viernes, 4 de febrero de 2022

"Huellas del beso", de FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO (ESPAÑA, 1935-2014, d.n.e.)


Mis besos eran pájaros heridos
flotando entre los juncos del pantano,
dedos glaciales de invisible mano,
recuerdos en un pozo sumergidos...

Mis labios pálidos y adormecidos,
mudas teclas de onírico piano,
nubes que trato de alcanzar en vano,
explosiones carentes de estallidos.

Tan sólo me quedó una vaga idea
del contacto encendido, que desea
la humedad, el gemido y el temblor.

Pero cuando absorbí tu propio aliento
despertó mi universo en un momento,
y el alma se me abrió como una flor.



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jueves, 3 de febrero de 2022

"Friné ante los jueces", de LUZ MÉNDEZ DE LA VEGA (GUATEMALA, 1919-2012, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Helénicas", de fecha 1998  d.n.e.



Friné ante el areópago, de Jean-Léon Gérôme (1861)


Indefensa y vulnerable.
Sola,
sin otro puñal
o espada heridora, que
mi palabra
y sin otro escudo
que mi belleza,
dejo caer mi túnica
ante vosotros.
Desnudo mi cuerpo
que adoraríais
si fuera de mármol frío,
o si estuviéramos solos,
sin otros ojos
que nos vieran
acariciarnos en el lecho.
¿Quién puede culpar
a la belleza plasmada
en carne y no en mármol,
por entregarse desnuda
-igual que la estatua-
a las manos que la acarician
y que en ellas se deleitan?
¿Quién puede culpar a la flor
que impúdica exhibe
la fresca plenitud
y el sexual aroma de su corola,
o a la fruta que sin ropaje
reluce bajo el sol e incita
voluptuosamente
a ser mordida?
Como la flor o la fruta,
aquí, yo, ante vosotros,
desnuda
como me vieran tantos ojos,
estatua viva
que modelaron tantas manos
y que gozaron tantos cuerpos,
os pregunto:
¿Es delito escuchar
la dulce voz de Eros
que incendia nieves
¿o es crimen obedecer
el mandato
de la divina Afrodita
que me se señaló el camino
donador de placeres?
Inerme y vulnerable,
como mi desnudez,
espero la sentencia.
Yo,
sólo cumplí con mi destino.

EPÍLOGO
Cuando todos se fueron
el cuerpo de Friné
brillaba bajo el sol poniente
como una estatua de oro
y el más viejo de los jueces
se acercó
y, como si fuera a la diosa,
le puso un casto beso
sobre el sexo.






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miércoles, 2 de febrero de 2022

"Mujer, yo hubiera sido tu hijo", de PABLO NERUDA (seudónimo de RICARDO ELIÉCER NEFTALÍ REYES BASOALTO) (CHILE, 1904-1973 d.n.e.)


Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial
,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.





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martes, 1 de febrero de 2022

Soneto: "La dulce lucha de la blanda cama", de MELCHOR DE LA SERNA (ESPAÑA, segunda mitad del s. XVI d.n.e.)

La dulce lucha de la blanda cama:
aquel abrazalla y defenderse,
aquel trabajo que hay en el ponerse
el furioso galán sobre la dama;

Aquel estremecerse si derrama
las dulces gotas, sin poder moverse;
aquel estar encima, aquel no verse,
procurando matar la ardiente llama;

aquel jugar de boca tan suave
y aquel: “¡Ay, señora, cómo sabe!.”
Y aquel jugar a veces al trocado,

y aquel refocilarse, aunque se acabe.
¿Qué lengua habrá perfecta que lo alabe
si no fuere del fraile arrufianado?






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viernes, 28 de enero de 2022

"De pura honestidad templo sagrado", de LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE (ESPAÑA, 1561-1627 d.n.e.)


De pura honestidad templo sagrado,
cuyo bello cimiento y gentil muro
de blanco nácar y alabastro duro
fue por divina mano fabricado;

pequeña puerta de coral preciado

claras lumbreras de mirar seguro
que a la esmeralda fina el verde puro
habéis para viriles usurpado;
soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
al claro sol, en cuanto en torno gira,
ornan de luz, coronan de belleza;

ídolo bello, a quien humilde adoro,
oye piadoso al que por ti suspira,
tus himnos canta, y tus virtudes reza.





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lunes, 24 de enero de 2022

"La voz" de ROBERT DENOS (FRANCIA, 1900-1945, d.n.e.)

