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jueves, 10 de febrero de 2022

Glosa: "Si osase decir mi boca", ANÓNIMA (ESPAÑA (S. XVI, d.n.e.)


Si osase decir mi boca
lo que siente el alma mía,
señora, tocar querría
donde la camisa os toca.

No es mucho no tener tasa
este temor de perderos,
pues, señora, en el quereros
de la misma suerte pasa:
desde el chapín a la boca
os adora el alma mía,
y sólo tocar querría
donde la camisa os toca.

Si os viese yo, mi señora,
y sin camisa os tocase,
y otro bien no desease
aquesta alma que os adora,
y entonces ojos y boca
tocase la boca mía,

lo demás yo tocaría,
donde la camisa os toca.

Siento yo extrañamente
de ver que os está tocando,
y con morir deseando
lo que ella goza y no siente;
pues diferencia hay poca
de su tocadura y mía,
señora, tocar querría
donde la camisa os toca.






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lunes, 10 de enero de 2022

"Soneto: Cierta señora se soñó durmiendo", ANÓNIMO (ESPAÑA, Siglos de Oro)


Cierta señora se soñó durmiendo
que su querido amor tenía en la cama,
y para mitigar no sé qué llama,
enzima se quería andar poniendo.

Subió, metiolo, diole lengua y, viendo
el amorosso fuego que le ynflama,
para cobrar buen crédito y más fama,
juega de lomos esto le diziendo:

“¿Qué me hazes, mi vien, que assí me saue?
¿Vienes comigo? Mira que te aguardo.
Dámelo. Apara, apara. Agora, agora”.

Y estando en este gusto más suave,
hiruió el puchero y derramóse el caldo,
y almidonósse en valde la señora.





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viernes, 31 de diciembre de 2021

"Gentil caballero", ANÓNIMO (ESPAÑA, S. XVI, d.n.e.)

Poema perteneciente a la lírica tradicional castellana.




Gentil caballero,
dédesme hora un beso,
siquiera por el daño
que me habéis fecho.

Venía el caballero,
venía de Sevilla,
en huerta de monjas
limones cogía,
y la prioresa
prendas le pedía:
siquiera por el daño
que me habéis fecho.



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viernes, 10 de diciembre de 2021

"El vulgo comúnmente se aficiona", soneto ANÓNIMO (ESPAÑA, siglo XVI, d.n.e.)


El vulgo comunmente se aficiona
a la que sabe que es donzella y moça,
porque assi le pareze al que la goça
que le coge la flor de su persona.

Yo para mi mas quiero una matrona
que con mil artificios se remoza,
y por gozar de aquel que la retoza
una hora de la noche no reposa.

La donzella, nada haze de su parte,
quando la goçan, cosa que aproveche,
ni se menea ni da los dulces besos;

mas la otra lo haze de tal arte
y amores os dira, que miel y leche
convierte las medulas de los huesos.






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sábado, 20 de febrero de 2021

"Perdida traigo la color", ANÓNIMO del Cancionero de la Lírica Tradicional (ESPAÑA, Edad Media).


Perdida traigo la color:
Todos me dicen que lo he de amor.

Viniendo de la romería
encontré a mi buen amor;
pidiérame tres besicos,
luego perdí la color.
Dicen a mí que lo he de amor.

Perdida traigo la color:
Todos me dicen que lo he de amor.





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martes, 14 de enero de 2020

"Vieja canción inglesa", de autor ANÓNIMO (INGLATERRA)

Ni un beso... ni siquiera una sonrisa
he de pedirte yo.
Con la dicha de un beso de tus labios
no ha soñado jamás mi corazón.

¿Sabes tú lo que quiero, lo que ansío
En mi amoroso afán?
Sólo besar el aire embalsamado
que con sus alas te besó al pasar.




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viernes, 10 de enero de 2020

"Soñaba yo, señora, y fue mi sueño", ANÓNIMO (ESPAÑA, s. XVI)

Soñaba yo, señora, y fue mi sueño
que estábamos los dos como señores
en un vergel fresquísimo de flores,
durmiendo sin licencia de su dueño.

Llegó el Amor y con decir risueño
nos llamó de su fruta robadores,
prendiéndonos ató como a traidores,
donde tuve el solaz que no desdeño.

