche.

Para entonces Esencia de Jade estaba casi convencida, aunque no dispuesta a reconocerlo. Sin embargo, un brillo rosado sofocó sus mejillas y apareció en sus ojos un destello sensual.

«Comienza a mostrar algo de interés», pensó Véspero. «Yo tenía pensado empezar enseguida, pero esta es la primera vez que se han despertado sus deseos y su apetito no está aún lo bastante desarrollado. Si se lo dejo probar ahora, será como un hambriento al ver la comida: la engullirá sin escena».

Véspero acercó un butacón, se sentó, puso a Esencia de Jade sobre sus rodillas, luego abrió el álbum y le mostró una imagen tras otra. Este álbum se diferenciaba de otros porque en la primera página de cada hoja contenía la estampa erótica, y en el dorso aparecía un comentario sobre ella. La primera parte del comentario explicaba la actividad pintada, mientras el resto alababa la habilidad del artista. La autoría de todos los comentarios se debía a escritores famosos.

Véspero dijo a Esencia de Jade que tratara de imaginarse a sí misma en el lugar de las personas allí representadas y que tratara de concentrarse en sus expresiones para poder imitarlas más adelante.

Mientras ella miraba las imágenes, él leía en voz alta los comentarios:

Pintura número uno. Posición: «Liberación de la mariposa en busca de fragancia». La mujer abre sus piernas y el hombre lleva el pincel de jade a su vagina y lo mueve de un lado a otro buscando el corazón de la flor. En el momento representado, la pareja sólo está en los comienzos y aún no ha alcanzado el éxtasis, de modo que ambos tienen los ojos abiertos de par en par y su expresión no se diferencia mucho de la normal.

Pintura número dos. Posición: «Dejando que la abeja haga miel». La mujer está echada de espaldas sobre la colcha de brocado, en el lecho, abrazándose a sí misma con las manos, y con las piernas en alto para salir al encuentro del pincel de jade y mostrándole al hombre la localización del corazón de la flor para que él no arremeta al azar. En el momento representado, la expresión de la mujer es casi voraz, mientras el hombre parece tan alterado que el observador siente ansiedad por él. El arte supremo en su momento más travieso.

Pintura número tres . Posición: «El pájaro perdido retorna al bosque». La mujer se inclina hacia atrás en el diván bordado con la piernas en el aire, aferrando las nalgas del hombre y orientándolas directamente hacia abajo. Ella parece haber entrado en el estado de éxtasis y teme perderlo. La pareja está en el momento de mayor esfuerzo y muestra una vitalidad extraordinaria. Esta escena tiene la maravillosa calidad de «pincel volador y tinta danzante».

Pintura número cuatro. Posición: «El caballo hambriento corre al pesebre». La mujer yace en el diván con los brazos alrededor del hombre como si quisiera limitar sus movimientos. Mientras él sostiene las piernas de ella sobre sus hombros, todo el pincel de jade penetra en la vagina, sin dejar nada fuera. En el momento representado, se encuentran en el instante de la eyaculación; están a punto de cerrar los ojos y de tragar cada uno la lengua del otro, siendo sus expresiones idénticas. El arte supremo, sin lugar a dudas.

Pintura número cinco. Posición: «Los dos dragones que luchan hasta caer». La cabeza de la mujer reposa al lado de la almohada y sus manos caen lánguidas, derrotadas, blandas como la seda floja. La cabeza del hombre reposa junto al cuello de ella, lánguido todo su cuerpo, también blando como la seda floja. Ella ha alcanzado el clímax y su alma está en un tris de volar en sueños de futuro. Es un estado de calma después de una actividad febril. Sólo sus pies, que no han bajado y siguen apoyados en los hombros de él, transmiten algún indicio de actividad, lo que lleva al observador a comprender su éxtasis y pensar en unos amantes sepultados juntos.

Cuando Esencia de Jade llegó a esta página, sus deseos sexuales estaban en plena ebullición y ya no podía dominarlos. Véspero volvió la página y estaba a punto de mostrarle la siguiente imagen cuando ella apartó el libro y se levantó.

—¡Vaya libro! —exclamó—. Hace que una se sienta turbada con sólo mirarlo. Léelo tú si quieres. Yo voy a echarme.