Tan semejante a la flor y a la corriente de aire
al curso del agua a las sombras pasajeras
a la sonrisa vislumbrada aquella famosa noche a medianoche
tan semejante a toda la felicidad y a la tristeza
es la medianoche pasada alzando su torso desnudo
por encima de las torres y de los álamos
llamo a mí a los perdidos en los campos
los viejos cadáveres los jóvenes robles talados
los jirones de tela pudriéndose sobre la tierra y la ropa
secándose en los alrededores de las granjas
llamo a mí a los tornados y a los huracanes
las tempestades los tifones los ciclones
los maremotos
los temblores de tierra
llamo a mí al humo de los volcanes y al de los cigarrillos
a los círculos de humo de los puros de lujo
llamo a mí a los amores y los enamorados
llamo a mí a los vivientes y a los muertos
llamo a mí a los sepultureros, llamo a los asesinos
llamo a los verdugos, llamo a los pilotos los albañiles y
los arquitectos
a los asesinos
llamo a la carne
llamo a la que amo
llamo a la que amo
llamo a la que amo
la medianoche triunfante despliega sus alas de satén
y se posa sobre mi cama
las torres y los álamos se pliegan a mi deseo
aquellos se derrumban aquellos se desploman
los perdidos en el campo se reencuentran al encontrarme
los viejos cadáveres resucitan por mi voz
los jóvenes robles talados se cubren de verdor
los viejos jirones de tela pudriéndose en la tierra y sobre la tierra
crujen a mi voz como el estandarte de la revuelta
la ropa secándose en los alrededores de la granja vistido de adorables mujeres
que no adoro que vienen a mí obedecen a mi voz y me adoran
los tornados giran en mi boca
los huracanes enrojecen si pueden mis labios
las tempestades rugen a mis pies
los tifones si es posible me despeinan
recibo los besos de embriaguez de los ciclones
los maremotos vienen a morir a mis pies
los temblores de tierra no me estremecen
pero hacen que todo se desplome a mi orden
el humo de los volcanes me viste con sus vapores
y el de los cigarrillos me perfuma
y los círculos de humo de los puros me coronan
los amores y el amor tan largo tiempo perseguidos se refugian en mí
los enamorados escuchan mi voz
los vivientes y los muertos se someten y me saludan
los primeros friamente los segundos familiarmente
los sepultureros abandonan las tumbas apenas excavadas
y declaran que yo sólo puedo comandar los nocturnos trabajos
los asesinos me saludan
los verdugos invocan la revolución
invocan mi voz
invocan mi nombre
los pilotos se guían por mis ojos
los albañiles sienten vértigo escuchándome
los arquitectos parten hacia el desierto
los asesinos me bendicen
la carne palpita a mi llamada
la que amo no me escucha
la que amo no me oye
la que amo no me responde.
Si semblable à la fleur et au courant d’air
au cours d’eau aux ombres passagères
au sourire entrevu ce fameux soir à minuit
si semblable à tout au bonheur et à la tristesse
c’est le minuit passé dressant son torse nu
au dessus des beffrois et des peupliers
j’appelle à moi ceux-là perdus dans les campagnes
les vieux cadavres les jeunes chênes coupés
les lambeaux d’étoffe pourissant sur la terre et le linge
séchant aux alentours des fermes
j’appelle à moi les tornades et les ouragans
les tempètes les typhons les cyclones
les raz de marée
les tremblements de terre
j’appelle à moi la fumée des volcans et celle des cigarettes
les ronds de fumée des cigarres de luxe
j’appelle à moi les amours et les amoureux
j’appelle à moi les vivants et les morts
j’appelle les fossoyeurs j’appelle les assassins
j’appelle les bourreaux j’appelle les pilotes les maçons et
les architectes
les assassins
j’appelle la chair
j’appelle celle que j’aime
j’appelle celle que j’aime
j’appelle celle que j’aime
le minuit triomphant déploue ses ailes de satin
et se pose sur mon lit
les beffois et les peupliers se plient à mon désir
ceux-là s’éroulent ceux-là s’affaissent
les perdus dans la campagne se retrouvent en me trouvant
les vieux cadavres ressuscitent à ma voix
les jeunes chênes coupés se couvrent de verdure
les lambeaux d’étoffe pourissent dans la terre et sur la terre
claquent à ma voix comme l’étendard de la révolte
le linge séchant aux alentours des fermes habille d’adorables femmes
que je n’adore pas qui viennent à moi obéissent à ma voix et m’adorent
les tornades tournent dans ma bouche
les ouragans rougissent s’il est possible mes lèvres
les tempètes grondent à mes pieds
les typhons s’il est possible me dépeignent
je reçois les baisers d’ivresse des cyclones
les raz de marrée viennent mourir à mes pieds
les tremblements de terre ne m’ébranlent pas
mais font tout crouler à mon ordre
la fumée des volcans me vêt de ses vapeurs
et celle des cigarettes me parfume
et les ronds de fumée des cigares me couronnent
les amours et l’amour si longtemps poursuivis se réfugient en moi
les amoureux écoutent ma voix
les vivants et les morts se soumettent et me saluent
les premiers froidement les seconds familièrement
les fossoyeurs abandonnent les tombes à peine creusées
et déclarent que moi seul puis commander leurs noctures travaux
les assassins me saluent
les bourreaux invoquent la révolution
invoquent ma voix
invoquent mon nom
les pilotes se guident sur mes yeux
les maçons ont le vertige en m’écoutant
les architectes partent pour le désert
les assassins me bénissent
la chair palpite à mon appel
celle que j’aime ne m’écoute pas
celle que j’aime ne m’entend pas
celle que j’aime ne me répond pas
[Traducción de Raúl Amores Pérez]




