lunes, 6 de julio de 2015

"El primer beso", de JORGE Ricardo ISAACS FERRER (COLOMBIA, 1.837-1.895)

Poema perteneciente al manuscrito "núm. 314-03", de fecha entre 1.864-1.866   d.n.e.



Retocé yo en la infancia
Con una prima,
De todas las del corro
La más ladina.
¡Qué ojos tan bellos!
¡Qué labios y qué frente!...
¡Jesús! ¡Qué cuerpo!

A lo sumo tendría
Once o doce años,
Y en la misma semana
Nos bautizaron:
Pero a los doce,
Inocentes las niñas
Eran entonces.

Cuando íbamos al cerro
Algún domingo
Llenaba su pañuelo
Yo de mortiños;
Y a veces coja
Andaba por quedarse
Conmigo a solas.

Cuando así nos dejaban
Iba contenta
Asida de mi brazo,
Dulce y parlera;
De sus hechizos
Abusaba buscando...
Los ojos míos.

Al verme ruboroso
Loca reía
Acercando a mi cara
Su cara linda,
Y en son de juego
Murmuraba quedito:
– ¿Quieres un beso?

Tantas veces propuso
La misma cosa,
Que una tarde la dije,
– Dámele ahora.
Pero al instante,
Dejando de reírse
Quiso alejarse.

El fuego de mis ojos
Mi torpe mano,
Que estrechaba las suyas,
La intimidaron.
¡Triste y esquiva
Estuvo en los oteros
El alma mía!

Su voz aquella noche
Turbó mis sueños
Diciéndome al oído:
– ¿Quieres un beso?
Y me ofuscaban
Extraños resplandores
De sus miradas.

¡Qué tortura! ¡Qué lejos
Otro domingo!
Una semana entera...
¡Cuánto! ¡Dios mío!
¡Una semana
De Fleury, de doctrina
Y haciendo planas!

Un lujoso vestido
Pedí a mi padre
De botones dorados
Y albos encajes.
Eran las plumas
De mi gorrilla, blancas
Como la espuma.

Llegó al fin el domingo:
Pequé en la misa
Porque estuve pensando
Mucho en mi prima...
¡Santos recuerdos!
Sin fe ya el alma, y sola...
¡Sin Dios el templo!

Hermosa fue la tarde,
¡Qué linda era!
Pero estaba mi prima
Mucho más bella:
De leve gasa
Como el cielo sin nubes
Su corta falda.

¡Qué aroma de mis selvas
En sus ropajes!...
¡Qué ondular tan airoso
Del leve talle!
Y ya en su seno,
Entre blondas y tules,
¡Cuántos misterios!

En bucles desparcidos
Sobre los hombros
Los cabellos castaños;
Sus lindos ojos,
Bajo del ala
De italiano sombrero,
Reverberaban.

Al fin nos vimos solos,
Trémulos ambos,
Indecisas las plantas...
Los ojos bajos...
– ¿Quieres un beso!
Balbucí, y por respuesta
Voló a mi cuello.
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viernes, 3 de julio de 2015

"Reparación", de AMADO NERVO (seudónimo de JUAN CRISÓSTOMO RUIZ DE NERVO Y ORDAZ) (MÉJICO, 1870-1919 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "La amada inmóvil", de fecha (póstuma) de 1.922 d.n.e.



¡En esta vida no la supe amar!
Dame otra vida para reparar,
¡oh Dios!, mis omisiones,
para amarla con tantos corazones
como tuve en mis cuerpos anteriores;
para colmar de flores,
de risas y de gloria sus instantes;
para cuajar su pecho de diamantes
y en la red de sus labios dejar presos
los enjambres de besos

que no le di en las horas ya perdidas...

Si es cierto que vivimos muchas vidas
(conforme a la creencia
teosófica), Señor, otra existencia
de limosna te pido
para quererla más que la he querido,
para que en ella nuestras almas sean
tan una, que las gentes que nos vean
en éxtasis perenne ir hacia Dios
digan: "¡Como se quieren esos dos!"

