jueves, 14 de noviembre de 2019

"La pasión según Carmela", de MARCOS AGUINIS (ARGENTINA, 1935--, d.n.e.)

Capítulo XII perteneciente al libro "La pasión según Carmela", de fecha 2008  d.n.e.



Mi vendaje con la manga de la camisa había sido oportuno y firme. El esguince no fue acompañado por una fractura, como me había hecho suponer la intensidad del dolor, y pude dejar en unos días las muletas. Decidí tomar la iniciativa que venía incubando con la fiebre del deseo.

—Debo entregarte una carta —susurré a Ignacio en el crepúsculo, cuando ya preparaban la cena.

—¿Una carta? —Se peinó con los dedos su larga cabellera de bronce.

—Debo entregártela sin testigos. —Me desconocía en ese revolear de mentiras.

—Bueno... vamos a un aparte.

Entrégamela ahora.

—Shhhh... será más tarde, cuando los compañeros se hayan dormido.

Ignacio se tironeó la dorada barbita.

—¡Tanto secreto! ¿Podes darme una pista?

—No. A las once nos reunimos en el camino del restaurante.

—Ah... el restaurante —Ignacio sonrió

—. Creo que a esa hora estará cerrado, ¿o lo abrirán para nosotros? Queda lejos.

—Dije en el camino, Ignacio, en el camino.

—De mala gana estoy frenando mi curiosidad.

Me quedé leyendo en la carpa, protegida de los mosquitos. A las once partí sigilosa, consciente de que mi fisiología se había transformado en usina nuclear. Semejante excitación no me había invadido ni cuando noviaba con mi ex marido.

La noche era magnífica. Los pasos de mis borceguíes me parecieron exordios de un ataque por sorpresa. Mis manos acariciaban los árboles del camino incierto para no desviarme. Las fragancias que Ignacio me había enseñado a diferenciar ayudaban, o me hacían suponer que ayudaban a orientarme, pero me mordí los labios al darme cuenta de que la oscuridad era demasiado densa a medida que aumentaba la espesura del bosque. Me iba a perder. El olor de un animal muerto, quizá una rata de campo despedazada, me golpeó como una pared. Dispuse seguir otro poco. Volvió la fragancia, pero más débil. ¿Era la altura? ¿El cansancio?

—Carmela... —escuché el susurro.

Me llovió alegría.

—Sí, soy yo. ¿Dónde estás?

—Delante de ti, ¿no me ves?

Apoyado sobre el tronco de un árbol pude distinguir la indefinida dentadura de Ignacio.

—¿Trajiste la carta?

Extendí mis manos hasta tocar las de él.

—Eres como los gatos, puedes ver en la oscuridad —dije.

—No, no —replicó—, ese mérito sólo corresponde a Ulises.

—¿Ver en la oscuridad?

—Tener ojos de gato.

—De los gatos con mala entraña — corregí.

—Este sendero lo hice tantas veces que me lo sé de memoria. Tus pasos, tu respiración me dijeron: ¡ahí llega el correo. Pero no podré leer la carta, porque olvidé la linterna.

—No te preocupes, no hace falta leerla. Te la voy a decir.

La proximidad de nuestros labios no tuvo resistencia y nos unimos en un beso seguido de otro beso más largo y un tercero más largo aún, guarnecidos por el constrictor abrazo que nos mantuvo juntos en un espacio donde nada existía en torno, sino la sensación del otro cuerpo. Nos apoyamos en el tronco del castaño y seguimos besándonos y apretándonos hasta quedar extenuados.

Resbalamos lento, con ternura. El pasto transpiraba su rocío. Rodamos por los cojines de gramilla. Por instantes abría mis ojos, acostumbrados ya a la oscuridad, y pude ver estrellas entre las costuras del follaje. Las luciérnagas se entusiasmaron con nuestra fiesta y reverberaron sus chorros de luz.

Los besos pasaron a convertirse en exploradores insaciables, corrían por las sienes, los cabellos, la nuca, las orejas. Enmelaron nuestras mejillas. Ignacio prefería bucear en mi cuello y nadó por su orografía hasta decidirse a una levitación que lo depositó de nuevo en mi boca. Nuestras lenguas se enredaron. Después bajó al mentón, onduló por mi garganta y patinó ida y vuelta a lo largo del esternón que mis pechos escoltaban impacientes. Respirábamos con apuro y nuestras extremidades se extendieron con ambición imperial. Nos acariciamos a palmas llenas. Algunos avances eran interrumpidos por dudas fugaces. La excitación se había transformado en hoguera. Las llamas exigían la consumación y sentí que la Sierra temblaba.

Luego permanecimos sobre el lecho vegetal, oscuro y apacible. Nos costaba despegarnos. La transpirada piel ya no estaba iluminada por unas estrellas y la joyería de luciérnagas, sino por el curioso borde de la luna que atravesaba el ramaje. Todo era tan perfecto que se reactivó un latente temor. Para disimularlo, Ignacio dibujó palabras en mi frente.

—¿Escribes?

—Sí, te pregunto por la carta.

—Te la di, eran puros besos.