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lunes, 10 de enero de 2022

"Soneto: Cierta señora se soñó durmiendo", ANÓNIMO (ESPAÑA, Siglos de Oro)


Cierta señora se soñó durmiendo
que su querido amor tenía en la cama,
y para mitigar no sé qué llama,
enzima se quería andar poniendo.

Subió, metiolo, diole lengua y, viendo
el amorosso fuego que le ynflama,
para cobrar buen crédito y más fama,
juega de lomos esto le diziendo:

“¿Qué me hazes, mi vien, que assí me saue?
¿Vienes comigo? Mira que te aguardo.
Dámelo. Apara, apara. Agora, agora”.

Y estando en este gusto más suave,
hiruió el puchero y derramóse el caldo,
y almidonósse en valde la señora.





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martes, 4 de enero de 2022

"Canción a Teresita", de CÉSAR DÁVILA ANDRADE (ECUADOR, 1919-1967, d.n.e.)



                         (Apasionadamente)

Pálida Teresita del Infante Jesús,
quién pudiera encontrarte en el trunco paisaje
                                               de las estalactitas,
o en esa nube que baja, de tarde, a los dinteles,
entre manzanas blancas, en una esfera azul.

Caperucita parda,
quién pudiera mirarte las palmas de las manos,
la raíz de la voz.
Y hallar sobre tus sienes mínimos crucifijos,
bajando en la corriente de alguna vena azul.

                         Colegiala descalza,
                         aceite del silencio,
                         violeta de la luz.

Cómo siento en la noche tu frente de muchacha,
encristalada en luna bajar hasta mi sien.
Cómo escucho el silencio de tu paseo en niebla,
bajando la escalera de notas del laúd.

Cuando amanece enero, con su frío de nácar,
sé que tu pecho quema su materia estelar;
y que la doble nube de tus desnudos hombros
se ampara en la esquina delgada de la cruz.

Cómo escucho en la noche de caídos termómetros,
volar, rotas las alas, el ave de tu tos;
y llorar en la isla de una desierta estrella
a jóvenes arcángeles enfermos como tú.

Teresita:
esa hierba menuda que viene de puntillas
desde el cielo a las torres;
ese borde de guzla que nace en los tejados;
esa noción de beso que comienza en los párpados;
la trémula angostura del abrazo en los senos:
todo lo que aún no irisa la sal de los sentidos
y es sólo aurora de agua y antecede a la gota,
y tiene únicamente matriz en lo invisible;
lo mínimo del límite, le que aún no hace línea,
eres tu, Teresita, castidad del espectro.
La comunión primera de la carne y el cielo.

Cuando el olivo orea su balanza de nidos,
cuando el agua humedece la niñez del oxígeno,
cuando la tiza entreabre en las manos del joven
la blancura de un lirio que expiró en la botánica,
allí estas tú, Teresita, víspera del rocío,
en la hornacina pura de un nevado corpiño,
con tu fantasma tenue, concebido en la línea
ligera y sensitiva en que nacen las sílfides.

                          Suave, sombra, celeste,
                          soledad silenciosa.

¿Quién te entreabrió ese hoyo de dalia en la sonrisa?
¿Quién te vistió de clara canela carmelita
como a una mariposa?
¿Quién colocó en tus plantas
los descalzos patines de celuloide y ámbar?
¿Quién te ungió las manos de divina tardanza
para que no pudieras
jamás herir las cosas?

                           Tenue, tímida, tibia,
                           traslúcida, turgente.

