viernes, 19 de abril de 2019

"Ven a mí en sueños", de MARY SHELLEY (Mary Wollstonecraft Godwin) (INGLATERRA, 1797-1851 d.n.e.)

—¡Oh, ven a mí en sueños, mi amor;
no pediré una dicha más ansiada!
¡Ven con haces estrellados, mi amor,
y con tu beso acaricia mis párpados!

Y así fue, como las antiguas fábulas dicen,
que el amor visitó a una doncella griega,
hasta que ella perturbó el hechizo sagrado,
y despertó para encontrar sus esperanzas traicionadas.

Pero el apacible sueño velará mi vista,
y la lámpara de Psique se oscurecerá,
cuando en las visiones de la noche
renueves tus votos para mí.

Entonces, ¡ven a mí en sueños, mi amor,
no pediré una dicha más ansiada!
¡Ven con haces estrellados, mi amor.
y con tu beso acaricia mis párpados cerrados!



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jueves, 18 de abril de 2019

"Sueño nupcial ('placata Venere')", de DANTE GABRIEL ROSSETTI (INGLATERRA, 1828-1882)

Con cálida aflicción, al fin se deshizo el largo beso:
y como las últimas gotas repentinas caen
del resplandeciente alero cuando la tormenta ha huido,
a solas vaciló el latir de sus corazones.
Sus pechos se apartaron, con el brotar abierto
de las flores nupciales a su lado, extendidas
desde el tallo unido, mas aún sus bocas ardiendo
se acariciaron donde yacían separadas.

El sopor los hundió más profundamente que la marea
de los sueños, y sus sueños los vieron sumergirse
y escapar. Delicadas sus almas flotaron de nuevo
por esplendores acuáticos, y, ahogados, grises
objetos del día; hasta que, por un prodigio
de leños nuevos y corrientes, él se despertó y más
se maravilló: pues ella estaba a su lado.



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miércoles, 17 de abril de 2019

"Filosofía del amor", de PERCY BYSSHE SHELLEY (INGLATERRA, 1792-1822)

Poema perteneciente al libro "Poemas escogidos de Percy Bisshe Shelley", de fecha 1866  d.n.e.



Las fuentes se mezclan con el río,
y los ríos con el océano;
los vientos del cielo se mezclan para siempre
con una dulce emoción;
nada en el mundo es único,
todas las cosas por ley divina
se completan unas a otras...
¿por qué no debería hacerlo contigo?

Mira, las montañas besan el alto cielo
y las olas se acarician en la costa;
ninguna flor sería hermosa
si desdeña a sus hermanos:
y la luz del sol ama la tierra,
y los reflejos de la luna besan los mares...
¿De qué vale todo este amor
si tú no me besas?



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martes, 16 de abril de 2019

"La letanía de los siete besos", de CLARK ASHTON SMITH (EE.UU., 1893-1961)

I.
Beso tus manos, tus manos, cuyos dedos son delicados y pálidos como los pétalos del loto blanco.

II.
Beso tu cabello, que tiene el lustre de negras joyas, y es más oscuro que el Leteo, floreciendo a medianoche a través del sueño sin luna de tierras con fragancias de amapola.

III.
Beso tu frente, que se asemeja a la luna creciente en un valle de cedros.

IV.
Beso tus mejillas, donde persiste un leve rubor, como el reflejo de una rosa sostenida en una urna de alabastro.

V.
Beso tus párpados, los comparo con las flores veteadas de púrpura y me cierro bajo la opresión de una noche presente, en una tierra donde los ocasos son tan brillantes como las llamas del ámbar ardiente.

VI.
Beso tu garganta, cuya ardiente palidez es la del mármol calentado por el sol de otoño.

VII.
Beso tu boca, que tiene el sabor y el perfume de las frutas humedecidas con el rocío de una fuente mágica, en el paraíso secreto que solo nosotros encontraremos; un paraíso donde los que vienen nunca más se irán, ya que sus aguas son las del Leteo, y su fruto es el del árbol de la Vida.