—Sos ocurrente.

—Pero tú sigues escribiendo —dije.

—Sí, cuento lo que acaba de suceder.

—Dímelo.

—No puedo.

—¿Cómo que no puedes?

—Me refiero a otra cosa.

—Me muero de curiosidad.

—Como yo antes, de curiosidad por la carta que me ibas a entregar. —Ignacio dejó caer la mano.

—¿Qué te pasa ahora?

Se sentó de espaldas y frotó sus cabellos. Intuí que iba a decirme algo importante, una confesión quizá, pero la sola idea de hacerlo lo perturbó tanto que se puso de pie.

—Vistámonos. Te podes enfriar.

—¡Esto sí que es raro! —protesté—. En serio, ¿qué te ocurre?

Ignacio sabía que a veces sus nervios lo hacían cometer estupideces. Pero no me podía explicar todavía el conflicto; en su cabeza había más espectros que en las siluetas nocturnas del bosque.



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martes, 12 de noviembre de 2019

"La muerte o antesala de consulta", de de VICENTE ALEIXANDRE (España, 1898-1984 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Pasión de la tierra", de fecha 1928-1929  d.n.e.



Iban entrando uno a uno y las paredes desangradas no eran de mármol frío. Entraban innumerables y se saludaban con los sombreros. Demonios de corta vista visitaban los corazones. Se miraban con desconfianza. Estropajos yacían sobre los suelos y las avispas los ignoraban. Un sabor a tierra reseca descargaba de pronto sobre las lenguas y se hablaba de todo con conocimiento. Aquella dama, aquella señora argumentaba con su sombrero y los pechos de todos se hundían muy lentamente. Aguas. Naufragio. Equilibrio de las miradas. El cielo permanecía a su nivel, y un humo de lejanía salvaba todas las cosas. Los dedos de la mano del más viejo tenían tanta tristeza que el pasillo se acercaba lentamente, a la deriva, recargado de historias. Todos pasaban íntegramente a sí mismos y un telón de humo se hacía sangre todo. Sin remediarlo, las camisas temblaban bajo las chaquetas y las marcas de ropa estaban bordadas sobre la carne. «¿Me amas, di?» La más joven sonreía llena de anuncios. Brisas, brisas de abajo resolvían toda la niebla, y ella quedaba desnuda, irisada de acentos, hecha pura prosodia. «Te amo, sí» —y las paredes delicuescentes casi se deshacían en vaho. «Te amo, sí, temblorosa, aunque te deshagas como un helado». La abrazó como a música. Le silbaban los oídos. Ecos, sueños de melodía se detenían, vacilaban en las gargantas como un agua muy triste. «Tienes los ojos tan claros que se te transparentan los sesos». Una lágrima. Moscas blancas bordoneaban sin entusiasmo. La luz de percal barato se amontonaba por los rincones. Todos los señores sentados sobre sus inocencias bostezaban sin desconfianza. El amor es una razón de Estado. Nos hacemos cargo de que los besos no son de biscuit glacé. Pero si ahora se abriese esa puerta todos nos besaríamos en la boca, ¡Qué asco que el mundo no gire sobre sus goznes! Voy a dar media vuelta a mis penas para que los canarios flautas puedan amarme. Ellos, los amantes, faltaban a su deber y se fatigaban como los pájaros. Sobre las sillas las formas no son de metal. Te beso, pero tus pestañas... Las agujas del aire estaban sobre las frentes: qué oscura misión la mía de amarte. Las paredes de níquel no consentían el crepúsculo, lo devolvían herido. Los amantes volaban masticando la luz. Permíteme que te diga. Las viejas contaban muertes, muertes y respiraban por sus encajes. Las barbas de los demás crecían hacia el espanto: la hora final las segará sin dolor. Abanicos de tela paraban, acariciaban escrúpulos. Ternura de presentirse horizontal. Fronteras.

La hora grande se acercaba en la bruma. La sala cabeceaba sobre el mar de cáscaras de naranja. Remaríamos sin entrañas si los pulsos no estuvieran en las muñecas. El mar es amargo. Tu beso me ha sentado mal al estómago. Se acerca la hora.

La puerta, presta a abrirse, se teñía de amarillo lóbrego lamentándose de su torpeza. Dónde encontrarte, oh sentido de la vida, si ya no hay tiempo. Todos los seres esperaban la voz de Jehová refulgente de metal blanco. Los amantes se besaban sobre los nombres. Los pañuelos eran narcóticos y restañaban la carne exangüe. Las siete y diez. La puerta volaba sin plumas y el ángel del Señor anunció a María. Puede pasar el primero.




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lunes, 11 de noviembre de 2019

"El beso", de LUIS PALÉS MATOS (PUERTO RICO, 1899-1955, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Azaleas", de fecha 1915  d.n.e.



Óleo de Vicente Romero Redondo

El champagne de la tarde sedativa
embriagó la montaña y el abismo,
de una sedosidad de misticismo,
y de una opalescencia compasiva.

Hundiste el puñal zarco de tu altiva
mirada en mis adentros, y el lirismo
cundió mi alma de romanticismo:
rodó la gema de la estrofa viva.