Y viéndose así juntas las dos almas,
y en prisión puestas de amoroso fuego,
juntaron de sus cuerpos la cadena;

en cada espalda nuestra un par de palmas,
las bocas juntas atizando el fuego,
prisión de gloria, mas que no de pena.






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lunes, 6 de enero de 2020

"Dulces labios hermosos", ANÓNIMO (ESPAÑA, siglo XVI)

Dulces labios hermosos,
que mill veçes estáis mill besos dando,
y a mi alma alegrando,
con un sonido manso,
juntamente matáis y dais descanso.
Porque si me besáis,
en besos
me lleváis envuelta el alma,
y si muriendo ceso,
mill vidas me volvéis con sólo un beso.
Y pues que a puros besos me habéis muerto,
resucitadme, ¡oh labios amorosos,
más dulces que la miel y más sabrosos!




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miércoles, 4 de diciembre de 2019

"Aunque de ángeles y hombres el lenguaje hablar supiera", de autor ANÓNIMO (siglo XII, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro, en latín, "Carmina Burana", del siglo  XII   d.n.e.



The evening star sacred to lovers
  Joseph Noel Paton


Si linguis angelicis loquar et humanis,
non valeret exprimi palma nec inanis,
per quam recte preferor cunctis Christianis
tamen invidentibus emulis prophanis.
5 Pange lingua igitur causas et causatum;
nomen tamen domine serva palliatum,
ut non sit in populo illud divulgatum,
quod secretum gentibus extat et celatum.
In virgultu florido stabam et ameno
10 vertens hec in pectore quid facturus ero;
dubito, quod semina in arena sero
mundi florem diligens ecce iam despero.
Si despero merito nullus admiretur,
nam per quandam vetulam rosa prohibetur,
15 ut non amet aliquem atque non ametur,
quam Pluto subripere flagito dignetur.
Cumque meo animo verterem predicta,
optans, anum raperet fulminis sagitta,
ecce retrospiciens, vetula post relicta,
20 audias quid viderim, dum moraret icta.
Vidi florem floridum, vidi florum florem,
vidi rosam Madii, cunctis pulchriorem,
vidi stellam splendidam cunctis clariorem,
per quam ego degeram semper in amorem.
25 Cum vidissem itaque quod semper optavi,
tunc ineffabiliter mecum exultavi,
surgensque velociter ad hanc properavi,
hisque retro poplite flexo salutavi:
«Ave formosissima, gemma pretiosa,
30 ave decus virginum, virgo gloriosa,
ave mundi luminar, ave mundi rosa,
Blanziflor et Helena, Venus generosa».
Tunc repondit inquiens stella matutina:
«Ille qui terrestria regit et divina,
35 dans in herba violas et rosas in spina,
tibi salus, gloria sit et medicina».
Cui dixi: «Dulcissima, cor mihi fatetur,
quod meus fert animus, ut per te salvetur,
nam ego quondam didici, sicut perhibetur,
40 quod ille qui percutit melius medetur.
Mea sic ledentia iam fuisse tela,
dicis; nego; sed tamen posita querela,
vulnus atque vulneris causas nunc revela,
vis, te sanem postmodum gracili medela.
45 Vulnera cur detegam, que sunt manifesta?
estas quinta periit, properat en sexta,
quod te in tripudio quadam die festa
vidi; cunctis speculum eras et fenestra.
Cum vidissem itaque, cepi tunc mirari,
50 dicens: "Ecce mulier digna venerari,
hec exscendit virgines cunctas absque pari,
hec est clara facie, hec est vultus clari”.
Visus tuus splendidus erat et amenus,
tanquam aer lucidus, nitens et serenus;
55 unde dixi sepius: “Deus, deus meus,
estne illa Helena, vel est dea Venus?”
Aurea mirifice coma dependebat,
tanquam massa nivea gula candescebat,
pectus erat gracile, cunctis innuebat,
60 quod super aromata cuncta redolebat.
In iocunda facie stelle radiabant,
eboris materiam dentes vendicabant,
plus quam dicem speciem membra
[geminabant:
quidni si hec omnium mentem alligabant?»
65 Forma tua fulgida tunc me catenavit,
mihi mentem, animum et cor inmutavit,
tibi loqui spiritus illico speravit;
posse spem veruntamen nunquam roboravit.
Ergo meus animus recte vulneratur
70 ecce mihi graviter fortuna novercatur,
nec quis umquam aliquo tantum molestatur,
quam qui sperat aliquid et spe defraudatur.
Telum semper pectore clausum portitavi,
millies et millies inde suspiravi,
75 dicens: “Rerum conditor, quid in te peccavi?
omnium amantium pondera portavi”.
Fugit a me bibere, cibus et dormire,
medicinam nequeo malis invenire.
Christe, non me desinas taliter perire,
80 sed dignare misero digne subvenire.
Has et plures numero pertuli iacturas,
nec ullum solarium minuit meas curas,
ni quod sepe sepius per noctes obscuras
per imaginarias tecum sum figuras.
85 Rosa, videns igitur, quam sim vulneratus,
quot et quantas tulerim per te cruciatus,
tu, si placet, itaque fac, ut sim sanatus,
per te sim incolumis et vivificatus.
Quod quidem si feceris, in te gloriabor,
90 tanquam cedrus liban florens exaltabor.
Sed si, quod non vereor, in te defraudabor,
patiar naufragium et periclitabor».
Inquit Rosa fulgida: «Multa subportasti,
nec ignota penitus mihi revelasti,
95 sed que per te tulerim nunquam somniasti;
plura sunt que sustuli quam que recitasti.
Sed omitto penitus recitationem,
volens talem sumere satisfactionem,
que prestabit gaudium et sanationem,
100 et medelam conferet melle dulciorem.
Dicas ergo, iuvenis, quod in mente geris,
an argentum postulas, per quod tu diteris,
pretiosos lapides, an quod tu ameris;
nam si esse poterit, dabo quicquid queris».
105«Non est id quod postulo lapis nec
[argentum,
immo prebens omnibus maius nutrimentum,
dans inpossibilibus facilem eventum,
et quod mestis gaudium donat luculentum».
«Quicquid velis, talia nequeo prescire,
110 tuis tamen precibus opto consentire;
ergo quicquid habeo, sedulus inquire,
sumens id quod appetis potes invenire».
Quid plus? Collo virginis brachia iactavi,
mille dedi basia, mille reportavi,
115 atque sepe sepius dicens affirmavi:
«Certe, certe illud est id quod anhelavi».
Quis ignorat amodo cuncta que secuntur?
Dolor et suspiria procul repelluntur,
paradisi gaudia nobis inducuntur,
120 cuncteque delicie simul apponuntur.
Hic amplexus gaudium est centuplicatum,
hic meum et domine pullulat optatum,
hic amantum bravium est a me portatum,
hic est meum igitur nomen exaltatum.
125 Quisquis amat itaque mei recordatur,
nec diffidat illico licet non ametur;
illi nempe aliqua dies ostendetur,
qua penarum gloriam post adipiscetur.
Ex amaris equidem amara generantur,
130 non sine laboribus maxima parantur,
dulce mei qui appetunt sepe stimulantum,
sperent ergo melius qui plus amarant.