Por tu amor, la madera se vuelve una sortija
y la niebla, sonata al pasar por los álamos.

Por tu amor, en el éter se conservan los trinos,
las plegarias se tornan cascabeles azules
y la espiga, una trenza del color de los cálices.

                            Delgada, dulce, débil,
                            divina, delicada.

Tu doncellez intacta crea nardos ilesos
sobre ese fino valle del aire en los cristales,
cuando sólo es un trémulo sonido que no alcanza
a embozar en el tímpano el espectro del canto.

Novia que viajas sola
en un velero de hostias.
Enamorada pura en la edad de la garza.

                             Niña, nupcial, nerviosa,
                             nívea, naciente, núbil.

Cómo veo tus manos pasar por los bordados
y abrir una acuarela de anclas y corazones;
tus ojos que conocen esos duendes de cera
que andan con las abejas al pie de los altares.

Cómo siento tus trenzas ocultas en una gruta,
donde se agrupa el oro bajo un toldo de lino.

                              Ideal, ilusa, íntima,
                              irreal, iluminada.

¿Quién podrá olvidar tu nombre, Teresita?
¿Tu nombre que comienza en una noche de estrellas
y ha cambiado el sentido de la lluvia y las rosas?

Lo pronuncian los niños al llamar a las aves,
o al decir que las cosas les nacen en los ojos.

Las bellas colegialas que recogen en coro
una llovizna azul en el hoyo de las faldas.

Las novicias que cantan entre muros de nieve
y crucifijos pálidos.

Los monjes que hicieron de su sangre una nube
para guardar los campos con escuadrillas de ángeles.

Por tu finura de ángel con alas de violeta
y tu ternura inmensa que, a veces, se hace pena,
un Amor Infinito escribió en el cielo
la inicial de tu nombre con un grupo de estrellas.
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sábado, 1 de enero de 2022

"Sé que beso la muerte cuando beso", de JOSÉ GARCÍA NIETO (ESPAÑA, 1914-2001 d.n.e.)


Sé que beso la muerte cuando beso
tu piel que aloja y vence a la hermosura,
y que el final que mi pasión procura
es lugar de la muerte al que regreso.

Sé que en ti misma acabas, y por eso,
al sentir que en mis labios tu madura
forma de amor, mi sangre más oscura
se rebela en las cárceles del beso.

Sé que rozo y consigo un sólo instante,
que aire recojo sólo y ligereza
de lo que poco a poco nos destruya.

Y en tu boca cegada y anhelante
sé que te besa toda mi tristeza
y que beso mi muerte por la tuya.





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viernes, 31 de diciembre de 2021

"Gentil caballero", ANÓNIMO (ESPAÑA, S. XVI, d.n.e.)

Poema perteneciente a la lírica tradicional castellana.




Gentil caballero,
dédesme hora un beso,
siquiera por el daño
que me habéis fecho.

Venía el caballero,
venía de Sevilla,
en huerta de monjas
limones cogía,
y la prioresa
prendas le pedía:
siquiera por el daño
que me habéis fecho.



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jueves, 30 de diciembre de 2021

"Endimión en Latmos", de JORGE LUIS BORGES (ARGENTINA, 1899-1986, d.n.e.)


Yo dormía en la cumbre y era hermoso
Mi cuerpo, que los años han gastado.
Alto en la noche helénica, el centauro
Demoraba su cuádruple carrera
Para atisbar mi sueño. Me placía
Dormir para soñar y para el otro
Sueño lustral que elude la memoria
Y que nos purifica del gravamen
De ser aquel que somos en la tierra.
Diana, la diosa que es también la luna,
Me veía dormir en la montaña
Y lentamente descendió a mis brazos
Oro y amor en la encendida noche.
Yo apretaba los párpados mortales,
Yo quería no ver el rostro bello
Que mis labios de polvo profanaban.
Yo aspiré la fragancia de la luna

Y su infinita voz dijo mi nombre.
Oh las puras mejillas que se buscan,
Oh ríos del amor y de la noche,
Oh el beso humano y la tensión del arco.
No sé cuánto duraron mis venturas;
Hay cosas que no miden los racimos
Ni la flor ni la nieve delicada.
La gente me rehuye. Le da miedo
El hombre que fue amado por la luna.
Los años han pasado. Una zozobra
Da horror a mi vigilia. Me pregunto
Si aquel tumulto de oro en la montaña
Fue verdadero o no fue más que un sueño.
Inútil repetirme que el recuerdo
De ayer un sueño son la misma cosa.
Mi soledad recorre los comunes
Caminos de la tierra, pero siempre
Busco en la antigua noche de los númenes
La indiferente luna, hija de Zeus.