Véspero la tomó en sus brazos.

—Corazoncito, hay más imágenes muy buenas. Mirémoslas juntos y luego vayamos a echarnos.

—¿No tienes tiempo mañana? ¿Por qué tienes que terminarlo hoy?

Véspero sabía que Esencia de Jade estaba excitada, y la abrazó y la besó. Cuando la besaba con anterioridad, intentaba introducirle la lengua en la boca, pero los dientes de ella, firmemente apretados, se lo impedían. En consecuencia, después de más de un mes de matrimonio, ella aún no conocía su lengua. Pero en esta ocasión, en cuanto él le tocó los labios, esa lengua blanda y penetrante de alguna manera traspasó los dientes y entró en su boca.

—Corazoncito, no es necesario usar el lecho —dijo Véspero—. ¿Por qué no hacemos de este butacón nuestra piedra e intentamos imitar la pintura del álbum? ¿Qué me dices?

Esencia de Jade fingió encolerizarse.

—¡La gente no hace esas cosas!

—Tienes razón, la gente no las hace. ¡Las hacen los inmortales! ¡Seamos inmortales un rato!

Véspero alargó la mano y le desató el cinturón. El corazón de Esencia de Jade estaba bien dispuesto, aunque no sus palabras, y se limitó a colgarse del hombro de él sin ofrecer resistencia. Al quitarle los pantalones, Véspero notó una gran mancha de humedad en los hondillos, provocada por las secreciones de Esencia de Jade mientras miraba las imágenes. Véspero se quitó sus pantalones y la llevó al butacón, donde la hizo sentarse con las piernas separadas. Luego insertó su pincel de jade en la vagina, antes de quitarle la ropa que le cubría el busto.

Te preguntarás que por qué no empezó por la parte superior y fue bajando, en lugar de quitarle primero los pantalones. Tienes que entender que Véspero era un amante experimentado. De haberle quitado primero la ropa de arriba, pese a la excitación, ella habría seguido cohibida y planteado todo tipo de pretextos esquivos. Por eso él decidió adoptar en primer lugar la posición clave y dejar que cayera después en sus manos el resto del territorio, estrategia que en términos militares se corresponde con la de apoderarse del líder rebelde y destrozar su fuerte. De hecho Esencia de Jade no planteó resistencia, sino que le dejó soltar sus brazaletes de oro, desatarle el fajín de seda y despojarla del resto de la ropa, incluidas las prendas interiores y la banda del pecho, todo salvo los escarpines.

¿Por qué le quitó todo salvo los escarpines? Tienes que entender que a una mujer puede quitársele todo lo que lleva puesto, pero no los escarpines. ¿Por qué? Porque estos cubren las ataduras de los pies, y cuando las mujeres se atan los pies se ocupan de que la parte inferior se vea pulcra, pero dejan la parte superior descuidada y por ende poco atractiva. Más aún, en última instancia, los pies diminutos necesitan un par de pequeños escarpines encima si han de ser atractivos. Sin ellos serían tan desagradables a la vista como una flor sin hojas a su alrededor, y por tal motivo Véspero, astutamente, se los dejó puestos.

Después de desnudarla, él mismo se quitó hasta la última prenda y, luego, en pleno orden de batalla, separó los diminutos pies de Esencia de Jade y, colocándolos a los costados del butacón, empujó su pincel de jade y empezó a llevarlo a izquierda y derecha en el interior de la vagina, buscando el corazón de la flor, como en la primera imagen. Poco después, Esencia de Jade abrió los brazos y presionó hacia abajo en el asiento, forzando gradualmente a la vulva hacia arriba, al encuentro de la arremetida del pincel de jade. Si este iba a la izquierda, ella se movía a la izquierda para recibirlo; si iba a la derecha, se movía en este sentido. De pronto el pincel de jade llegó a un punto en el que le produjo una sensación, algo entre un dolor agudo y un escozor desmedido, sensación a la que no podía renunciar, pero que le resultaba insoportable.

—Mantenlo ahí —le dijo a Véspero—. No sigas empujando si no quieres matarme a puñaladas.