Aunque de ángeles y hombres el lenguaje hablar supiera,
incapaz sería de expresar la gloria nada vana
por la que con razón se considera que soy superior a todo el mundo,
aunque me envidian aquellos ignorantes que tratan de imitarme.
Explica, por tanto, lengua mía, los motivos y efectos subsiguientes,
pero el nombre de mi dueña mantén velado,
a fin de que entre la gente no se vea divulgado:
que se conserve en secreto y oculto para el pueblo.
En una enramad a florida y amena me hallaba
dando vueltas a tales pensamientos: «¿Qué es lo que hacer podría?
Me asalta la duda de que siembro mis semillas en la arena.
Amando a la flor del mundo, me encuentro desesperado.
Pero que nadie se extrañe si con razón desespero,
pues el alcanzar la rosa me lo impide una viejuca,
vedándole que a alguno ame y que a su vez sea amada.
¡Ojalá que Plutón (mi petición es ésta) se digne llevársela consigo!».
En tanto que mi mente cavilaba los dichos pensamientos,
deseando que un rayo a la vieja fulminase,
he aquí que torno la vista. Y, olvidando lo anterior,
escucha lo que vi mientras así me encontraba.
Vi la flor florida; la flor de las flores vi;
vi la rosa de Mayo, más hermosa que ninguna;
vi una estrella esplendorosa, la más brillante de todas,
aquella por la que siempre desfallecía de amor.
De modo que al contemplar lo que siempre había añorado,
invadióme una alegría imposible de narrar.
Levantándome al momento hacia ella dirigíme
e, hincando rodilla en tierra, la saludé de este modo:
-«Salud, la más bella de entre todas, joya preciosa.
Salud, de las doncellas ornato, gloriosa doncella.
Salud, luz de las luces. Salud, rosa del mundo,
Blancañor y Helena y Venus generosa».
Entonces la estrella matutina respondióme diciendo:
-«Aquel que rige las cosas terrestres y celestiales,
que hace brotar violetas en los prados y rosas en los espinos,
te sirva de salvación, gloria y remedio».
Yo le dije: -«¡Oh dulcísima! Mi corazón me revela
algo que mi espíritu me advierte: que tú puedes sanarme;
pues tiempo ha que aprendí aquel refrán que dice
que el que hiere el primero, se cura más fácilmente» .
-«Dices que mis dardos te han herido.
Y yo lo niego. Mas una vez planteada la disputa,
enséñame tu herida y las causas de la misma,
que, si quieres, yo te sanaré después con suave medicina».
-«¿Para qué voy a enseñarte heridas que son patentes?
Cinco veranos pasaron y se aproxima ya el sexto,
desde que danzar te viera un día de fiesta:
espejo resultabas para todos y ventana.
Tan pronto como te vi, a admirarte empecé,
diciéndome: -“He aquí una mujer digna de ser venerada.
A todas las doncellas sobrepasa. Ninguna se le iguala.
Es su faz resplandeciente y luminoso su rostro”.
Brillante tu mirada era y agradable,
transparente como el aire, esplendorosa y serena.
Una y otra vez por ello me decía: -“¡Dios mío, Dios mío!
¿No será la propia Helena o quizá la diosa Venus?”.
Caía tu dorada cabellera admirablemente suelta;
y blanca como la nieve resplandecía tu garganta.
Era grácil tu pecho, y todos te lo admiraban:
exhalaba un aroma superior a cualquier otro.
En tu alegre rostro irradiaban estrellas.
Tus dientes superaban del marfil la blancura.
Imposible me resulta describir la gracia
[que tus miembros desprendían.
¿Cómo extrañarse de que ello la admiración de todos cautivase?
Tu luminosa hermosura entonces me encadenó