Entonces gimió el cisne de mi ansia,
por el remanso lleno de arrogancia
de tus ojos nostálgicos y sabios;

y la dorada abeja del deseo,
en su errante y sutil revoloteo
buscó el clavel sangriento de tus labios.





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viernes, 8 de noviembre de 2019

"Yo te recuerdo", canción de ROBERTO CARLOS Braga Moreira, cantante (BRASIL, 1941--, d.n.e.)

Canción perteneciente al Álbum "Los más grandes éxitos de Roberto Carlos. Vol. III", de fecha 1973  d.n.e.



Yo te recuerdo...,
cuando han pasado algunos años.
Yo te recuerdo,
aunque al hacerlo me haga daño.

¡Cómo recuerdo,
cuando al mirarnos
sin pensar nos abrazamos!
Así, recuerdo
con qué ternura
con besos nos amamos.

Yo te recuerdo...,
en cada día que me amanece,
cuando mi estrella esta sonriente
o se entristece.

En cada pájaro que vuela,
en cada tarde que se aleja,
en el rocío que se posa
al borde de una blanca rosa.

Yo te recuerdo...,
porque nunca te olvidé.

Yo te recuerdo...,
en cada día que me amanece,
cuando mi estrella esta sonriente
o se entristece.

En cada pájaro que vuela,
en cada tarde que se aleja,
en el rocío que se posa
al borde de una blanca rosa.

Yo te recuerdo...,
porque nunca te olvidé.



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miércoles, 6 de noviembre de 2019

"Tus besos", canción de JUAN LUIS GUERRA SEIJAS (REPÚBLICA DOMINICANA, 1957--, d.n.e.)

A ti te canto, solo a ti
(Gua, guarará)
Bachata con inspiración
(Gua, guarará)
A ti princesa linda de mi corazón
Oooh de mi corazón

Amada tu eres para mí
(Gua, guarará) Como ramito de azahar
(Gua, guarará) Manzana y palomita de mi palomar
Ooh de mi palomar

Amor intenso, más ancho que el mar,
tus besos se han quedado en mi cara, mujer,
son como sellitos de amor en mi piel.

Tus besos..., procurándome en esta canción
viven en la esquina de mi corazón.

Tus besos me enamoran, me colman de bien
Besos de ternura, besitos de miel,
tus besos que me arrullan, me dan la ilusión,
bálsamo y perfume para mi corazón,

oooh, oooh, para mi corazón.
Hermosa luces para mí
(Gua, guarara)
Tus ojos mi revelación
(Gua, guarara)
No hay nada como el dulce que tiene tu voz.
No, como el dulce que tiene tu voz.

Perfecta tu eres para mí
(Gua, guarara) Tu cuello y tus cabellos son
(Gua, guarara)
Columna de palacio y orquídeas de sol
Ooh orquídeas de sol
Incienso y mirra pa' mi corazón.

Porque tus besos...
tus besos se han quedado en mi cara
, mujer,
son como sellitos de amor en mi piel.

Tus besos..., procurándome en esta canción
viven en la esquina de mi corazón.

Tus besos me enamoran, me colman de bien
Besos de ternura, besitos de miel,
tus besos que me arrullan, me dan la ilusión,
bálsamo y perfume para mi corazón,

oooh, oooh, para mi corazón.

Vístete de amanecer, cúbreme con tu esplendor.
Muéstrame cuán alto y profundo es tu amor,
Ooh, cuán alto y profundo es tu amor.

Tus besos se han quedado en mi cara, mujer,
son como sellitos de amor en mi piel.

Tus besos..., procurándome en esta canción
viven en la esquina de mi corazón.

Tus besos me enamoran, me colman de bien
Besos de ternura, besitos de miel,
tus besos que me arrullan, me dan la ilusión,
bálsamo y perfume para mi corazón,

oooh, oooh, para mi corazón.

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lunes, 4 de noviembre de 2019

"Besos", canción de VÍCTOR ESCALONA, cantante (VENEZUELA, d.n.e.)


Hay besos que son de café
y quitan el sueño de noche y de día,
hay besos que huelen a otoño
y quedan perdidos en melancolía.

Hay besos que no tienen dueño
y siempre parecen una despedida,
hay besos que guardan secretos
y adornan el parque en la tarde escondida

Pero tus besos no quiero entenderlos,
me gustan... que hasta me da miedo.
Me llevan al cielo
y me canta el corazón

Pero tus besos no dicen mentiras
y riman con mi poesía
llenando la tinta
con la que escribo esta canción.

Hay besos que son calendario
y tienen la fecha, la hora y el día.
Hay besos de desesperados
y rompen la calma entre tanta rutina.

Un beso que nunca se olvida,
que solo aparece una vez en la vida:
el beso de primera vez,
que queda en la lista de cosas bonitas.

Pero tus besos no quiero entenderlos,
me gustan... que hasta me da miedo.
Me llevan al cielo
y me canta el corazón

Pero tus besos no dicen mentiras
y riman con mi poesía
llenando la tinta
con la que escribo esta canción.