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lunes, 15 de abril de 2019

"Era un fantasma del deleite", de WILLIAM WORDSWORTH (INGLATERRA, 1770-1850

Ella era un fantasma del deleite
cuando por vez primera la vi
ante mis ojos resplandeciente,
una adorable aparición enviada
para adornar un instante:
sus ojos eran como estrellas
de un bello crepúsculo,
como el atardecer
también sus cabellos oscuros.

Pero todo el resto de ella
provenía de la primavera y de la aurora gozosa:
una forma danzante,
una imagen radiante
que obsesiona, turba y descarría.

La observé más de cerca: era un espíritu,
¡pero una mujer también!
Leves y etéreos sus movimientos en el hogar,
y su paso era de virginal libertad;
un semblante en el que se contemplaban
dulces recuerdos, y promesas también.

Una criatura no demasiado brillante
ni excelente para lo cotidiano,
para los dolores fugaces, los engaños simples,
las alabanzas, los reproches, el amor, los besos,
las lágrimas y las sonrisas.

Ahora veo con ojos serenos
el mismo pulso de la máquina;
un ser respirando aire pensativo,
una peregrina entre la vida y la muerte,
la razón firme, la templada voluntad,
paciencia, previsión, fuerza y destreza.

Una mujer perfecta,
noblemente planeada para advertir,
para consolar,
para ordenar.
Y aún así, siempre un espíritu
que resplandece con algo de luz angelical.


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jueves, 11 de abril de 2019

"Él recuerda la olvidada belleza", de WILLIAM BUTLER YEATS (IRLANDA, 1865-1939)

Al rodearte en mis brazos,
estrecho contra mi corazón esa belleza
que hace tiempo se desvaneció del mundo:
coronas engastadas que reyes lanzaron
en pozos fantasmales, huyendo los ejércitos;
cuentos de amor tejidos con hebras de seda
por soñadoras damas, en telas
que nutrieron la polilla asesina:
rosas de tiempos perdidos,
que las damas trenzaron en sus cabellos;
lirios fríos de lluvia que las doncellas portaron
por lúgubres corredores sagrados,
donde brumas de incienso se elevaban
y que sólo Dios contemplaba:
ya que el pálido pecho, la mano demorada,
nos llegan de otras tierras más pesadas de sueño.
Y cuando tú suspiras entre besos
escucho la blanca Belleza también suspirando
por aquella hora cuando todo
deberá consumirse como el rocío.
Mas llama sobre llama y abismo sobre abismo,
y trono sobre trono y medio en sueños,
posadas sus espadas en sus férreas rodillas,
tristemente cavilan sobre grandes misterios solitarios.



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lunes, 8 de abril de 2019

"La belle dame sans merçi", de JOHM KEATS (INGLATERRA, 1795-1821)

—¡Oh! ¿Qué pena te acosa, caballero en armas,
vagabundo pálido y solitario?
Las flores del lago están marchitas;
y ningún pájaro canta.

¡Oh! ¿Por qué sufres, caballero en armas,
tan maliciento y dolorido?
La ardilla ha llenado su granero
y la mies ya fue guardada.

Un lirio veo en tu frente,
bañada por la angustia y la lluvia de la fiebre,
y en tus mejillas una rosa sufriente,
también mustia antes de su tiempo.

Una dama encontré en la pradera,
de belleza consumada, bella como una hija de las hadas;
largos eran sus cabellos, su pie ligero,
sus ojos hechiceros.

Tejí una corona para su cabeza,
y brazaletes y un cinturón perfumado.
Ella me miró como si me amase,
y dejó oír un dulce plañido.

Yo la subí a mi dócil corcel,
y nada fuera de ella vieron mis ojos aquel día;
pues sentada en la silla
cantaba una melodía de hadas.

Ella me reveló raíces de delicados sabores,
y miel silvestre y rocío celestial,
y sin duda en su lengua extraña me decía:
Te amo.

Me llevó a su gruta encantada,
y allí lloró y suspiró tristemente;
allí cerré yo sus ojos salvajes
sus ojos hechiceros, con mis labios.

Ella me hizo dormir con sus caricias
y allí soñé (¡Ah, pobre de mí!)
el último sueño que he soñado
sobre la falda helada de la montaña.