y alteró toda mi mente, mi ánimo y mi corazón.
Esperanzas al punto mi espíritu de hablarte concibió,
pero tales esperanzas nunca se hicieron reales.
Con toda razón mi ánimo se encuentra herido:
es claro que la fortuna se porta como madrastra.
Jamás hombre alguno tan dolido se siente
como cuando espera algo y ve defraudada su esperanza.
Siempre en mi pecho llevé oculto el dardo clavado,
y mil y mil veces desde entonces suspiré
diciendo: -“¡Creador del mundo! ¿En qué te he ofendido?
Sobre mis hombros porto las desdichas de los enamorados todos!”.
Soy incapaz de beber, y ya ni como ni duermo;
y no atino a encontrar remedio para mis males.
Jesucristo, no me dejes que muera de esta manera,
mas dígnate socorrer cual conviene al desdichado!
Estas amarguras y otras incontables son las que padecí,
y solaz ninguno hubo que amenguara mis cuidados, ni siquiera
el que con harta frecuencia imaginase la quimérica ilusión
de que junto a ti pasaba las noches obscuras.
Así que, rosa mía, viendo cómo herido me hallo,
y cuántas y cuán grandes aflicciones por ti he sufrido,
haz — si a bien lo tienes— lo posible por sanarme, y que gracias a ti
recobre la salud y que reviva.
Si así lo hicieras, en ti me gloriaré;
me sentiré enaltecido como frondoso cedro del Líbano.
Mas si, por el contrario (desecho este temor) llegara a defraudarme,
para mí significará el naufragio y la muerte.»
Replicóme la radiante Rosa: -«Numerosos dolores soportaste,
mas no me has revelado secreto alguno:
imaginar nunca podrías lo que por ti yo he sufrido.
He padecido torturas que superan las que acabas de contarme.
Mas voy a pasar por alto su relato,
pues deseo administrarte un remedio
que te causará alegría y salud.
Facilitarte he una medicina más dulce que la miel.
Revélame, pues, joven, lo que en tu mente guardas:
si es plata lo que pides con la que enriquecerte;
o si son piedras preciosas; o qué otra cosa ansias,
pues, si posible me fuera, te daré lo que tú buscas».
-«Aquello que yo busco no son gemas
[ni plata,
sino algo que alimenta más que ninguna otra cosa;
que a empresas imposibles confiere éxito fácil;
y que a los afligidos gentil gozo produce».
-«No puedo saber a ciencia cierta qué es lo que deseas,
mas a esas tus pretensiones quiero atender.
Registra, por tanto, con cuidado cuanto tengo,
tomando lo que anhelas, si es que encontrarlo puedes.»
¿Para qué más? Al cuello de la muchacha eché mis brazos;
mil besos yo le di, y recibí otros tantos,
al par que sin descanso diciéndole afirmaba:
-«Esto es, en verdad, lo que anhelaba tanto».
¿Quién ignora todo aquello que siguió a continuación?
El dolor y los suspiros son rechazados muy lejos,
en tanto que nos invaden los gozos del paraíso,
al tiempo que nos aborda todo tipo de delicias.
Allí el abrazo supone un placer centuplicado.
Allí se multiplica mi deseo al par que el de mi dueña.
Allí el premio logré de la victoria, propio de los amantes.
Allí fue mi renombre enaltecido.
Quienquiera que se halle enamorado, acuérdese de mí,
y no desespere de inmediato, si su amor no se ve correspondido,
porque llegará algún día a mostrársele la gloria
que tras las penas se alcanza.
Pues, si bien de la amargura amarguras se generan,
no sin trabajo se logran los triunfos más resonantes.
Soportan a menudo el aguijón aquellos que la dulce miel desean;
quienes sufren mayores amarguras esperen también un mejor premio.