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viernes, 1 de noviembre de 2019

"Dormida", de JOSÉ JULIÁN MARTÍ PÉREZ (CUBA, 1853-1895, d.n.e.)

"Dulces sueños", de Antonio Frilli

Más que en los libros amargos
el estudio de la vida,
pláceme, en dulces letargos,
Verla dormida.

De sus pestañas al peso
el ancho párpado entorna,
lirio que, al sol que se torna,
se cierra pidiendo un beso.

Y luego como fragante
magnolia que desenvuelve
sus blancas hojas, revuelve
el tenue encaje flotante

de mi capricho al vagar
imagínala mi Amor,
¡una Venus del pudor
Surgiendo de un nuevo mar!

Cuando la lámpara vaga
en este templo de amores,
con sus blandos resplandores
más que la alumbra, la halaga;

cuando la ropa ligera
sobre su cutis rosado,
ondula como el alado
pabellón de Primavera;

cuando su seno desnudo,
indefenso, a mi respeto
pone más valla que el peto
de bravo guerrero rudo;

siento que puede el amor,
dormida y desnuda al verla,
dejar perla a la que es perla,
dejar flor a la que es flor.

Sobre sus labios podría
los labios míos posar,

y en su seno reclinar
la pobre cabeza mía,

y con mi aliento volver
mariposa a la crisálida;
y a la clara rosa pálida
animar y enrojecer.

Pero aquí, desde la sombra,
donde amante la contemplo,
manchar no quiero del templo
con paso impuro la alfombra.

Al acercarme, en ligera
procesión avergonzado,
¿no volaría el alado
pabellón de primavera?

¡Al reflejarme, el espejo,
que la copia entre albas hojas,
negras las tornara y rojas
de la lámpara al reflejo!

Dicen que suele volar
por los espacios perdida
el alma, y en otra vida
sus alas puras bañar;

dicen que vuelve a venir
a su cuerpo con la Aurora,
para volver —¡la traidora!—
con cada noche a partir,

Y si su espíritu en leda
beatitud los cielos hiende,
de esa mujer que se extiende
bella ante mí ¿qué me queda?

Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡y viajera por lo ignoto
la luz que los encendía!

Y ¿a mí que tanto te quiero,
delicada peregrina,
turbar la marcha divina
de tu espíritu viajero?

¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme, mariposa mía!
Vuela bien: ¡mi mano impía
no irá a cortarte las alas!


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martes, 22 de octubre de 2019

"Las dos cabezas", de GUILLERMO VALENCIA CASTILLO (COLOMBIA, 1873-1943 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Ritos", de fecha 1898  d.n.e.

         Omnis plaga tristitia cordis est 
         et omnis malitia, nequitia mulieris.
                        El Eclesiástico
          JUDITH y HOLOFERNES
                  (TESIS)
Blancos senos, redondos y desnudos, que al paso
de la hebrea se mueven bajo el ritmo sonoro
de las ajorcas rubias y los cintillos de oro,
vivaces como estrellas sobre la tez de raso.

Su boca, dos jacintos en indecible vaso,
da la sutil esencia de la voz
. Un tesoro
de miel hincha la pulpa de sus carnes. El lloro
no dio nunca a esa faz languideces de ocaso.

Yacente sobre un lecho de sándalo, el Asirio
reposa fatigado, melancólico cirio
los objetos alarga y proyecta en la alfombra...

Y ella, mientras reposa la bélica falange
muda, impasible, sola, y escondido el alfanje,
para el trágico golpe se recata en la sombra.

                      * * *
Y ágil tigre que salta de tupida maleza,
se lanzó la israelita sobre el héroe dormido,
y de doble mandoble, sin robarle un gemido,
del atlético tronco desgajó la cabeza.

Como de ánforas rotas, con urgida presteza,
desbordó en oleadas el carmín encendido,
y de un lago de púrpura y de sueño y de olvido,
recogió la homicida la pujante cabeza.

En el ojo apagado, las mejillas y el cuello,
de la barba, en sortijas, al ungido cabello
se apiñaban las sombras en siniestro derroche

sobre el lívido tajo de color de granada
y fingía la negra cabeza destroncada
una lúbrica rosa del jardín de la Noche.

                      * * *
   SALOMÉ y JOAKANANN
               (ANTÍTESIS)
Con un aire maligno de mujer y serpiente,
cruza en rápidos giros Salomé la gitana
al compás de los crótalos. De su carne lozana
vuela equívoco aroma que satura el ambiente.

Danza todas las danzas que ha tejido el Oriente:
las que prenden hogueras en la sangre liviana
y a las plantas deshojan de la déspota humana
o la flor de la vida, o la flor de la mente.

Inyectados los ojos, con la faz amarilla,
el caduco Tetrarca se lanzó de su silla
tras la hermosa, gimiendo con febril arrebato:

«Por la miel de tus besos te daré Tiberiades»,
y ella dícele: «En cambio de tus muertas ciudades,
dame a ver la cabeza del Esenio en un plato».