Ví pálidos reyes, y también princesas,
y blancos guerreros, blancos como la muerte;
y todos ellos exclamaban:
¡La 'belle dame sans merci' te ha hecho su esclavo!

Y ví en la sombra sus labios fríos abrirse
en terrible anticipación;
y he aquí que desperté,
y me encontré en la falda helada de la montaña.

Esa es la causa por la que vago,
errabundo, pálido y solitario;
aunque las flores del lago estén marchitas,
y ningún pájaro cante.



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viernes, 5 de abril de 2019

"Deseo", de FLOR ALBA URIBE (COLOMBIA, 1943--, d.n.e.)

La noche
traficante de eróticas consignas.
Los amantes transcurren hacia el éxtasis.
Un almizcle ritual de miel salobre
impregna el aire y su fervor me ubica
en el puntual laberinto del deseo.

Servidumbre
de labios suplicantes,

obstinada ambición que discrimina
todo gesto vital que no aproxime
la hoguera de otra piel, y el denso musgo.

Qué mercenario puñal,
qué ultrasonido,
qué atroz felicidad, qué fiera subterránea
podrá desvertebrar esta codicia,
este monstruo de sedas y pezuñas,
lengua en acecho, famélica pantera
que desoye la hora del que sufre,
el paso de la furia y sus escombros,
la complicidad
del aire en los violines,
y absorta en mi delirio sólo imploro
un cuerpo de varón, elemental, desnudo
que exorcice mis lúbricos fantasmas
mientras preso en mi vientre muere y vive.



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miércoles, 3 de abril de 2019

"El lecho de lirios", de ISABELLA VALANCY CRAWFORD (IRLANDA, 1850-1887)

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
fluyó hacia abajo en un lecho de lirios;

envuelto en una pausa de oro yacía,
entre los brazos de una apacible bahía.

Temblaba solo en su barca de corteza,
mientras los lirios rompían con certeza

el inmóvil cristal de la marea,
hiriendo la frágil proa de madera.

O cuando cerca de los delgadas plantas
levanta sus afiladas escamas de plata;

o cuando en el viento frío y sonoro
cae la libélula envuelta en oro

y todas las joyas y las amplias aguas,
en anillos cantan en sus alas;

o como el alma ardiente y alada,
que de la oscuridad desciende en llamas

sobre la fría ola, como el bálsamo
que por un gran espíritu es derramado,

el alma vuela en libertad, y el silencio se aferra
a las horas inmóviles, como cuelga la Tierra,

cortando la oscuridad, en los árboles,
a medias enterrados hasta las rodillas.

Se sentó en su quietud de plácidas hojas,
aferrado a sus sombras, doradas y rojas,

y sobre el suelo cóncavo, como una espiga,
cayó el rostro entre luces ambarinas.

Orgullosa y valiente espuma de madera,
perla brillante, una doncella frente a la marea.

Y él hubo de cantar de su alma el amor,
con la voz del águila y el dolor.

En lo alto, fuertes pinos fueron hechos de su lengua,
sus labios florecieron suaves en la sombra de la tormenta,

besando los femeninos pétalos, plateados despojos,
como lirios blancos en un íntimo arroyo.

Hasta hoy él permanece allí, en reposo,
su imagen pintada en ella, descanso glorioso.

Una isla entre dos azules no se derrite,
una gota de rocío en la costa

se alza como un crepúsculo púrpura,
sobre la vasta arena durmiendo bajo el cielo.

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
fluyó hacia arriba desde un lecho de lirios;

todas las flores, todos los lirios,
en la luz de la tarde la corteza agitaron.

Sus labios frescos rodearon la aguda proa,
sus caricias suaves treparon por los flancos,

con labios y senos tejieron su bóveda,
robando a sus ojos la noche estrellada;

con mano dorada ella tomó el cabello

de una nube roja, hasta su planicie de azur.

Furtivo, el dorado atardecer fluyó,
un viento frío de su cuerpo huyó.

Aceptaron lo alto, los árboles oscuros,
y los bajos lirios que cubrían todo.