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miércoles, 29 de diciembre de 2021

"Gracias doy a Venus", de Petrus Blesensis o PEDRO DE BLOIS (FRANCIA, ca. 1135 - ca. 1204, d.n.e.)

Poema perteneciente a la antología de los Carmina Burana", del "Códex Buranus" de los siglos a XII-XIII  d.n.e.




« Gracias doy a Venus,
que propicia
me fue con su aprobadora sonrisa
por concederme,
de la muchacha
mía, el grato
y deseado
triunfo.

Mucho tiempo combatí
sin que pudiera
gozar su recompensa;
me siento ahora dichoso
y apacible
por el rostro de Dione.

De mirar, conversar,
tocar, besar,
me había concedido mi novia el placer,
pero aún lejano estaba
el último y mejor
límite
de su amor.

Y de no trasponerlo,
todas las otras cosas,
las que antes me diera,
origen de mi sufrimiento fueran.

A la meta me acerqué,
pero con tierno llanto,
oh mía, me turbaba;
dudaba aún
en desatar los virginales
cerrojos
de su pudor.
Llora y bebo sus lágrimas
dulcísimas,

y cuanto más así me embriago,
más la pasión
me consume.

Pero mejor saben los besos
cuando se prueban con lágrimas
,
y más las íntimas caricias
al alma excitan.

Por eso, cada vez más dominante
y doloroso
es el calor con que la llama me quema;
pero el dolor de ella
se sale
con fuertes sollozos
sin que mis ruegos
lo aplaquen.

Súplicas añado a súplicas
y más besos a los besos,
pero ella más llanto a su llanto
y más discusión a la riña.
Me mira ahora
con ojos rivales,
ahora ya suplicantes.
Ahora en la pelea se ensaña,
ahora suplica,
y mientras más suavemente pido,
más sorda a mis ruegos
se queda.

En exceso audaz, a la fuerza recurro,
ella encaja las agudas uñas,
arranca cabellos,
valiente me rechaza
con fuerza
y se dobla
y las rodillas
cruza
para que la puerta
del pudor no sea abierta.

Pero al final avanzo en la lucha,
sólo decidido al triunfo.
Con un abrazo
reafirmo mi fuerza,
los brazos
suyos envuelvo,
la aprieto cubierta
de besos
hasta que se abren
las suntuosas puertas de Dione
.

Y esto place a ambos,
y dándome besos de miel,
más dulce mi amada
me reprende menos.

Y sonriente, medio cerrados
los trémulos ojos,
después de un suspiro
que aún es ansioso,
se adormece».

Grates ago Veneri,
que prosperi
michi risus numine
de virgine
mea gratum
et optatum
contulit tropheum.

Dudum militaveram,
nec poteram
hoc frui stipendio;
nunc sentio
me beari,
serenari
vultum Dioneum.

Visu, colloquio,
contactu, basio
frui virgo dederat;
sed aberat
linea posterior
et melior
amori.
quam nisi transiero,
de cetero
sunt, que dantur alia,
materia
furori.

Ad metam propero.
sed fletu tenero
mea me sollicitat,
dum dubitat
solvere virguncula
repagula
pudoris.
flentis bibo lacrimas
dulcissimas
;
sic me plus inebrio,
plus haurio
fervoris.

Delibuta lacrimis
oscula plus sapiunt,
blandimentis intimis
mentem plus alliciunt.
ergo magis capior,
et acrior
vis flamme recalescit.
sed dolor Coronidis
se tumidis
exerit singultibus
nec precibus
mitescit.

Preces addo precibus
basiaque basiis;
fletus illa fletibus,
iurgia conviciis,
meque cernit oculo
nunc emulo,
nunc quasi supplicanti;
nam nunc lite dimicat,
nunc supplicat;
dumque prece blandior,
fit surdior
precanti.

Vim nimis audax infero.
hec ungue sevit aspero,
comas vellit,
vim repellit
strenua,
sese plicat
et intricat
genua,
ne ianua
pudoris resolvatur.

Sed tandem ultra milito,
triumphum do proposito.
per amplexus
firmo nexus,
brachia
eius ligo,
pressa figo
basia;
sic regia
Diones reseratur
.

Res utrique placuit,
et me minus arguit
mitior amasia,
dans basia
mellita

Et subridens tremulis
semiclausis oculis,
veluti sub anxio
suspirio
sopita.