A la vez que nosotros murmuramos
con un instinto lúcido y profundo
(mientras que nos besamos
como locos): "¡Quizá ya nos amamos
con este mismo amor en otro mundo!"



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jueves, 2 de julio de 2015

"Lo eterno", de NELLY FONSECA RECAVARREN (PERÚ, 1.922-1.962)

Poema perteneciente al libro "Espigas de cristal", de fecha 1.955   d.n.e.



El día que llegaste, con tu ofrenda de amor,
una voz, que surgía de mi mundo interior,
susurróme, muy quedo: “He aquí un nuevo dolor”.

Otros aclaman y ruegan, con fiebre en la mirada.
Yo te besé en los ojos y no te pedí nada.
Sólo ansiaba el deleite de la dicha callada.

Me juraste cien veces un amor sin olvido.
Mas la voz, al compás de mi propio latido,
murmuraba: “Estas frases ya las hemos oído”.

Y volvieron los éxtasis, los suspiros, el beso...
Y la voz que insistía, con un ritmo de obseso:
“Corazón, no recuerdas en que acaba todo eso? ...

Hoy si busco tus ojos, tu ternura tu risa,
sólo encuentran mis manos un montón de ceniza:
el rescoldo de un ascua que en la sombra agoniza.

Ya la voz misteriosa me repite: “El amor
es rosal de otros climas, que no alcanza a dar flor...
Sólo existe algo eterno: el dolor... ¡el dolor! ”
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miércoles, 24 de junio de 2015

"La primavera", de MANUEL MACHADO RUIZ (España, 1.874-1,947)

Poema perteneciente al libro "aaaa", de fecha xxxx  d.n.e.



¡Oh el sotto voce balbuciente, oscuro,
 de la primer lujuria!... ¡Oh la delicia
 del beso adolescente, casi puro!...
 ¡Oh el no saber de la primer caricia!...

 ¡Despertares de amor entre cantares
 y humedad de jardín, llanto sin pena,
 divina enfermedad que el alma llena,
 primera mancha de los azahares!...

 Ángel, niño, mujer... Los sensuales
 ojos adormilados y anegados
 en inauditas savias incipientes...

 ¡Y los rostros de almendra, virginales,
 como flores al sol, aurirrosados,
 en los campos de mayo sonrientes!...

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lunes, 22 de junio de 2015

"¡Cómo será!", de AMADO NERVO (seudónimo de JUAN CRISÓSTOMO RUIZ DE NERVO Y ORDAZ) (´MÉJICO, 1870-1919 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "La amada inmóvil", de fecha (póstuma) de 1.922 d.n.e.



Si en el mundo fue tan bella,
¿cómo será en esa estrella
donde está?
¡Cómo será!

Si en esta prisión obscura,
en que más bien se adivina
que se palpa la hermosura,
fue tan peregrina,
¡cuán peregrina será
en el más allá!

Si de tal suerte me quiso
aquí, cómo me querrá
en el azul paraíso
en donde mora quizá?
¡Cómo me querrá!

Si sus besos eran tales
en vida, ¡cómo serán
sus besos espirituales!
¡Qué delicias inmortales
no darán!
Sus labios inmateriales,
¡cómo besarán!

Siempre que medito en esa
dicha que alcanzar espero,
clamo, cual Santa Teresa,
que muero porque no muero:
hallo la vida muy tarda
y digo: ¿cómo será
la ventura que me aguarda
donde ella está?
¡Cómo será!



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jueves, 18 de junio de 2015

"Salmo VIII. De la voluptuosidad: en los jardines de Eros", de JOSÉ MARÍA VARGAS VILA (COLOMBIA, 1.860-1.933).

Salmo VIII de los XII que componen los "Salmos de la voluptuosidad: en los jardines de Eros", perteneciente al libro "Archipiélagos sonoros", de fecha de 1.913 d.n.e.



VIII.