Véspero conoció que había llegado al corazón de la flor y la obedeció, concentrando sus fuerzas en el ataque a ese único lugar. Abandonó sus tácticas de diversión y poco a poco puso en juego todas las técnicas que conocía, acometiendo más rápido y profundamente que antes. Después de unos centenares de arremetidas, percibió que ella movía instintivamente las manos para aferrarle los muslos y hacerlos bajar, con fuerzas que había sacado no se sabe de dónde. Antes, Esencia de Jade había imitado a plena conciencia la imagen erótica, pero este movimiento era una reacción no intencionada de la que no se daba cuenta.

Aparentemente, era algo que estaba incluso más allá de la capacidad del álbum en sus representaciones.

Para estar en igualdad de condiciones, Véspero abrió los brazos y empujó las nalgas de ella hacia él. Se sorprendió al encontrarlas empapadas en mares embravecidos, resbaladizos como el aceite e imposibles de aferrar. «La excitación de Esencia de Jade está en su punto culminante», pensó Véspero. «En justicia, ahora tendría que dificultarle las cosas, pero dado que esta es la primera vez que rompe su ayuno vegetariano, tengo que dejarla comer hasta que se harte a fin de que adquiera el gusto por la carne, antes de comenzar a aplicar mis métodos de adiestramiento del halcón».

Véspero le levantó los pies y los acomodó sobre sus hombros, le rodeó con sus brazos la esbelta cintura y hundió la espada hasta la empuñadura. Ahora el pincel de jade parecía más grande que nunca y llenaba toda la vagina sin dejar el más mínimo resquicio. Después de varios cientos más de arremetidas, notó que los ojos chispeantes de su esposa estaban vidriados, y sus guedejas en desorden. Daba la impresión de estar quedándose dormida.

Véspero le dio un par de suaves palmadas.

—Corazoncito, sé que estás a punto de correrte, pero este butacón es más bien incómodo. Acabemos en el lecho.

Esencia de Jade, que estaba en el momento crítico, temió que si se movían él sacara el pincel de jade y que su placer fuera breve. Además, sentía tan doloridos y débiles los miembros que tampoco habría podido moverse, ni siquiera para ir hasta la cama. Por eso al oír la sugerencia de su marido, cerró los ojos y meneó la cabeza.

—¿Es porque no puedes moverte, corazoncito?

Ella asintió.

—Yo tampoco puedo separarme de ti Deja que te lleve.

Véspero apretó los brazos alrededor de su cintura y la alzó con la lengua de ella todavía en la boca y su pincel de jade todavía en la vagina. Luego, embistiendo mientras andaba, en la posición de «Contemplando las flores a lomos de caballo», la llevó a la cama, donde la depositó atravesada.

A continuación cogió una almohada para colocársela bajo la cintura, le apoyó las piernas y empezó de nuevo. Tras otros centenares más de acometidas, repentinamente Esencia de Jade gritó:

—¡Queridísimo, no puedo más! —lo apretó muy ceñidamente y comenzó a murmurar incoherencias como un agonizante en los últimos estertores.

Véspero comprendió que ella había soltado su esencia y apretó el pincel de jade contra el corazón de la flor y, con las piernas de ella agitándose en el aire, lo amasó con todas sus fuerzas hasta eyacular al mismo tiempo.

Después de dormir un rato abrazados, Esencia de Jade despertó.

—Queridísimo, acabo de morirme. ¿Lo sabías?

—¿Cómo podía ignorarlo? Pero esto no se llama morir, sino correrse.

—¿Por qué se llama correrse?

—Los hombres tienen esencia masculina y las mujeres esencia femenina y, cuando llegan al clímax del placer, sueltan sus esencias. Pero, inmediatamente antes, todo el cuerpo, incluyendo la piel, la carne y los huesos, todo se ve abrumado por una languidez sensual y la mente se nubla como cuando uno está quedándose dormido. En ese momento emerge la esencia, y eso significa correrse. Esto aparecía en la quinta pintura del álbum. Tú lo viste, de modo que entiendes lo que quiero decir.

—Y, según tú, ¿se puede volver a la vida después de correrse? ¿No se muere una realmente?

—El hombre y la mujer se corren cada vez que lo hacen. La esencia de algunas mujeres emerge con mucha rapidez y hay algunas que se corren docenas de veces, mientras el hombre se corre una sola vez. ¡A eso le llamo yo placer! ¡Claro que no mueres!