                      * * *
Como viento que cierra con raquítico arbusto,
en el viejo magnate la pasión se desata,
y al guiñar de los ojos, el esclavo que mata
apercibe el acero con su brazo robusto.

Y hubo grave silencio cuando el cuello del Justo,
suelto en cálido arroyo de fugaz escarlata,
ofrecieron a Antipas en el plato de plata
que él tendió a la sirena con medroso disgusto.

Una lumbre que viene de lejano infinito
da a las sienes del mártir y a su labio marchito
la blancura llorosa de cansado lucero.

Y —del mar de la muerte melancólica espuma—
la cabeza sin sangre del Esenio se esfuma
en las nubes de mirra de sutil pebetero.

          LA PALABRA DE DIOS
              (SÍNTESIS)
Cuando vio mi poema Jonatás el Rabino
(el espíritu y carne de la bíblica ciencia),
con la risa en los labios me explicó la sentencia
que soltó la Paloma sobre el Texto divino.

Nunca pruebes, me dijo, del licor femenino,
que es licor de mandrágoras y destila demencia;
si lo bebes, al punto morirá tu conciencia,
volarán tus canciones, errarás el camino.

Y agregó: Lo que ahora vas a oír no te asombre:
la mujer es el viejo enemigo del hombre;
sus cabellos de llama son cometas de espanto.

Ella libra la tierra del amante vicioso,
y Ella calma la angustia de su sed de reposo
con el jugo que vierten las heridas del santo.




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domingo, 20 de octubre de 2019

"Qasida de la mujer tendida", de FEDERICO GARCÍA LORCA (ESPAÑA, 1898-1936, d.n.e.)

Konstantin Razumov, "Bata rosa".

Verte desnuda es recordar la tierra,
la tierra lisa, limpia de caballos,
la tierra sin un junco, forma pura,
cerrada al porvenir; confín de plata.

Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.

Verte desnuda es recordar la tierra,
la tierra lisa, limpia de caballos.
Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle.

La tierra sin un junco, forma pura,
cerrada al porvenir; confín de plata.
O la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.

La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espadas fulgurantes,
pero tú no sabrás dónde se ocultan
el corazón de sapo o la violeta.

Tu vientre es una lucha de raíces.
Tus labios son un alba sin contorno.
Bajo las rosas tibias de la cama
los muertos gimen esperando turno.




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jueves, 17 de octubre de 2019

"Recinto. XI", de CARLOS PELLICER CÁMARA (Méjico, 1897-1977 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Recinto y otras imágenes", de fecha 1941  d.n.e.



"Retrato de una joven", de Pierre Auguste Cot (1869)
La primera tristeza ha llegado. Tus ojos
fueron indiferentes a los míos. Tus manos
no estrecharon mis manos.
Yo te besé y tu rostro era la piedra seca
de las alturas vírgenes. Tus labios encerraron
en su prisión inútil mi primera amargura
.
En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano
besé tus ojos. Eras el oasis cruel
que envenenó sus aguas y enloqueció a la sed.
Y se fue levantando del horizonte una
nube. Su tez morena voló a color. De nuevo
fue oscureciendo el tono de los días de antes.
Yo abandoné tu rostro y mis manos
ausentaron las tuyas. Mi voz se hizo silencio.
Era el silencio horrible de los frutos podridos.
Oí que en mi garganta tropezó la derrota
con las piedras fatales.
Yo me cubrí los ojos
para no ver mis lágrimas que huían hacia mí.
Luego tú me besaste, dijiste algo. Yo oía
llorar mis propias lágrimas en el primer silencio
de la primer tristeza. El alma de ese día
llegó de lejos —tu alma— y se quedó en mi pecho.




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lunes, 14 de octubre de 2019

"Los recelos", de JOSÉ MARÍA HEREDIA (CUBA, 1803-1839 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Poesías líricas de don José María de Heredia". Poesías amatorias.", de fecha 1893  d.n.e.



"La primavera", de Rosalba Carriera (1675-1757)

¿Por qué, adorada mía,
mudanza tan cruel? ¿Por qué afanosa
evitas encontrarme, y si te miro,
fijas en tierra lánguidos los ojos y
y triste amarillez nubla tu frente?
¡Ay! do volaron los felices días
En que risueña y plácida me vías,
y tus ardientes ojos me buscaban,
y de amor y placer me enajenaban?
¡Cuántas veces en medio de las fiestas,
de una fogosa juventud cercada,
me aseguró de tu cariño tierno
una veloz simpática mirada!
Mi bien, ¿por qué me ocultas
el dardo emponzoñado que desgarra
tu puro corazón?... Mira que llenas
mi existencia de horror y de amargura:
dime, dime el secreto que derrama
el cáliz de dolor en tu alma pura.
Mas, ¿aún callas? ¡Ingrata! Ya comprendo
la causa de tu afán: ya no me amas,
ya te cansa mi amor... No, no; ¡perdona!
¡Habla, y hazme feliz!... ¡Ay! yo te he visto,
la bella frente de dolor nublada,
alzar los ojos implorando al cielo.
Yo recogí las lágrimas que en vano
pretendiste ocultar; tu blanca mano
estreché al corazón llena de vida
que por tu amor palpita, y azorada
me apartaste de ti con crudo ceño:
volví a coger tu mano apetecida,
sollozando a mi ardor la abandonaste,
y mientras yo ferviente la besaba,
bajo mis labios áridos temblaba
.
¿Te fingirás acaso
delito en mi pasión? Hermosa mía,
no temas al amor: un pecho helado,
al dulce fuego del sentir cerrado,
rechaza la virtud, a la manera
de la peña que en vano
riega a torrentes la afanosa lluvia,
sin que fecunde su fatal dureza;
y el amor nos impone
por ley universal Naturaleza.