Silenciosas horas lentas...
una gran Melancolía, en los cielos y en
los aires y en la playa, difundía su avidez
crepuscular...
por el gran balcón abierto, con los rui-
dos del concierto de la Mar, llena de voces
afines, penetraba aéreo y alado, el céfiro
perfumado de jazmines...
se respiraba el aliento salobre de las on-
das;
fingía rondas en la alfombra, la sombra
del ramaje, que se movía afuera;
el cortinaje era, como una penumbra le-
ve en la cual jugaba, un rayo de luna,
blanco como la nieve;
tu cuerpo, reclinado a lo largo, en una
otomana, parecía el de la Venus de Cano-
va, para el cual, la hermana del César,
sirvió de modelo; Paulina Bonaparte;
todo el Arte, y todo el Ritmo de la Esta-
tuaria, estaba en la Escultura suntuaria,
de tus modelaciones;
en la actitud grave, y la euritmia divi-
na de tu belleza suave...
suave, como esa hora vespertina, eva-
nescente en el seno del Misterio...
llena de la mística armonía de un Sal-
terio...
nuestras almas, a solas, escuchaban el
vago canto del deseo y de las olas;
y, sentían el estremecimiento furtivo,
que venía del cielo pensativo, del aire vi-
vo, del mar lascivo... como un contagio...
porque las nubes, las brisas, y las olas,
cantaban el adagio obsesionante de la Vo-
luptuosidad;
de cuyo aliento estaba llena la Inmensi-
dad;
y, la Noche de Primavera, que cantaba
en la ribera, dulcemente, dulcemente, co-
mo un ruiseñor ardiente;
y, entraba en nuestras almas, sacudien-
do las calmas de nuestros pensamientos,
con voces, que más que cánticos, parecían
lamentos...
lamentos, arrancados a leones acosa-
dos;
arrancados, a las malas pasiones de to-
dos los corazones;
arrancados, a los peores instintos, exas-
perados;
arrancados, a los deseos, palpitantes
como trofeos;
arrancados, a los ímpetus de nuestra
Lujuria, que aullaban con furia, como le-
breles atrahillados;
en nuestras miradas;
en nuestras palabras entrecortadas;
en la inquietud impudorosa de nuestras
manos;
en nuestros alientos malsanos, y, bruta-
les, llenos de las más bajas pasiones ani-
males...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
De rodillas, al pie de la otomana, yo aca-
riciaba tu Belleza Soberana;
tu Belleza Esplendente, que se dejaba
amar férvidamente;
y, te decía:
— He aquí la Noche, Amada Mía, la No-
che que abre su broche, y, se entrega al
Espacio que la viola;
¿no estás contenta de estar sola, sola en
mis brazos?
ceñí con mis abrazos, tu cuello;
besé tu rostro bello ; lleno de un éxta-
sis fatal;
desanudé tu cabellera fluvial, que pa-
recía la crinera de una joven leona;
y, cuando desnudé tus senos de Pomo-
na Virgen, mil vidas vivieron en tus ojos
entrecerrados...
besé tus párpados, semientornados...
y, mis labios avezados, comenzaron la
gama de las caricias, que iban subiendo
y, subiendo, en crescendo, en crescendo,
en el diapasón de los goces refinados, in-
finitos...
lanzabas débiles gritos;
temblabas, como una corza herida, en el
anhelo y, en el presentimiento de esa hora
desconocida, que llegaba, e iba por siem-
pre a lacerar tu Vida...
tenías un gesto de oblación, en esa ar-
diente mansedumbre de paloma, que pa-
recía decirme:
—Toma... mi Belleza ; desgarra mi Pu-
reza ; enséñame eso que se llama el beso;
no el beso pasajero, que se posa en los la-
bios, como un pájaro en un alero, sin im-
poner agravios ; quiero el beso profundo;
aquel que hace perpetuar el Mundo...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Besé tus ojos;
besé tus labios;
besé tus pechos... hechos perfectos al
hacerse erectos, en una plenitud descono-
cida, llena de los temblores de la Vida;
recorrí el ardor de mi beso profanador
por todos los senderos de tu cuerpo de
flor...
te viste desnuda, como la Noche muda,
que nos miraba;
tal vez, amaste tu desnudez...
aun era casta, como la vasta irradia-
ción lunar, que nos venía a alumbrar;
me acerqué más a ti;
mordí tu boca, en el Supremo anhelo...
desmayó tu mirada enamorada...
y, abriste tus ojos como un cielo...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Y, yo...
temblé asustado, entre tus brazos;
me separé de tus abrazos, espantado,
desarmado, vencido-
hecho casto, como un Cristo...
¿qué había sido?
que al inclinarme sobre tus ojos, había
visto en ellos, retratada otra imagen ado-
rada... que mucho se te parecía...
la imagen de tu madre muerta...
que había sido mía...
que yo había amado ; que se me había
entregado en ese mismo sofá donde yacía
tu belleza...
en esa misma hora, encantadora, llena
de melancólica Tristeza...
en el Estío pasado;
en ese mismo Hotel;
ante ese mismo Mar, ahora calmado...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
El recuerdo cruel, de la noche que la
habíamos velado en ese mismo aposento,
surgió en mi pensamiento, extinguiendo
en mí, todo Deseo...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Aún te veo puesta en pie, cubrir tu des-
nudez, con un gesto lleno de altivez...
arreglar tu cabellera, como si fuera la
cimera de una diosa;
y, pálida, orgullosa, no queriendo llo-
rar, abrir la ventana, y acodarte en ella,
ante la Noche soberanamente bella, que
continuaba en cantar...
la Noche, ignota...
la Noche, incierta;
que alumbraba mi derrota...
¡la Victoria de una Muerta!...