—Por un placer como el que acabo de experimentar estaría dispuesta a morir. ¡Y pensar que ni siquiera tengo que morirme! En tal caso, a partir de ahora me correré todos los días y todas las noches.


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domingo, 13 de agosto de 2017

"La túnica de Bahlul el bufón que quiso poseer Hamdonna, la hija del Califa" de JEQUE NEFZAQUI (ABU ABDULLAH MUHAMMAD BEN UMAR NAFZAWI) (TURQUÍA, siglo XV d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "El jardín perfumado, para el deleite del corazón", de fecha 1535  d.n.e.




... [El califa] le regaló una túnica de seda, bordada con hilos de oro. Bahlul se la puso y se dirigió a su casa, pero antes de llegar pasó por delante del palacio del gran Visir, cuya esposa, Hamdonna, hija del Califa, estaba asomada a una ventana de sus aposentos.

La joven le dice a su negrita:

—¡Por Alá, el Dios de las tempestades de la Meca, que aquí viene Bahlul con una túnica bordada en oro!

—¿Qué podría hacer para conseguirla?

—¡Oh!, ama mía –respondió la negrita–, jamás lograreis esa prenda.

Pero Hamdonna dijo:

—Ya he imaginado una estrategia para conseguir que me la dé.

—Ama mía, Bahlul es muy astuto. La gente cree que puede burlarse de él, pero es él quien se burla de los demás. Abandona ese deseo, y no vayas a salir burlada de tus burlas.

—¡Es preciso que lo intente! –exclamó Hamdonna.

Y envió a la negrita a Bahlul, invitándole a visitarla. Él aceptó de inmediato. Después de haber hecho servir un refrigerio, la esposa del Gran Visir le dijo:

—No sé cómo he tenido este antojo, pero deseo que te quites esta túnica y me la regales.

—Oh, ama mía– respondió Bahlul–, he hecho juramento de regalarla a aquella que haga conmigo lo que una mujer hace con un hombre.

—¿Cómo? –gritó ella– ¿Sabes lo que dices, Bahlul?

—¿Que si lo sé? Yo instruyo a los demás en las delicias que se pueden proporcionar a una mujer. Yo les enseño a acariciarlas, satisfacerlas. Ningún hombre conoce mejor que yo el arte de las delicias del amor.

Hamdonna era considerada una belleza perfecta, de cuerpo maravilloso y formas armoniosas. El hombre que la contemplaba perdía la cabeza. Por esto Bahlul, durante la entrevista, mantenía los ojos fijos en el suelo.

—¿Qué precio pides?

Él respondió.

—El acoplamiento.

—¿Sabes qué es esto, Bahlul?

—Sé que ningún hombre conoce mejor que yo a las mujeres. Todos mis pensamientos han estado siempre dedicados al amor, a la posesión de mujeres hermosas. Yo curo a las enfermas de amor, les doy consuelo en su seno sediento de caricias.

Hamdonna quedó sorprendida por estas palabras y el dulce tono de voz, y contestó:

—No sabía que fueras maestro en arte del amor.

(...)

Mientras Hamdonna escuchaba se acercó para examinar el miembro de Bahlul, y al ver que estaba erecto como una columna entre sus muslos, el deseo se apoderó de ella. Y decía para sí: ¡Quiero entregarme a este hombre! Pero pronto se corregía y murmuraba en su interior: ¡No, no quiero! ¡No quiero!

Pero mientras vacilaba entre estos dos impulsos internos, el diablo hizo nacer en ella el deseo, y también la idea de que si Bahlul se ufanaba de esta victoria amorosa, nadie daría crédito a sus palabras.

Por tanto, ella le pidió que se quitara la túnica y pasara con ella al dormitorio.

Pero él replicó:

—No me quitaré la túnica hasta que haya satisfecho mi deseo.

Entonces Hamdonna se levantó, se desató el cinturón y temblando por la excitación, le invitó a que la siguiera.

Bahlul fue tras ella, mientras pensaba: ¿Sueño o estoy despierto?