Rosa de nuestros campos, ¡ah! no temas
que yo marchite con aliento impuro
tu virginal frenor. ¡Ah! ¡te idolatro!...
Eres mi encanto, mi deidad, mi todo.
¡Único amor de mi sencillo pecho!
Yo bajara al sepulcro silencioso
por hacerte feliz... Ven a mis brazos,
y abandónate a mí; ven, y no temas.
La enamorada tórtola tan solo
sabe aqueste lugar, lugar sagrado
ya de hoy más para mí... ¿Su canto escuchas
que en dulce y melancólica ternura
baña mi corazón?... Déjame, amada,
sobre tu seno descansar... ¡Ay! vuelve...
tu rostro con el mío
une otra vez, y tus divinos labios
impriman a mi frente atormentada
el beso del amor... Ídolo mío,
tu beso abrasador me turba el alma:

toca mi corazón cual late ansioso
por volar hacia ti... deja, adorada,
que yo te estreche en mis amantes brazos
sobre este corazón que te idolatra
¿Le sientes palpitar? ¿Ves cual se agita
abrasado en tu amor? ¡Pluguiera al cielo
que a ti estrechado en sempiterno abrazo
pudiese yo espirar! ¡Gozo inefable!
aura de fuego y de placer respiro;
confuso me estremezco:
¡ay! mi beso recibe... yo fallezco...
Recibe, amada mi postrer suspiro.




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miércoles, 9 de octubre de 2019

"Me sobra la poesía", de ELVIRA SASTRE SANZ (ESPAÑA, 1992--, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo", de fecha 2014  d.n.e.



           Me sobró el resto
           desde el primer beso.
Amor,
a mí desde que estás
me sobra amor por los cuatro puntos cardinales
de este país que no quería ser conquistado
y acabó enamorado de tu bandera.
Se me han roto las brújulas
y ahora mire donde mire
solo
estás
tú,
y un trozo de mar conjugado en futuro
y un beso en cada ola de tu marea
y varias frases cosidas a tu frente
para que leas poesía cada vez que te mires al espejo.

De igual manera
que me sobran las manos cuando no estás
y tengo demasiados latidos
para tan poco pecho
—aunque me hayas
hecho el corazón más grande que la pena—,
del mismo modo
que mis pies pierden el ritmo
cuando no van a tu casa
—el aire solo se mueve
cuando tú bailas—
y el cartero me pregunte por ti
de tanto escribirle tu nombre…

De igual manera,
me sobran las formas
y las excusas
y las palabras,
me sobra hasta el silencio
y el eco de las estaciones,
me sobra el pasado
y la tristeza
y los poemas,
me sobra la ciudad
y los enamorados que cabalgan sobre ella,
me sobran las mentiras
—menos esas que consiguen
que te quedes un ratito más—,
me sobran todos los besos llenos de tinta
y todas las palabras manchadas de saliva,

me sobra tu casa
y la mía
y las noches que duran días,
me sobra esta bendita paz
y esta ausencia de ruidos
que me has regalado,
me sobran mis dedos
y mis sueños
y mis dedos que te sueñan
y mis sueños con tus dedos,
me sobra el miedo
y los callejones
y la luz,
me sobran las huellas
porque me sobra el camino.

Desde que estás
me sobra todo lo que tengo
—me sobra hasta lo que no tengo—
porque tú me das todo.

Mi vida,
desde que estás tú
lo único que me falta
es la muerte.

Y no la echo de menos.





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domingo, 6 de octubre de 2019

"Bésame", canción de RICARDO MONTANER (Héctor Eduardo Reglero Montaner) (ARGENTINA, 1957--, d.n.e.)

Canción perteneciente al álbum "Sueño repetido", de fecha 2001  d.n.e.


Tamara Lempicka - Rozowa tunika, 1927


Bésame la boca, con tu lágrima de risa.
Bésame la luna y tapa el sol con el pulgar.
Bésame el espacio entre mi cuerpo y tu silueta,
y al mar más profundo, bésale con tu humedad.

Bésame el susurro que me hiciste en el oído.
Bésame el recorrido de mis manos a tu altar.
Con agua bendita de tu fuente, bésame toda la frente,
que me bautiza y me bendice... Esa manera de besar...

Besa mis campos y mis flores, con tus gotitas de colores.
Besa la lluvia, que resbala en la ventana.

Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Bésame y déjame con un grito que lo logre.
Besa el torrente de ilusiones. Bésame todas la pasiones.
Besa mi río hasta su desembocadura.

Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Besa mis días y mis noches, mis diluvios y mi cielo a pleno sol.

Bésame los ojos, aún dormido en la mañana.
Y bésame la piel, con el caudal de tu estrechez.
Con agua bendita de tu fuente, bésame toda la frente,
que me bautiza y me bendice... Esa manera de besar...

Besa mis cantos y mis flores, con tus gotitas de colores.
Besa la lluvia que resbala la ventana.

Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Bésame y déjame con un grito que lo logre.
Besa el torrente de ilusiones. Bésame todas la pasiones.
Besa mi río hasta su desembocadura.
Besa mi vida y mis cenizas... y me dirás que voy deprisa.
Besa mis días y mis noches, mis diluvios y mi cielo a pleno sol.

...Y mi cielo a pleno sol...



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martes, 1 de octubre de 2019

"Río turbio", de GONZALO ROJAS PIZARRO (CHILE, 1916-2011 d.n.e.)

"Desnudo", de Taras Loboda

No con semen de eyacular sino con semen de escribir
le digo a la paloma: —ábrete, paloma, y
se abre; —recíbeme,
y me recibe, erecto
y pertinaz, ahí mismo volamos

inacabables hasta más allá del Génesis setenta veces siete, y así
vaciado el sentido: —«Vuestra soy
gime con gemido en su éxtasis, para vos nací,
¿que mandáis hacer de mí?
». Ciego
de su olor, beso entonces un aroma
que no olí en mujer
: —«Guárdame
—irrumpo arterial— esta leche de dragón
hasta la Resurrección en la tersura
de tu figura de piel, clítoris
y más clítoris en el frenesí
de la Especie. No haya mortaja
entre nosotros
».

A lo que la posesa: —«Ay, cuerpo,
quien fuera eternamente cuerpo, tacto
de ti, liturgia
y lascivia de ti y el beso
corriera como huracán y yo fuera el beso
de mujer para aullarte
loba de mí,
Río
Turbio abajo hasta la Antártica, loca
como soy, zumbido del príncipe
».

De histeria y polvo, amor,
fuimos hechos, uno lee
ocioso en maya, en sánscrito las estrellas; ¡uno!
¿de qué escribe uno? —«Dínoslo
de una vez Teresa de Avila, Virginia
Woolf, Emily mía
Brónte de un páramo
a otro, Frida mutilada
que andas volando por ahí, ¿de qué
escribe uno?
»




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jueves, 26 de septiembre de 2019

"Ganas de ti", de CELSA BARJA RODRÍGUEZ (ESPAÑA, 1966--, d.n.e.)

Tengo ganas de anidar en ti
como ave nocturna,
replegarme en tu piel
abandonando mis alas
al calor de tus rincones,
abrigando mi frío
bajo el manto de caricias
que desdoblan sobre mí,
una a una,
tus insinuaciones...

Tengo ganas de compartirte
en un aliento en llamas,
de conmoverme
ante el verso mojado
que escribe tu pasión
en mi cintura,

con el corazón exhausto
de jugar con el tuyo
a salpicarnos ambos
en el charco del placer,
arrítmicos... locos...
desbocando fantasías,
cobrándonos con creces
las deudas de los poros,
cada pliegue, cada arruga...

Tengo ganas de abdicar
como cielo abierto en tu tormenta,
sentir que muerdes
los escrúpulos que no tengo...

que muero en ti,
como un afluente que necesita
agotarse al fin
en el cauce templado
de los instantes de tu lengua...

Tengo ganas de ti,
de esconderme en tu carne
lentamente,
desabrochando
cualquier imposible
en un beso que astille el escalofrío
de la memoria
más prístina de tu espalda,
de dejarme cincelar
gota a gota por tu saliva,
hasta ver mi sombra líquida,
entre tus labios, tallada...



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sábado, 21 de septiembre de 2019

"Bésame", canción interpretada por DAVID BISBAL (ESPAÑA, 1979--, d.n.e.) en colaboración con JUAN MAGÁN (ESPAÑA, 1978).

Canción perteneciente al Álbum "Bésame", de fecha 2019  d.n.e.



Quisiera inventar poesía en tu cuerpo, abrazados en el mar,
y que volvamos a ser lo que fuimos; perdamos el faro en la inmensidad.
Y que miremos esa Luna...: por más distancia solo hay una.
Hablemos idiomas, que solo entendamos qué significa amar.

Bésame, como si fuera ahora la primera vez.
Romper el tiempo..., niña. Bésame
y entre mis brazos yo por siempre te amaré.
Ven y bésame.

Cómo le hago si no llama, llama.
Ya no me escribe, no me ama, ama.
Sueño con ella desnuda y mojada,
y su perfume sigue aquí en mi cama.
Miro sus fotos para ser testigo,
que me olvidó, que ya no está conmigo.
Manda un mensaje, por favor te pido.
Dame el location, nena, yo te sigo.