Su bote de cedro, perfumado, rojizo,
escapó lejos de su lecho de lirios.



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lunes, 1 de abril de 2019

"Deshora", de EDUARDO MITRE (BOLIVIA, 1943--, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Líneas de Otoño", de fecha 1993  d.n.e.




La Ninfa de las cerezas, Alfredo Valenzuela Puelma, (1856-1909)


                      polvo serán, mas polvo enamorado
                                       Francisco de Quevedo

La cercanía infranqueable entre sus cuerpos.
Un puente de miradas donde se cruzan
y se separan.
                    En sus labios:
un vaivén de palabras
o de silencios
-no la lenta fragua del beso.
No el hondo goce
                      ni la dicha tersa
de las desnudeces enlazadas:
sólo el roce eléctrico
de los muslos que se adivinan.

Sólo el asombro de conocerse
en la esquina
de los tardíos encuentros.

Y el sueño donde quizá se poseen
al lado
de otro cuerpo que duerme.

Y el carbón del deseo
que ha de volverse sin duda
puro diamante

al precio de no haber sido nunca
los dos el mismo leño
la húmeda llama
                   en el lecho
                               de esta única vida.



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jueves, 14 de marzo de 2019

"A su esquiva amada", de ANDREW MARVELL (GRAN BRETAÑA, 1621-1678)


De tener tiempo y mundo suficientes,
no sería delito tu recato.
Dónde ir pensaríamos, sentados,
y en pasar nuestro amor en largo día.
Tú, en las riberas índicas del Ganges
en busca de rubíes; yo, plañendo
en las ondas del Humber. Te amaría
desde diez años antes del Diluvio:
y rehusar podrías, si quisieseis,
hasta la conversión de los judíos.
Mi vegetal amor se extendería
más vasto que un imperio y más despacio.
Unos buenos cien años yo daría
para alabar tus ojos y tu frente,
doscientos adorando cada pecho:
y quizá treinta mil en cuanto resta.
Mil años, por lo menos, cada parte,
si al fin tu corazón se me mostrase.
Pues, Señora, mereces tal respeto;
y amarte no podría a menos precio.

Pero, detrás de mí, yo siempre escucho
la carroza del tiempo, inexorable:
y allende de nosotros se dilatan
desiertos de la vasta eternidad.
No tendrás todo el tiempo tu belleza,
ni habrá de resonar en tu sepulcro
el eco de mi canto: pues gusanos
probarán tu inmortal virginidad:
tu honor sin par se habrá tornado polvo;
muertas cenizas todo mi deseo.
La tumba es un lugar íntimo y bello,
pero creo que allí nadie se abraza.

Por eso, ahora, cuando un fresco tinte
vive en tu piel cual matinal rocío,
y mientras tu alma diáfana transpire
por cada poro fuegos instantáneos,
vámonos a gozar mientras podamos;
como amorosas aves de rapiña,
devoremos al punto nuestro tiempo,
en vez de perecer entre sus fauces.
Envolvamos, pues, todas nuestras fuerzas,
nuestra dulzura toda, en una esfera:

nuestros placeres, bastos, adentremos
por el portal de hierro de la vida.
Si parar no podemos nuestro sol,
al menos obliguémoslo a correr.

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miércoles, 13 de marzo de 2019

"Soneto XVIII, Bésame una vez más", de


Bésame una vez más, vuelve a besarme.
Y bésame, dame uno de tus besos más sabrosos,
dame uno de los más cariñosos,
y yo te devolveré cuatro, ardiente como brasas

¡Ah, ¿te quejas? Ven que calmaré ese mal
dándote otros diez muy dulces.
Así, mezclados nuestros besos,
tan felices
gocemos uno de otro a nuestro gusto.

Así tendremos ambos doble vida.
Cada uno de nosotros vivirá en sí y en el otro.
Permíteme, amor mío, que piense alguna locura.

Me siento siempre mal, viviendo juiciosamente,
y no me puedo sentir satisfecha
si no salgo alguna vez de mí misma.