Y entró en el dormitorio. En un diván de seda, ella se recostó y levantando sus ropas, dejó al descubierto sus muslos y toda su belleza quedó en los brazos de Bahlul.

Bahlul examinó el vientre de Hamdonna, redondo como una cúpula elegante; luego posó sus ojos sobre su ombligo, que era como una perla en una copa dorada; luego, más abajo, encontró unas piezas hermosas labradas por el Supremo artesano, unos muslos blancos y tersos.

Sin poder contenerse ya, la envolvió en un abrazo apasionado, y sintió cómo el rubor coloreaba sus mejillas y desfallecía. Ella, perdiendo la cabeza, sostenía el miembro de Bahlul entre sus manos, excitándolo y encendiendio su fuego más y más.

Bahlul le preguntó:

—¿Por qué te veo tan inquieta a mi lado?

Y ella le contestó:

—Tómame, yo soy como una yegua en celo, excítame con tus ardientes palabras. Hazme sentir como una mujer que se incendia, con tus palabras y tus versos.

Bahlul le preguntó:

—¿Entonces no soy como tu esposo?

—Sí –le contestó ella–, pero una mujer se enciende por causa de los hombres, igual que una yegua goza por un caballo. Si el hombre es el esposo o no ¿cuál es la diferencia? Sin embargo, la yegua sólo goza en ciertas épocas del año, mientras que una mujer puede siempre encenderse por las palabras del amor. Todo esto lo siento en mí, y como mi esposo está ausente, gózame, que él volverá pronto.

Entonces Bahlul le dijo:

—Oh, mi señora, me duele la espalda si estoy montado sobre ti. Toma mi lugar y entonces la túnica será tuya.

Entonces la colocó sobre sí, en esa posición en que la mujer recibe al hombre; ya que su dekeur estaba firme como una columna.

Hamdonna tirando de Bahlul, tomó su miembro entre sus manos y comenzó a mirarlo. Se asombró por su tamaño, fortaleza y consistencia, y le dijo:

—Ésta es la ruina de todas las mujeres y la causa de muchos problemas. ¡Oh Bahlul! ¡Nunca ví un dardo más hermoso que el tuyo! Y mientras decía esto, los labios de su vagina parecían decir: “Oh dekeur, ven a mí”.

Entonces Bahlul metió su dekeur en la keuss de la hija del Califa, y ella, completamente perdida le dijo:

—¡Cuán lasciva ha hecho Alá a la mujer, y cuán infatigable en sus placeres! –y luego, cual si fuera una danza, se empezó a mover, hacia la derecha y a la izquierda, hacia adelante, hacia atrás; nunca había bailado de ese modo.

La hija del califa continuó su paseo sobre el dekeur de Bahlul hasta que llegó la culminación del disfrute, el cual ambos saborearon con avidez.

Luego Hamdonna, tomando el miembro lo sacó lentamente, diciendo:

—Éste es el dekeur de un hombre verdadero –a la vez que lo secaba con un pañuelo sedoso y rosa.

Bahlul se levantó dispuesto a irse, pero ella le dijo:

—¿Y la túnica?

Él le contestó:

—¿Por qué, señora? ¿Usted ha gozado, y todavía quiere un presente?

—Pero –le dijo ella–, tú me dijiste que no podías montarme por el dolor de tu espalda.

—En realidad importa poco, pero –dijo Bahlul–, la primera vez fue su turno, ahora el segundo será el mío, y ese será el precio que pagará por la túnica, y entonces me iré.

Hamdonna pensó: “Que él se coloque ahora sobre mí, y así se irá”.

Luego se recostó, pero Bahlul le dijo:

—Yo no me acostaré contigo a menos que accedas a desvestirte por completo.

Entonces ella, se fue quitando su ropa hasta quedar completamente desnuda. Bahlul quedó deslumbrado al ver la belleza y perfección de su cuerpo.

Miró sus magníficos muslos y la copa de su ombligo, la redondez de su vientre, sus senos firmes y espléndidos cual si fueran un par de jacintos. Su cuello de gacela, el anillo de su boca, sus labios frescos y rojos. Sus dientes podían haber sido tomados por un manojo de perlas, y sus mejillas, por rosas. Sus ojos eran negros y soñadores, y sus cejas de ébano parecían el adorno trazado por la mano de un artista. Su frente era como una luna llena en la noche.