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martes, 30 de julio de 2019

"De somnio", ANÓNIMO (s. XII, d.n.e.)

Poema perteneciente al "Cancionero de Ripoll o Carmina Rivipullensia", del siglo XII  d.n.e.



Si uera somnia forent que somnio,
Magno perhenniter replerer gaudio.
Aprilis tempore, dum solus dormio
In prato uiridi, iam satis florido,
Virgo pulcerrima, uultu sydereo,
Et proles sanguine progressa regio,
Ante me uisa est, que suo pallio
Auram mihi facit cum magno studio.
Auram dum uentilat, interdum dultia
Hore mellifluo iungebat basia,
Et latus lateri iuncxisset pariter,
Sed primum timuit ne ferrem graviter.
Tandem sic loquitur: "Monitu Veneris
Ad te deuenio, dilecte iuuenis;
Face Cupidinis succensa pectore,
Mente te diligo cum toto corpore.
Ni me dilexeris sicut te diligo,
Credas quod moriar dolore nimio.
Quare te deprecor, o decus iuuenum,
Vt non me negligas, sed des solatium.
Nec iuste poteris nunc me negligere,
Quippe sum regio progressa sanguine.
Aurum et pallia, uestes purpureas,
Renones griseos et pelles uarias,
Plures tibi dabo, si gratus fueris
et, ut te diligo, sic me dilexeris.
Si pulcram faciem queris et splendidam,
Hic sum; me teneas, quia te diligam.
Cum nullus pulcrior te sit in seculo,
Vt pulcram habeas amicam cupio
".
His verbis uirginis commotus ilico,
Ipsam amplexibus duris circumligo.
Genas deosculans papillas palpito,
Post illud dulcius secretum compleo.
Inferre igitur possum quod nimium
Felix ipse forem et plus quam nimium,
Illam si uirginem tenerem uigilans
Quam prato tenui, dum fui somnians.
Si verdaderos fueran los sueños que sueño,
de un gran gozo de continuo me llenaría.
Era la época de abril: estando solo, dormía
sobre un prado verde, ya bastante florido,
cuando una doncella hermosísima, de rostro astral,
e hija sin duda de sangre regia,
ante mí se apareció, la cual con su manto
aire me daba con gran cuidado.
Mientras me abanicaba, entreveraba dulces
besos que con su boca meliflua me daba
,
y su cuerpo habría unido con el mío,
mas al principio temió un rechazo por mi parte.
Al fin así habló: —«Por consejo de Venus
a ti vengo, amado joven;
por la antorcha de Cupido inflamada en mi pecho,
con la mente te amo, y con todo el cuerpo.
Si no me amas como yo te amo,
créeme que moriré por dolor tan excesivo.
Por ello te ruego, oh belleza de los jóvenes,
que no me desdeñes, sino que me des solaz.
Y no podrás en justicia ahora desdeñarme,
pues procedo de regia sangre.
Oro y mantos, ropas purpúreas,
capas grises y pieles variadas,
muchas te daré, si grato me fueras,
y, si como yo te amo, así tú me amaras.
Si un bello rostro buscas, y espléndido,
aquí estoy: tómame, pues yo te amo.
Como nadie más hermoso que tú hay en el mundo,
que tengas una hermosa amiga deseo».
Por estas palabras de la doncella conmovido,
al instante con apretado abrazo la estrecho.
A la vez que sus mejillas beso, sus pechos palpo
y después aquel más dulce secreto alcanzo.
Deducir, por tanto, puedo, que demasiado
feliz sería yo, y más que en demasía,
si a aquella muchacha poseyera despierto,
y que en el prado tuve hasta que estuve despierto
(Traducción: Raúl Amores Pérez).