∞∞∞∞♡♡♡♡∞∞♡♡♡♡♡∞∞♡♡♡♡♡∞∞∞∞

Baise m’encor, rebaise moy et baise:
Donne m’en un de tes plus savoureus,
Donne m’en un de tes plus amoureus:
Je t’en rendray quatre plus chaus que braise.

Las, te plains-tu? ça que ce doux mal j’apaise,
En t’en donnant dix autres doucereus.
Ainsi meslans nos baisers tant heureus
Jouissons nous l’un de l’autre à notre aise.

Lors double vie à chacun en suivra.
Chacun en soy et son ami vivra.
Permets m’Amour penser quelque folie:

Tousjours suis mal, vivant discrettement
Et ne me puis donner contentement,
Si hors de moy ne fay quelque saillie.



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martes, 12 de marzo de 2019

"Isotermia", de SARA DE IBÁÑEZ (SEUDÓNIMO DE SARA IGLESIAS CASADEI, (URUGUAY, 1910-1971)


Te supe un condenado otoño
al ras de las cortezas
en el sinuoso curso de meandros

Choque brutal de pupilas perplejas
vorágine apretando estupro con el cielo
acunándonos el vértigo Iniciados babilonios

te supe a media voz Con un deseo mágico
rozándonos tobillos los secretos más
profundos del pecado

Sabía que existías
que te extendías grave en severos firmamentos
que conjugabas hechizos y serpientes

Que mecías tu cuerpo entre sombras ajenas y neblina
que tu gula era salvaje
que te enviaba Belili el infernal

Me convenció tu juego irreverente
tu descarnada afrenta Tu azul arcano
tu ser de sorpresiva ráfaga encantador heraldo

Y pregunté mil cosas esa noche
Era otoño Contestabas de perfil
repasando obrajes de tu lengua por mis labios

Desbaratamos trágicas hipótesis empanadas ordalías
amable triunfó la rosa de los vientos
y mi mano fue a tu mano

Sentimos nos unía la línea el tiempo el color
Robando el paraíso lo trepamos entre estelas jeroglíficas
colmamos tabernáculos de Ishtar con corderos y un buey blanco

Ondulando recíprocos por una ciencia infusa
por una rara geometría acortando distancias de mortales
ufanos entre sables curvos propicia luna vino en cráteras

Tu calor era regresando del exilio
Incontenidas pasiones estallaban las arterias
Isotérmicos derruimos prologales muros del temor o la vergüenza

Aquella noche la primera Era otoño
Estación para gente de «savoir vivre» de «savoir faire»
Nosotros

Aquella vez se perdieron tus ojos en los míos
y yo sin detener el alma
logré despedazar a tu tristeza

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lunes, 11 de marzo de 2019

"Todo el deseo tanto", de ANA ISTARÚ (SEUDÓNIMO DE ANA SOTO MARÍN) (COSTA RICA, 1960--, d.n.e.)

Zinaida Serebriakova
Desnudo con mantón rojo

todo el deseo tanto
los aceites del templo entre mi cuerpo
mojado por tu cuerpo tanto
deseo arrodillada el olor
de tu sexo como un licor espeso
tanto
el cárdeno sudor de las especies
bañándome la lengua
la cueva de tu boca y sus dragones

sexo sexo sexo atada como ofrenda
en las aspas de tus equis
como diosa domeñada como fiera
como flor que se desploma
loca de amor enferma
del mal de tu belleza
tanto deseo
tanto
todo el amor

ya ves
la más pequeña de las niñas
no podrá recordar
un solo beso


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domingo, 10 de marzo de 2019

"Seré tuya sin ti el día que los sueños", de ERNESTINA DE CHAMPOURCÍN MORÁN DE LOREDO (ESPAÑA, 1905-1999)

Seré tuya sin ti el día que los sueños
alejen de mi senda tu mente creadora,
el día que tu sed
no pueda limitarse al hueco de mis manos.

¡Seré tuya aún sin ti! Dejaré de merecerte
en la cuna encendida que tejieron mis besos.

Se borrará en tus labios la forma de los míos,
y el cielo de tu vida
tendrá un color distinto al de mi corazón.