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domingo, 26 de diciembre de 2021

"Recinto. X", de CARLOS PELLICER CÁMARA (MÉXICO, 1899-1977, d.n.e.)


La primera tristeza ha llegado. Tus ojos
fueron indiferentes a los míos. Tus manos
no estrecharon mis manos.
Yo te besé y tu rostro era la piedra seca
de las alturas vírgenes. Tus labios encerraron
en su prisión inútil mi primera amargura.

En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano
besé tus ojos. Eras el oasis cruel
que envenenó sus aguas y enloqueció a la sed.
Y se fue levantando del horizonte una
nube. Su tez morena voló a color. De nuevo
fue oscureciendo el tono de los días de antes
Yo abandoné tu rostro y mis manos
ausentaron las tuyas. Mi voz se hizo silencio.
Era el silencio horrible de los frutos podridos.
Oí que en mi garganta tropezó la derrota
con las piedras fatales.
Yo me cubrí los ojos
para no ver mis lágrimas que huían hacia mí.
Luego tú me besaste, dijiste algo. Yo oía
llorar mis propias lágrimas en el primer silencio
de la primer tristeza. El alma de ese día
llegó de lejos tu alma y se quedó en mi pecho.





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sábado, 25 de diciembre de 2021

"Cuál es la causa, mi Damón, que estando", de FRANCISCO DE ALDANA (ESPAÑA, 1537-1578, d.n.e.)


-¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor juntos, trabados,
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando,

y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y sospirar de cuando en cuando?

-Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también, tan fuerte

que no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,

llora el velo mortal su avara suerte.





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viernes, 24 de diciembre de 2021

"El beso preciso", de FREDERIC SODDY INGLATERRA, 1877-1956, d.n.e.)

Pueden besarse los labios, dos a dos,
sin mucho calcular, sin trigonometría;
mas ¡ay! no sucede igual en Geometría,
pues si cuatro círculos tangentes quieren ser
y besar cada uno a los otros tres,
para lograrlo habrán de estar los cuatro
o tres dentro de uno, o alguno
por otros tres a coro rodeado.

De estar uno entre tres, el caso es evidente
pues son todos besados desde afuera.
Y el caso tres en uno no es quimera,
al ser éste uno por tres veces besado internamente.

Cuatro círculos llegaron a besarse,
cuanto menores tanto más curvados,
y es su curvatura tan sólo la inversa
de la distancia desde el centro.

Aunque este enigma a Euclides asombrara,
ninguna regla empírica es necesaria:
al ser las rectas de nula curvatura
y ser las curvas cóncavas tomadas negativas,
la suma de cuadrados de las cuatro curvaturas
es igual a un medio del cuadrado de su suma.

Espiar de las esferas
los enredos amorosos
pudiérale al inquisidor
requerir cálculos tediosos,
pues siendo las esferas más corridas,
a más de un par de pares
una quinta entra en la movida.

Empero, siendo signos y ceros como antes
para besar cada una a las otras cuatro,
El cuadrado de la suma de las cinco curvaturas
ha de ser triple de la suma de sus cuadrados.




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lunes, 13 de diciembre de 2021

"PLEGARIA DE IFIGENIA", de EURÍPIDES (GRECIA ANTIGUA, 484-406, a.d.n.e.)

fragmento perteneciente a la tragedia "Ifigenia en Aulis", de fecha xxxx  d.n.e.




-" Padre, tener quisiera la dulce voz de Orfeo y aun a las rocas hiciera conmoverse. Las piedras me siguieran al ir yo cantando. Siquiera mis palabras pudieran ablandar duros corazones. Pero no tengo más elocuencia que la de mis lágrimas.

¿Qué poder tengo yo? Abrazarme solamente a tus rodillas, y llevar en mi abono a este tiernecito infante que mi madre dio a luz.

Y, ¿qué te ruego ahora? ¡Que no me sacrifiques; no pido más! Que no me fuerces a bajar al Hades.

Yo soy tu primogénita. Y es tan bella la luz del día.

Yo fui la primera que en tus rodillas pusieron y te hice ser feliz y la primera de quien la voz oíste. ¿No lo recuerdas? Me decías emocionado: ¡Hijita mía! ¿Tendré la dicha de verte feliz alguna vez? ¿Te veré al lado de un esposo viril y fuerte, como tú mereces?

Y yo te respondía: ¿Padre, tendré la dicha de verte ya anciano y hospedarte en mi casa, a cambio de tantas solicitudes que por mí has tenido?

Bien recuerdo estas dulces palabras. Quien ha olvidado todo eres tú.