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miércoles, 5 de septiembre de 2018

"Mi amor, el del cabello ensortijado", ANÓNIMO (IRLANDA)

Mi amor, el del cabello ensortijado,
con rizos que te vuelan:
viniste por la senda, más arriba,
pero nunca a mi vera.
¿Qué mal hubiera sido tu visita,
un momento, en mi granja?
Es tu beso rocío que despierta,
si sueño o estoy mala.

Si oro tuviese, haría
una linda vereda
que, recta, hasta la puerta me llevase
del Doncel a quien quiero.
Creí que escucharía
el rumor de su paso en el camino,
Y, aguardando su beso,
Ni un minuto estas noches he dormido.

Pensé, mi amor, que eras
como el sol y la luna en agua clara;
luego que creí nieve,
fría nieve en lo alto.
Después me parecías
lámpara del Señor que me buscase,
y, frente a mí, lucero de la ciencia,
o siguiendo mis pasos.

Chinelas de muy alto tacón me prometiste,
amor: satén y sedas;
seguir en pos de mí, nunca dejarme,
ni en el bravío océano.
Sin ti, soy un matojos solitario
que en el hueco de un muro ha florecido;
solamente esta casa, con hastío de muerte,
Me queda en torno mío.

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domingo, 12 de agosto de 2018

"Tenéis, señora, en la graciosa boca", de autor ANÓNIMO (España, siglo XVII d.n.e.).

Tenéis, señora, en la graciosa boca
tan bella y soberana compostura,
que es de mi alma la mayor cordura
vivir por ella rematada y loca.

¡Mil veces dichosísimo quien toca
lugar tan bello y goza su dulzura!
,
pues a mí la paciencia y la cordura
con sólo contemplarlo se me apoca;

y es esto en tanto extremo, que, aunque el hombre
que en una cosa honesta, santa o bella
pone la boca tiene infame nombre,

vuestra boca me obliga a apetecella;
de suerte que, aunque cobre este renombre,
yo quisiera poner mi boca en ella.


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viernes, 24 de noviembre de 2017

"Bésame y abrázame", Anónimo de la Lírca tradicional castellana.



Bésame y abrázame,
marido mío,
y daros he en la mañana
camisón limpio.

Yo nunca vi hombre
vivo estar tan muerto
ni hacer el dormido
estando despierto:
andad, marido, alerta
y tened brío
y daros he en la mañana
camisón limpio.


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jueves, 24 de marzo de 2016

"Algo más que un beso", del ROMAN DE FLAMENCA, (Anónimo, Provenza, 1240-1270 d.n.e.)

Versos pertenecientes al libro "Roman de Flamenca, vv. 7.411-7432", Anónimo (atribuida a Arnaud de Carcassés), de fecha entre 1240-1270  d.n.e.