Pero sabré ser tuya sin nublar tu camino
con la huella indecisa de mi andar solitario.
Me ceñiré a tu sombra, y anudada por ella,
te iré dando en silencio lo más puro de mí.

¡Con qué amarga dulzura repetiré, ya sola,
esos gestos antiguos que pulió tu mirada!
Me seguirás teniendo igual que me quisiste
y acunaré en secreto tu amor eternizado.


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sábado, 9 de marzo de 2019

"Tus lindes: grietas que me develan", de CORAL BRACHO (MÉJICO, 1951--, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "El ser que va a morir", de fecha 1982  d.n.e.




Soledad Fernández


We must have died alone,
a long long time ago.

D.B.

Has pulsado
has templado mi carne
en tu diafanidad, mis sentidos (hombre de contornos
levísimos, de ojos suaves y limpios);
en la vasta desnudez que derrama,
que desgaja y ofrece;

(como una esbelta ventana al mar; como el roce delicado, insistente,
de tu voz).
Las aguas: sendas que te reflejan (celaje inmerso), tu afluencia, tus lindes:
grietas que me develan.

—Porque un barniz, una palabra espesa, vivos y muertos, una acritud fungosa, de cordajes,
de limo, de carroña frutal, una baba lechosa nos recorre, nos pliega; ¿alguien;
alguien hablaba aquí?

Renazco, como un albino, a ese sol:
distancia doloroso a lo neutro que me mira, que miro.

Ven, acércate; ven a mirar sus manos, gotas recientes en este fango; ven a rodearme.
(Sabor nocturno, fulgor de tierras erguidas, de pasajes sedosos, arborescentes, semiocultos
el mar:
sobre esta playa, entre rumores dispersos y vítreos.) Has deslumbrado,
reblandecido.
¿En quién revienta esta luz?
—Has forjado, delineado mi cuerpo a tus emanaciones,
a sus trazos escuetos. Has colmado
de raíces, de espacios;
has ahondado, desollado, vuelto vulnerables (porque tus yemas tensan
y desprenden,
porque tu luz arranca —gubia suavísima— con su lengua, su roce,
mis membranas —en tus aguas; ceiba luminosa de espesuras abiertas,
de parajes fluctuantes, excedidos; tu relente) mis miembros.

Oye; siente en ese fallo luctuoso, en ese intento segado, delicuescente.
¿A quién unge, a quién refracta, a quién desdobla? en su miasma

Miro con ojos sin pigmento ese ruido ceroso
que me es ajeno.

(En mi cuerpo tu piel yergue una selva dúctil que fecunda sus bordes;
una pregunta, viña que se interna, que envuelve los pasillos rastreados.
-De sus ramas, de sus cimas: la afluencia incontenible.
Un cristal que penetra, resinoso, candente, en las vastas pupilas ocres
del deseo, las transparenta; un lenguaje minucioso).
Me has preñado, has urdido entre mi piel;
¿y quién se desplaza aquí?
¿quién desliza por sus dedos?

Bajo esa noche: ¿quién musita entre las tumbas, las zanjas?
Su flama, siempre multiplicada, siempre henchida y secreta,
tus lindes;
Has ahondado, has vertido, me has abierto hasta exhumar;
¿Y quién,
quién lo amortaja aquí? ¿Quién lo estrecha, quién lo besa?
¿Quién lo habita?


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jueves, 7 de marzo de 2019

"Húmeda llama", de EDUARDO MITRE (BOLIVIA, 1943--, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Líneas de otoño", de fecha 1993  d.n.e.




Alexander Jacques Chantron (1842-1918)

1.
Tu desnudez expuesta
entera
como el pan en la mesa.
2.
Beso a beso,
caricia a caricia, se dora
al sol del deseo.
3.
Llama que moja y quema,
llama que llama:
tu lengua.