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martes, 16 de junio de 2015

"La gota de sangre", de MANUEL REINA MONTILLA (1.856-1.905)

Poema perteneciente al libro "La vida inquieta", de fecha 1.894   d.n.e.



Sentados en la gótica ventana
estábamos tú y yo, mi antigua amante;
tú, de hermosura y de placer radiante;
yo, absorto en tu belleza soberana.

Al ver tu fresca juventud lozana,
una abeja lasciva y susurrante
clavó su oculto dardo penetrante
en tu seno gentil de nieve y grana.

Viva gota de sangre transparente
sobre tu piel rosada y hechicera .
brilló como un rubí resplandeciente.

Mi ansioso labio en la pequeña herida
estampé con afán...
¡Nunca lo hiciera,
que aquella gota envenenó mi vida!

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domingo, 14 de junio de 2015

"De vuelta", de AMADO NERVO (seudónimo de JUAN CRISÓSTOMO RUIZ DE NERVO Y ORDAZ) (MÉJICO, 1870-1919 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Los Jardines interiores", de fecha 1.905 d.n.e.



-Salí al alba, dueño mío,
y llegué, marcha que marcha
entre cristales de escarcha,
hasta la margen del río.
¡Vengo chinita de frío!

¡De la escarcha entre el aliño,
era el dormido caudal
como un sueño de cristal
en un edredón de armiño!
(Emblema de mi cariño).

Alegre estaba, señor,
junto a la margen del río,
alegre en medio del frío:
Es que me daba calor
dentro del alma tu amor.

Te vi al tornar, mi regreso
esperando en la ventana,
¡y echó a correr tu Damiana
por darte más pronto un beso!
-¿Por eso? -¡No más por eso!



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miércoles, 10 de junio de 2015

"Pasión", de ANTONIO CARVAJAL MILENA (ESPAÑA, 1.943--, d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Tigres en el jardín", de fecha 1.968   d.n.e.



Con estos mismos labios que ha de comer la tierra,
te beso limpiamente los mínimos cabellos
que hacen anillos de ébano, minúsculos y bellos,
en tu cuello, lo mismo que el pinar en la sierra.

Te muerdo con los dientes, te hiero en esta guerra
de amor en que enloquezco. Sangras. Y pongo sellos
a las heridas tibias, con besos, besos....Ellos
que han de quedar comidos, mordidos por la tierra.