Ahora intentas quitarme la vida.

¿Qué tengo yo que ser la víctima de esas nupcias falaces de Alejandro y Helena? ¿Que venga ello o no venga, de mi vida depende?

Pon tus ojos en mí. Bésame al fin. Si estoy destinada a la muerte, llevaré el recuerdo de tu beso postrero. (Se vuelve al niño Orestes):
—Tú, hermano mío, ¡qué pequeñito eres! ¿Qué ayuda podrías dar a los tuyos?

Llorando estás. Tus lágrimas son un mudo ruego ante mi padre. No quieres que yo muera. ¡Los niños mismos que no han llegado al habla tienen presagios de la humana desdicha!

Padre, ¿lo ves? ¡Te ruega sin palabras! ¿Despreciarás su ruego?

Él hablar no puede; hablo yo y los dos ante ti estamos rendidos. Basta lo dicho. Si no lo entiendes, estás perdido.

¡Vida aun con dolor es grata siempre! Los muertos nada son y es insensato aquel que quiere morir. ¡Más dulce es vida en pena que venturosa muerte!"





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viernes, 10 de diciembre de 2021

"El vulgo comúnmente se aficiona", soneto ANÓNIMO (ESPAÑA, siglo XVI, d.n.e.)


El vulgo comunmente se aficiona
a la que sabe que es donzella y moça,
porque assi le pareze al que la goça
que le coge la flor de su persona.

Yo para mi mas quiero una matrona
que con mil artificios se remoza,
y por gozar de aquel que la retoza
una hora de la noche no reposa.

La donzella, nada haze de su parte,
quando la goçan, cosa que aproveche,
ni se menea ni da los dulces besos;

mas la otra lo haze de tal arte
y amores os dira, que miel y leche
convierte las medulas de los huesos.






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jueves, 9 de diciembre de 2021

"Sueño", de CRISTÓBAL DE CASTILLEJO (ESPAÑA, 1490-1550, d.n.e.)

Yo, mi señora, soñaba
esta noche que pasó
que, desnudo como estaba,
a vuestra merced me hallaba
sin camisa como yo;
y del placer que tenía,
soñaba que recibía
tanta turbación y miedo,
que estaba gran rato quedo
sin saber qué me haría.

Soñaba que estando así
tan turbado, despertastes,
y volviéndoos contra mí
dijistes: —“¿Quién anda ahí?
Mal hombre, ¿por dónde entrastes?”
Yo, por no dar ocasión
de mayor alteración,
muy pasito respondía:
—“No temáis, señora mía,
que pasos seguros son”.

—“¡Andá con Dios! ¿Qué queréis?
¡Oh, qué dañosa venida!”
—“¿Señora, ¿no conocéis
al más vuestro, que traéis
muerto mil veces en vida?”
—“¿Quién sois vos?”—“Yo soy aquel
a quien, por seros más fiel,
sois vos menos pïadosa;
vencístesme de hermosa
y matáisme de crüel”.

—“Bien me agrada la razón,
pero no el atrevimiento”.
—“Donde sobra la pasión,
no creáis que el corazón
puede tener sufrimiento”.
—“¡Gentil excusa, por Dios!
¿Si algunos os viese aquí a vos?”
—“No tengáis, señora, pena,
que la santa Magdalena
está en guarda por los dos”.

Esto diciendo, sentía
que a vos, señora, llegaba,
y claro me parecía
que el temor me defendía
lo que el amor me mandaba;
mas, con miedo de perder
de gozar de tal mujer,
deseché los embarazos
y, tomándoos en mis brazos,
di comienzo a mi placer.

Los ojos gozan de veros
y la boca de besaros;
yo descansaba en teneros;
vos pagastes, sin dineros,
la deuda de desearos…
Y en estos actos estando,
de tanta gloria gozando
cual nadie puede sentir,
desperté para morir,
porque vivo deseando.






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martes, 7 de diciembre de 2021

"El nudo", de DELMIRA AGUSTINI (Uruguay, 1886-1914 d.n.e.)


Su idilio fue una larga sonrisa a cuatro labios.
En el regazo cálido de rubia primavera.
Amáronse talmente que entre sus dedos sabios
palpitó la divina forma de la Quimera.

En los palacios fúlgidos de las tardes en calma
hablábanse un lenguaje sentido como un lloro,
y se besaban hondo hasta morderse el alma!
Las horas deshojáronse como flores de oro.

Y el Destino interpuso sus dos manos heladas...
¡Ah! los cuerpos cedieron, mas las almas trenzadas
son el más intrincado nudo que nunca fue.