-Dousa domna, e que farem 7.411
si nostr'amor plus non paisem
mais de paraulas solamen
e d'un baisar, c'aitan corren
passet c'a penas lo senti; 7.415
sapias que desirs m'auci.

-Amix, sius platz, nous esmargues,
ancanug a mi tornares;
e non menes tans compagnons,
Ot et Claris vengan ab vos, 7.420
e poirem mielz que non fam ara,
quant tota la gens nos esgara,
faire e dir nostre plazer;
que n'Archimbautz ira vezer
lo rei els barons als hostals; 7.425
e promet vos al meins, sivals,
que'l baisar, de queus rancuras
quar s'en passet aitan vivas,
vos dobli des ves tot da pas;
e si luecs es non doptes pas 7.430
ques ieu volontiera non fassa
en dreg d'amor tot so queus plassa.
-Dulce dama, ¿y qué haremos
si nuestro amor no alimentamos
más que con palabras solamente
y con un beso que tan corriendo
pasó, que apenas lo sentí?
Sabe que el deseo me mata.

-Amigo, por favor, no os desmayéis,
que esta noche a mí tornaréis;
no esperéis que vuestros compañeros,
Ot y Cloris vengan a vos,
y podremos mejor, que no hacerlo ahora
cuando toda la gente nos mira,
hacer y decir a nuestro placer;
que ni Archimbautz irá a ver
al rey ni los barones al hostal;
y os prometo, al menos, por cierto,
que el beso, del que os quejáis,
porque pasó tan vivamente,
os doblaré diez veces, todo con lentitud;
y si hay lugar, no dudes de ello,
yo con gusto no dejaré de hacer
en derecho amor, todo lo que os plazca.


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jueves, 22 de mayo de 2014

"Porqué me besó Perico", zéjel anónimo de la Edad Media, recopilado por JUAN VÁZQUEZ (ESPAÑA, 1.500-1.560 d.n.e.)

Poema recogido en el libro "Villancicos y canciones a tres y a cuatro" de Juan Vázquez, de fecha 1551 d.n.e.





Porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.

Dijo que en Francia se usaba
y por eso me besaba,
y también porque sanaba
con el beso su dolor.
Porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.








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"Por qué me besó Perico", villancico tradicional anónimo de la Edad Media.

Poema recopilado por Ramón Menéndez Pidal en el libro "Pliegos poéticos españoles en la Universidad de Praga", de fecha 1960 d.n.e.

Porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.


Que estando, madre, dormiendo
de lo cual soy arrepisa,
le sentí estar desvolviendo
las haldas de mi camisa;
y aunque me fino de risa,
pensallo me da temor,
porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.

Y estando así como os digo,
desque dormida me vio,
me tentó bajo el ombligo
todo cuando Dios me dio;
pues ¿cómo queréis que yo
le pueda tener amor?
Porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.

Porque con mil osadías
revolvió poco a poquito,
sus piernas entre las mías
hasta que me dio en el hito:
es mi dolor infinito,
que no puede ser mayor.
Porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.

 Que, como se meneaba,
más se mostraban sabrosos
dos mil gozos que me daba
como azúcares sabrosos.
Diome unos besos zumosos,
que jamás pierdo el sabor.
Porque me besó Perico,
porque me besó el traidor.


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"En el cielo del amor", cantar Anónimo publicado por DEMÓFILO, seudónimo de ANTONIO MACHADO ÁLVAREZ (ESPAÑA, 1.846-1.893 d.n.e.)

Cantar perteneciente al libro "Poesía popular", de fecha 1883 d.n.e.

En el cielo del amor
los suspiros son luceros,
los besos son las estrellas
y las nubes son los celos.

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sábado, 10 de mayo de 2014

Loto dorado. Hsi Men y sus esposas

Fragmento perteneciente al libro "Loto dorado. Hsi Men y sus esposas", de autor desconocido, escrito alrededor de la segunda mitad del siglo XVI  d.n.e.