Tal ímpetu me come las entrañas, que sorbo
tu carne palmo a palmo, cerco de llama el sexo,
te devoro a caricias, y a besos, y a mordiscos.

Ni la muerte, ni el ansia, ni el tiempo son estorbo.
El abrazo es lo mismo si cóncavo o convexo,
y yo soy un cordero que trisca en tus apriscos.

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lunes, 8 de junio de 2015

"Un relámpago apenas", de BLAS DE OTERO MUÑOZ (España, 1.916-1.979)

Poema perteneciente al libro "Ángel fieramente humano", de fecha 1.950  d.n.e.



Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,
tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brizas y la rozas con tu beso.
¡Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso!

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domingo, 7 de junio de 2015

"Salmo X. De la voluptuosidad: en los jardines de Eros", de JOSÉ MARÍA VARGAS VILA (COLOMBIA, 1.860-1.933).

Salmo X de los XII que componen los "Salmos de la voluptuosidad: en los jardines de Eros", perteneciente al libro "Archipiélagos sonoros", de fecha de 1.913 d.n.e.



X.

En el Mar de lo Infinito, boga y llega el
Mensajero; el bajel que trae la Noche;
tenebroso como un muerto, lentamente
va avanzando, con sus velas de Misterio...
¡el bajel que trae la Noche!...
¡tenebroso como un muerto!
¡oh, las tardes del Otoño, precursoras
del Invierno!...; ¡cómo cantan con sus
ritmos de colores, en los mares y, en los
cielos!
¡oh, las tardes del Otoño, las auroras
del Invierno!
¡ya el Crepúsculo se muere en la som-
bra y, el Silencio!...
¡oh, la muerte del Crepúsculo, el Poeta
del Ensueño!...
ya se besan en la sombra, en divino Epi-
talamio, las estrellas soñadoras y, los pá-
lidos geranios, cuyos pétalos, muy tristes,
van cayendo lentamente, como sueños que
se mueren en su nítida blancura;
¡oh, los sueños de las flores!
¡oh, la muerte de los sueños!
a la luz del Plenilunio, albas rosas de
la Tarde, van abriéndose, como almas,
que escucharan en su angustia, el colo-
quio formidable de la Sombra, y el Mis-
terio...
¡oh, las rosas de la Tarde!
¡oh, las rosas del Silencio!
¡oh, la Amada, de mi Vida! ¡oh, la
Amada de mis Sueños!... ¡ilumina este
crepúsculo, con la lumbre de tus besos!...
de tus besos, que son astros...
y, el perfume de tus labios, caiga en mi
alma, como un bálsamo de Ventura y de
Sosiego...
¡oh, los rojos tulipanes de las frondas
de tus besos!...
¡oh, la Amada!
¡oh, Bien Amada!...
ven, reclina tu cabeza, tu cabeza triste
y, blonda como el halo de una estrella;
ven, reclínala en mi pecho;
¡tu cabeza perfumada por los místicos
Ensueños!
¡oh, tu pálida cabeza!...
¡oh, mi Reina, coronada con las rosas
entreabiertas en praderas ignoradas y, el
silencio de las selvas;
de las selvas, que te guardan su perpe-
tua primavera;
de las selvas, donde viven mis Ensue-
ños de Poeta!...
tu cabeza, con un nimbo de jazmines y
violetas;
que me toque la caricia de tus grandes
ojos tiernos ; algas verdes que se mecen
en los mares muy remotos, de la Gloria y
del Ensueño;
que me toquen con sus alas, tus libélu-
las de fuego;
¡oh, los ojos de la Amada, misteriosos y
serenos!
playas tristes, donde mueren las olea-
das del Deseo...
que los lirios de tus manos, cual capu-
llos entreabiertos, como brisas perfuma-
das, como rayos de un lucero, se deslicen
en la selva autumnal de mis cabellos, y
serenen mis pasiones tempestuosas y, soberbias,
y dominen la Implacable Rebel-
día de mi cerebro;
mi cerebro, que es tu Arca;
mi cerebro, que es tu Templo;
mi cerebro, donde imperas, tú mi Dio-
sa, entre la mirra que te queman mis pa-