En lucha con sus locos enredos sobrehumanos
las Furias de la vida se rompieron las manos
y fatigó sus dedos supremos Ananké...






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domingo, 5 de diciembre de 2021

"El primer beso", de CLARICE LISPECTOR (CHAYA PINJASOVNA LISPECTOR) (BRASIL, 1920-1977, d.n.e.)

Cuento perteneciente al libro "Felicidad clandestina", de fecha 1971  d.n.e.



Más que conversar, aquellos dos susurraban. Hacía poco que su romance había empezado y andaban como tontos. Era el amor y con el amor vinieron también los celos.

-Está bien, te creo que soy tu primera novia. Pero dime la verdad, ¿nunca antes habías besado a una mujer?

-Sí, ya he besado a una mujer.

-¿A quién? -preguntó ella.

Toscamente intentó contárselo, pero no sabía cómo.

Fue durante una excursión. El autobús subía lentamente por la sierra y él, uno de los muchachos en medio de la muchachada bulliciosa, dejaba que la brisa fresca le diese en la cara y se le hundiera en el pelo con dedos largos, finos y sin peso. Qué bueno era quedarse a veces quieto, sin pensar casi, solo sintiendo. Concentrarse en sentir era difícil en medio de la barahúnda de los compañeros.

De pronto le había dado sed.

¡Caray! Cómo se secaba la garganta en esos paseos. Y ni sombra del agua. La cuestión era juntar saliva, y eso fue lo que hizo. Después de juntarla en la boca ardiente la tragaba despacio, y luego una vez más, y otra. Era tibia, sin embargo, la saliva, y no quitaba la sed. Una sed enorme, más grande que él mismo, que ahora le invadía todo el cuerpo.

La brisa fina, antes tan buena, había dado paso a un sol del mediodía árido y caliente que al entrarle por la nariz le secaba todavía más la poca saliva que había juntado pacientemente.

¿Y si tapase la nariz y respirase un poco menos de aquel viento del desierto? Probó un momento, pero se ahogaba en seguida. La cuestión era esperar, esperar. Tal vez minutos, tal vez horas, mientras que la sed que tenía era de años.

No sabía cómo ni por qué, pero ahora se sentía más cerca del agua y los ojos se le iban más allá de la ventana recorriendo la carretera, penetrando entre los arbustos, explorando, olfateando.

El instinto animal que lo habitaba no se había equivocado: tras una inesperada curva de la carretera, entre arbustos estaba la fuente de donde brotaba un hilillo de agua soñada. El autobús se detuvo, todos tenían sed, pero él consiguió llegar primero a la fuente de piedra, antes que nadie.

Cerró los ojos, entreabrió los labios y ferozmente los acercó al orificio de donde chorreaba el agua. El primer sorbo fresco bajó, deslizándose por su pecho hasta el estómago.

Era la vida que volvía, y con ella se encharcó todo su interior arenoso hasta saciarse. Ahora podía abrir los ojos.

Los abrió, y muy cerca de su cara vio dos ojos de estatua que lo miraban fijamente, y vio que era la estatua de una mujer, y que era de la boca de la mujer de donde salía el agua.

Se acordó de que al primer sorbo había sentido realmente un contacto gélido en los labios, más frío que el agua.

Y entonces supo que había acercado la boca a la boca de la mujer de la estatua de piedra. La vida había chorreado de aquella boca, de una boca hacia otra.

Intuitivamente, confuso en su inocencia, se sintió intrigado. Pero si no es de la mujer de quien sale el líquido vivificante, el líquido germinador de la vida. Miró la estatua desnuda.

La había besado.

Lo invadió un temblor que desde fuera no se veía y que, muy adentro, se apoderó de todo se cuerpo y convirtió su rostro en una brasa viva.

Dio un paso hacia atrás o hacia delante, ya no sabía qué estaba haciendo. Perturbado, atónito, se dio cuenta de que una parte de su cuerpo, antes siempre serena, estaba ahora en una tensión agresiva, y eso no le había ocurrido nunca.

Dulcemente agresivo, se hallaba de pie, solo en medio de los demás con el corazón latiendo pausada, profundamente, sintiendo cómo se transformaba el mundo. La vida era totalmente nueva, era otra, descubierta en un sobresalto. Estaba perplejo, en un equilibrio frágil.

Hasta que, surgiendo de lo más hondo del ser, de una fuente oculta en él chorreó la verdad. Que en seguida lo llenó de miedo y también de un orgullo que no había sentido nunca.

Se había…

Se había hecho hombre.




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