Bahlul la comenzó a abrazar, mordió sus labios y besó sus senos; luego continuó hasta llegar a sus muslos. Siguió besando todo su cuerpo, hasta que la sintió desfallecer y ver cómo sus ojos se entornaban. Besó su keuss, y ella no lo rechazó. Miró apasionadamente las partes íntimas de Hamdonna, un espectáculo tan hermoso del cual no podía apartar la mirada.

Bahlul exclamó:

—¡Oh, la tentación de los hombres! Y la siguió mordiendo y besando hasta que su deseo fue imposible de contener. Se aceleranon sus ansias, y ansiendo su dekeur lo hizo desaparacer en el keuss de su amada.

Ahora fue él quien llevaba el movimiento, y era ella quien le respondía apasionadamente. El clímax les llegó al mismo tiempo, calmando sus anhelos.

Fue Bahlul el que ahora sacó su dekeur, y lo secó. Se disponía a retirarse, cuando Hamdonna le dijo:

—¿Dónde está la túnica? ¿Te estás burlando de mí, oh Bahlul?

Él le contestó:

—Oh mi señora, únicamente me separaré de ella con la siguiente condición. Usted ha ejercido primero sus derechos, luego, yo los míos; ahora es el turno de la túnica.

Y diciendo esto, colocándola sobre el diván, la tomó nuevamente. Después, sacó su dekeur, le entregó la túnica y se marchó.

Luego, Hamdonna llamó a su negrita, la cual le dijo:

—Ama mía, no creas que has ganado. Bahlul es un malvado, y tú no has podido engañarle. La gente piensa que puede burlarse de él, pero Alá sabe que es él quien se burla de ellos. ¿Por qué no me crees?

—No me aburras con tontas observaciones –respondió la hija del Califa–. Lo que ha pasado tenía que pasar. Pues a la entrada de la gruta de cada mujer está escrito el nombre del hombre que allí entrará, para bien o para mal, para el amor o para el odio. Pues, ¿no dijo el Profeta que Alá controla el destino de todos los seres vivos de la tierra? Si el nombre de Bahlul no hubiera estado escrito a la entrada de mi gruta, no habría entrado, aunque me hubiese dado como regalo todo el universo con lo que encierra adentro.

Mientras estaban ambas conversando, llamaron a la puerta.

—¿Quién es? –preguntó la negrita.

—Soy yo –contestó la voz de Bahlul.

Hamdonna se espantó, pues ignoraba las intenciones del bufón.

La negrita le preguntó qué deseaba y él contestó:

—Quiero un poco de agua. Tengo demasiada sed para ir a buscarla más lejos.

La negrita abrió la puerta y le dio un cántaro de agua. Bahlul bebió y luego dejó resbalar el cántaro de entre sus manos, de modo que se rompió en el suelo. Entonces la negrita cerró de golpe la puerta y Bahlul se sentó delante de la misma.

Poco después, cuando llegó el gran Visir, le vio y le preguntó:

—¿Por qué estás aquí, Bahlul?

Y él respondió:

—Oh mi señor, pasaba por esta calle cuando de pronto sentí una sed apremiante. Vino una negrita y me dio un cántaro de agua, pero este cayó al suelo y se rompió. Entonces mi ama Hamdonna tomó en pago la túnica que nuestro Señor el Califa me había dado como recompensa por mi poema.

—¡Que le devuelvan su túnica! –exclamó el Gran Visir.

Hamdonna, al oír la voz, abrió la puerta y su marido le preguntó si era cierto que le había quitado la túnica a Bahlul por haber roto el cántaro.

Entonces Hamdonna apretó los puños y gritó:

—¿Qué has hecho, Bahlul?

Y el bufón le contestó:

—Yo he hablado con tu marido el lenguaje de mi locura; habla tú con él el lenguaje de tu prudencia.

Encantada por la delicadeza mostrada por Bahlul, la joven le devolvió la prenda y él se marchó de allí.