4.
Arqueros enardecidos
disparan sus flechas
los cinco sentidos.
5.
Entre tus piernas el blanco:
carbón de sangre
corazón de la hoguera.
6.
Doble latido y un solo ritmo.
Como la vida y la muerte
al principio.
7.
Caracol del oído:
el oleaje de los suspiros
y la marea de los ayes
y los Dios mío.
8.
La mirada se pierde.
Salivan las sílabas.
Las pupilas ascienden
hacia alta caída.
9.
/\
\/
10.
Memoria del vértigo:
hacia adentro el quejido
y tus ojos abiertos
enceguecidos.
11.
Zumbido de abeja:
el silencio
de vuelta
sin haberse ido.
12.
Te descubro a mi lado
todavía temblando
como recién rescatada
de un naufragio.
O de un incendio.
13.
Y tienen de nuevo sed
de nombrar los labios:
la almohada, tu cabellera,
una pared de ladrillos,
un trozo de cielo: tribus
con rumbo desconocido.
14.
Cruzan el aire -ya quieto-
tu nombre y el mío.
A recordarnos han vuelto,
a recrearnos los mismos.
15.
Sobre el tiempo intacto
nuestros cuerpos tendidos,
expuestos al vacío,
melancólicamente plenos.


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miércoles, 6 de marzo de 2019

"Desayuno sin diamantes", de ROSA DÍAZ (ESPAÑA, 1946--, d.n.e.)

Soledad Fernández
Tomo café
y tú te afeitas.
Nos besamos.
Se te quedan los ojos
como en blanco
final de aquellos muertos
que hice con mis manos.
Tienes la edad ahora
que tuvieron.
Yo sigo, con aquellos
escasísimos años.
Un beso de café
por la mañana

que sostiene el lavabo.
La crema de afeitar
junto a mi lengua
y a la sangre que sale
de tu labio.

¡Hemos hecho el amor
en tantas partes...!
Si, también en la cocina
y en el cuarto de baño.



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martes, 5 de marzo de 2019

"Lengua", de MARÍA ROSAL (ESPAÑA, 1961--, d.n.e.)

Xi Pan


Lengua indagadora en las profundidades de las jaulas.
Boca niña inocente detrás de los deseos.
Boca mártir de labios erectos como espadas.
Boca beso de muerte henchida de cicuta.
Boca núbil de sueño que besa cuanto ignora.
Boca de doble filo de aves taciturnas. Doble hilera de dientes,
de dientes y arrecifes.
Lengua del vendaval taladrando lo restos
de un amor compulsado.
Lengua de terciopelo sobre un manto de nácar.
Lengua fileteada lista para el banquete, para la salazón de la carne.
Lengua de esquirlas frescas.
Lengua de corazón expuesta en la vitrina.
Lengua de ofidio con un ojo en el vientre.
Lengua para limpiar el sudor, para acallar los centinelas
del frío, sus máscaras de níquel.
Lengua para el dolor, para gozar despacio.
Lengua del alacrán sembrando su simiente.
Lengua ramo de flores sobre el vértice erecto
de una fosa común entre las piernas.

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lunes, 4 de marzo de 2019

"¿Has besado alguna vez una pantera?", de CHARLES BUKOWSKI (ALEMANIA, 1920-1994 d.n.e.)

Esta mujer se cree una pantera
y a veces cuando hacemos el amor
ella gruñe y escupe
y su pelo cae
y ella mira a través de las mechas
y muestra sus colmillos
pero yo sin embargo la beso y continúo el amor.

¿Has besado alguna vez a una pantera?

¿Has visto a una mujer pantera gozando
el acto del amor?

No has amado, amigo.

Tú con tus pequeñas rubias teñidas,
tú con tus ardillas y ardillitas,
tus elefantes y ovejas
deberías dormir con una pantera,
nunca más querrías
ardillas, elefantes, ovejas, zorras, lobas,
nada sino la mujer pantera,
la pantera hembra paseándose por tu cuarto,
la pantera hembra paseándose por tu alma;
todos los otros cantos de amor son mentiras
cuando esa suave piel negra se mueve contra ti
y el cielo cae sobre tu espalda,
la pantera hembra es el sueño hecho realidad
y no hay retorno
ni deseo de retornar;
la piel contra ti,
la búsqueda ha acabado
cuando tu verga se mueve contra el borde del Nirvana
y estás abrazado a los ojos de una pantera.



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