Hsi Men casi se desmayó cuando ella le rodeó el cuello con sus brazos de un blanco azulado, pues este simple movimiento arrastró la estremecedora camisa sobre la superficie de su cuerpo fuerte pero sensible.
Él atrajo hacia sí el rostro de ella, ahora extrañamente serio. Pero la mujer se anticipó a su deseo y , levantándose sobre las puntas de sus piececitos con vivacidad, puso su ardiente boca contra los anhelantes labios del hombre, mientras lo miraba profundamente con ojos húmedos. La sorpresa de aquella ternura súbita y  desconocida le subió a la cabeza como licor y  sus manos se deslizaron hacia la espalda de la mujer y  la apretaron con más fuerza aún. Sus dos cabezas, unidas por las bocas, se inclinaban juntas, sus narices jadeaban, sus ojos se cerraban. Nunca había comprendido antes Hsi Men tan claramente como entonces, en el vértigo, el frenesí, el estado semiinconsciente en que se encontraban, todo lo que realmente significa la "embriaguez del beso". Y a no sabía quién era ni qué iba a suceder. El presente era tan intenso que el futuro y  el pasado desaparecían.
Ella mueve sus labios con los suyos. Arde en sus brazos y  él siente que oprime su pequeño v ientre contra el suy o en una ferviente y  sedosa caricia que no había conocido nunca; luego se aparta un poco, coloca su mano lilial sobre el miembro al rojo candente que se levanta con firmeza, lo mete y  lo aprieta entre sus muslos acojinados, y  mientras el miembro se desliza y  sube hasta donde sus labios del amor han humedecido la camisa, recorre el espinazo de Hsi Men con sus dedos tiernos y  ágiles como brotes de bambú.  
Una mujer se corta las garras
para que sus ojos sean más dulces,
domina su malignidad
para liberar su sensualidad.  
Luego él baja las manos, sube la camisa y  se pega a la piel quemante de la mujer; se aleja para recrear sus ojos, lev anta la camisa por encima de la cabeza de ella y  la arroja al suelo.
¡Oh su adorable forma bañada por la luz de la luna! La plenitud de un intenso perfume la env uelv e en aromática nube. La afelpada sombra que se hincha bajo su pequeño v ientre y  los azulados penachos de sus axilas están perfumados de menta y  env ían a su olfato trepidantes mensajes de frescura mezclada con el antiguo olor de la sensualidad.
Y  ahora él entra en el aura de la mujer, cuyos senos sostiene en sus manos. ¡Qué suaves se sienten! ¡Qué dulcemente tibios! Comparados con estos, los senos de su amada Quinta Esposa son duros como los de una estatua de mármol. Posa los labios ardientes en los desnudos brazos de Ping, sobre sus redondeados hombros, sus tiernos pechos, su blanco cuello, una y  otra vez.
Él suspira profundamente y  ella le toma de la mano, retira la cortina de seda anaranjada y  le hace arrodillarse en la mullida cama; sube a su lado y  desliza la cabecita bajo su vientre. Entonces, imitando al tembloroso niño que mama del seno de su madre, chupa la esponjosa teta que corona su miembro. Hsi Men ya no puede contenerse; salta y  la abraza con tanta fuerza que ella  grita de dolor, luego cae sobre ella salvajemente para abrirse camino con un hacha cruel hacia el interior de su misteriosa selva azul. Ella le oprime contra su cuerpo como sobre una herida ardiente, balancea sus ágiles muslos y  pasa la lengua entre sus labios espumantes; ahora no sabe nada más del mundo y  podrían cortarle las cuatro extremidades sin despertarla de su delicia. El galopante caballo de batalla de Hsi Men es como una lanzadera que entrelaza sus nervios como hilos y  hace de ellos un nudo sensual que se estrangula y  le hincha hasta que estalla mágicamente en líquido disparo y  se esparce dentro de la roja caverna como perdigones.
Por fin yacen en calma. Los flancos de la mujer se ahuecan, suavemente cóncav os como un frutero, ¡y  realmente las más dulces frutas están contenidas dentro de sus bordes! Junto a la húmeda, azul fruta femenina está el gordo fruto rosado masculino, y  debajo de éste la fruta fuente que contiene dos mágicas semillas.
Como después de una agitada danza, mil perlas de sudor aparecen en la brillante piel de la mujer; ésta, pues, toma una toalla de la mesita, al lado de la cama, y  se frota el v ientre hasta la cabeza, como saliendo del baño…



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