Cómo le hago si no llama, llama.
Ya no me escribe, no me ama, ama.
Sueño con ella desnuda y mojada,
y su perfume sigue aquí en mi cama.
Miro sus fotos para ser testigo,
que me olvidó, que ya no está conmigo.
Manda un mensaje, por favor te pido.
Dame el location, nena, yo te sigo.

Bésame, como si fuera ahora la primera vez.
Romper el tiempo..., niña. Bésame
y entre mis brazos yo por siempre te amaré.
Ven y bésame.

Bésame mucho y a lo loco,
lentito, poco a poco,
que se ponga chinita tu piel cuando te toco.
Dame un beso intenso que me nuble el pensamiento.
Dame un beso suave pero lleno de sabor.
Y aunque tú pienses que estoy loco, bésame.
Calla y sálvame.

Quisiera llevarte a la casa de mis abuelos en Granáa,
tomarte una foto en la Alhambra, bajarte la luna moráa
y hacerte sentir que estás sola entre la multitud, y ahora
haremos el amor como si el día tuviera 30 horas.

Bésame como si fuera ahora la primera vez.
Romper el tiempo niña... Bésame.
Y aunque tú pienses que estoy loco, bésame.
Calla y sálvame.

Bésame, como si fuera ahora la primera vez.
Romper el tiempo..., niña. Bésame
y entre mis brazos yo por siempre te amaré.
Ven y bésame.


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lunes, 2 de septiembre de 2019

"Hormigas", de RAMÓN LÓPEZ VELARDE (MÉJICO, 1888-1921, d.n.e.)

"Franceca e Paolo davanti a Dante e Virgilio", de Ary Scheffer


A la cálida vida que transcurre canora
Con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
A la invicta belleza que salva y que enamora,
Responde, en la embriaguez de la encantada hora,
Un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán el perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,

en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.




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viernes, 30 de agosto de 2019

En el filo del gozo", de ROSARIO CASTELLANOS (MÉJICO, 1925-1974, d.n.e.)


I.
Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:
que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme
y resbale en espuma deshecha y humillada.

Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,
palabras que los vientos dispensan como pétalos,
campanas delirantes al crepúsculo.

Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,
todo lo que los lagos atesoran de cielo
más el bosque y la piedra y las colmenas.

Cuajada de cosechas bailo sobre las eras
mientras el tiempo llora por sus guadañas rotas.

Venturosa ciudad amurallada,
ceñida de milagros, descanso en el recinto
de este cuerpo que empieza donde termina el mío.


II.
Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,
rompiéndome en el filo del gozo o mansamente
lamiendo las arenas asoleadas.

Bajo tu tacto tiemblo
como un arco en tensión palpitante de flechas
y de agudos silbidos inminentes.

Mi sangre se enardece igual que una jauría
olfateando la presa y el estrago
pero bajo tu voz mi corazón se rinde
en palomas devotas y sumidas.


III. Tu sabor se anticipa entre las uvas
que lentamente ceden a la lengua
comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es el júbilo.
Cuando partes, arrasas jardines y transformas
la feliz somnolencia de la tórtola
en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas
el ánimo turbado te presiente
como los siervos jóvenes la vecindad del agua.




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jueves, 29 de agosto de 2019

"Tigres en el jardín", de ANTONIO CARVAJAL (ESPAÑA, 1945--, d.n.e.)


Como un ascua de odio te hemos visto en la aurora,
como un trigal de cielo derramado en la vega,
y hemos sorbido el agua que tu contacto dora
y ese aroma de rosas que nos cerca y anega.

En este huerto el lirio es feliz. Sólo implora
libertad nuestra sangre, mientras la nube llega,
se riza y, leve, pasa. Da el chamariz la hora,
y el gozo de la sombra, como un rencor, nos niega.

Solos entre las dalias, entre cedros y fuentes,
tanto nos asediamos que nos cala hasta el hueso
este amor sin futuro y esta luz de los dientes.

Tigres somos de un fuego siempre vivo e ileso,
y te odiamos por libre, recio sol, mientras puentes
de plata ha levantado la muerte a nuestro beso.




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miércoles, 28 de agosto de 2019

"Noviembre", de FEDERICO GARCÍA LORCA (ESPAÑA, 1898 - 1936 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Libro de poemas", de fecha 1921  d.n.e.



            Noviembre de 1920

Todos los ojos
estaban abiertos
frente a la soledad
despintada por el llanto.

Tin
tan,
tin
tan.

Los verdes cipreses
guardaban su alma
arrugada por el viento,
y las palabras como guadañas
segaban almas de flores.

Tin
tan,
tin
tan.

El cielo estaba marchito.
¡Oh tarde cautiva por las nubes,
esfinge sin ojos!
Obeliscos y chimeneas
hacían pompas de jabón.

Tin
tan,
tin
tan.

Los ritmos se curvaban
y se curvaba el aire,
guerreros de niebla
hacían de los árboles
catapultas.

Tin
tan,
tin
tan.

¡Oh tarde,
tarde de mi otro beso!

Tema lejano de mi sombra,
¡sin rayo de oro!
Cascabel vacío.
Tarde desmoronada
sobre piras de silencio.

Tin
tan,
tin
tan.




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