"Cuando desciende la noche, mi amada
me ofrece el terciopelo negro de su cabellera
y el botón en rosa de sus senos…
y mis ansias encienden mi deseo.
"


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viernes, 21 de julio de 2017

"¡Oh, esa ambrosía que bebo de ti!", de JEQUE NEFZAQUI (ABU ABDULLAH MUHAMMAD BEN UMAR NAFZAWI) (TURQUÍA, siglo XV d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "El jardín perfumado, para el deleite del corazón", de fecha 1535  d.n.e.




Capítulo I.


"¡Oh, esa ambrosía que bebo de ti,
esas caricias que recorren tu vientre,
esos besos que mi boca resecan...
Dame los diamantes de tus lágrimas,
las perlas de tu sonrisa
y los rubíes de tus labios, porque…
yo ya estoy impregnado de la sed de tu cuerpo!"


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sábado, 7 de junio de 2014

"Tipos de besos de sexo oral, Libro II, Capítulo 9, de KAMA SUTRA", de VATSYAYANA MALLANAGA (INDIA, ss. I-VI a.d.n.e.)

Fragmento perteneciente al libro "Kama Sutra", de fecha ss. I-VI a.d.n.e.

El KAMA SUTRA, además de los tipos de besos que refleja en el LIBRO DOS, CAPÍTULO TRES (NÚMERO 9) [vid.: Vatsyayana Mallanaga.- Kama Sutra (versión íntegra y anotada de Wendy Doniger y Sudhir Kakar), Madrid, Edaf, 2005, pp. 135 y ss.], contempla otros que sirven para hacer sexo oral. 

En el LIBRO DOS, CAPÍTULO 9 (NÚMERO 19), EL KAMASUTRA [vid.: Vatsyayana Mallanaga.- Kama Sutra (versión íntegra y anotada de Wendy Doniger y Sudhir Kakar), Madrid, Edaf, 2005, pp. 161 y ss.] nos ilustra con 8 modalidades de beso haciendo sexo oral, que sumados a los 15 que reflejamos en nuestra entrada "Tipos de besos, Libro II, Capítulo 3, de KAMA SUTRA", de VATSYAYANA MALLANAGA (INDIA, ss. I-VI a.d.n.e), conseguiremos una suma de 23 tipos de besos.
              Dice así el texto: 

12El sexo oral incluye ocho modalidades consecutivas: 13“ocasional”, “mordisqueo lateral”, “pinzas exteriores”, “pinzas interiores”, “beso”, “frotamiento”, “sorber el mango” y “tragar”. 14A medida que concluye cada una, el individuo da muestras de querer dejarlo, 15pero cuando termina con una caricia, el hombre le pide que continúe con la siguiente.  


1.    BESO ORAL OCASIONAL.

16En la caricia “ocasional” toma el miembro viril con la mano, lo introduce en su boca, moviéndolo hacia adelante y hacia atrás.  

2.    BESO ORAL DE MORDISQUEO LATERAL.

17Le retira el prepucio [haciendo un puño] con la mano, golpetea sus lados con los labios, cuidando de no dañarle con los dientes, y lo mortifica diciéndole: “Ya no quiero seguir”. A esto se llama “mordisqueo lateral”. 

3.    BESO ORAL PINZAS EXTERIORES.

18Cuando el hombre le apremia a que siga, el otro cierra la boca presionándole el glande con sus labios y besándole como si quisiera alargarlo. Esto recibe el nombre de “pinzas exteriores”. 

4.    BESO ORAL PINZAS INTERIORES.

19Él le pide que continúe y le introduce el miembro más profundamente en la boca; entonces le aprieta el glande y, seguidamente, se lo retira. 

5.    BESO ORAL.

20Cuando le coge el miembro en su mano y lo acaricia con sus labios, se llama “el beso”. 

6.    BESO ORAL DE FROTAMIENTO.

21Si después de esto lo lame enteramente con la punta de la lengua, es el “frotamiento”. 

7.    BESO ORAL “SORBER LA FRUTA DEL MANGO”.

22Cuando teniendo introducido el miembro a medias en la boca, y dejándose llevar por el arrebato de la pasión, lo presiona una y otra vez fuertemente con los labios, es el “sorber la fruta del mango”. 

8.    BESO ORAL “TRAGAR”.

23Cuando él le pide que le presione con los labios todo el miembro hasta alcanzar el orgasmo, se llama “tragar”.


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