siones, y, los cirios del Deseo, y, mis him-
nos amorosos, y, el perfume que te brin-
dan las corolas de mis versos...
y, una flor que se abre augusta, con sus
pétalos soberbios; una flor, en holocausto
ante Ti: mi Pensamiento;
¡oh, los lirios de tus manos, domadoras
del Deseo!...
¡oh, los cirios de mi Templo ; y, las ro-
sas de mis Versos !...
por las flores del Crepúsculo;
por las rosas del Silencio;
por las algas de tus ojos;
por las frondas de tus besos;
ven, reclina tu cabeza, en la sombra de
mi pecho...
¡Bien Amada! ¡Bien Amada!... ven, te
esperan ya mis besos, que murmuran co-
mo olas en las playas del Silencio...
¡Bien Amada! ¡Bien Amada! ven, res-
ponde a mi Deseo... ;
ven, unamos nuestros labios, en un beso
que sea eterno...
ven, y unamos nuestros cuerpos, cual
dos llamas de un incendio...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Ven, mi Amada, que es la hora;
ven, mi Amada, que aun es tiempo;
¡tú no sientes cómo pasa la caricia del
momento?...
ven, y amémonos;
aún es hora...
ven, y amémonos, que aún es tiempo...
aún hay flores en el bosque;
aún hay luces en el cielo;
aún hay sangre en nuestras venas y,
palpitan nuestros besos...
son las tardes del Otoño, precursoras
del Invierno;
ven, tus ojos agonizan en las ansias del
Deseo...
aprisione yo tus manos, y tus labios y,
tus senos;
y, te brinden sus perfumes, las corolas
de mis besos;
es la hora del Crepúsculo...
todo se hunde en el Silencio... ;
es la tarde en nuestras almas... y la Noche
avanza presto...
nuestras vidas, ya se pierden en los va-
lles del Misterio;
aun dibuja la ventura, un miraje en
nuestro cielo;
es la hora de las almas...
es, la hora de los besos...
ven, y reposa tu cabeza blonda, sobre
mi ardiente pecho de Poeta;
ven, y reposa tu cabeza blonda, como
una mariposa en una flor;
y, que me bese de tus ojos verdes, la ca-
ricia profunda y, tentadora...
¡oh! ¡la caricia de tus ojos verdes! ¡la
caricia furtiva de la ola!...
deja que estreche los capullos blancos,
de tus pálidas manos de azahar...
y, deja que en el lirio de tu rostro, la
sombra de mi rostro se proyecte ;
y, que caiga mi beso entre tus labios,
como el nido de un pájaro en el mar;
que me bañe la Gloria del Crepúsculo,
que irradia tu opulenta cabellera...
que te cubra con mis labios, con mis
brazos, con mi cuerpo...
ven, y unamos nuestras bocas, en un
beso que sea eterno...
ven, y unamos nuestros cuerpos, cual
dos llamas de un incendio.


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miércoles, 3 de junio de 2015

"Carta a usted", de JOSÉ ÁNGEL BUESA (Cuba, 1.910-1.982)

Señora: Según dicen, ya usted tiene otro amante.
Lástima que la prisa nunca sea elegante...
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa
se resigne a ser viuda sin haber sido esposa,
ni pretendo tampoco discutirle el derecho
de compartir sus penas, sus goces y su lecho;
pero el amor, señora, cuando llega el olvido,
también tiene el derecho de un final distinguido.

Perdón, si es que la hiere mi reproche; perdón
aunque sé que la herida no es del corazón...
Y, para perdonarme, piense si hay más despecho
en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho;
pues sepa que una dama, con la espalda desnuda,
sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda
-pero no, como tantas, de un difunto señor-,
sino, para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor -¿recuerda?-, fue un amor diferente
(al menos, al principio; ya no, naturalmente):
Usted era el crepúsculo a la orilla del mar,
que, según quien lo mire, será hermoso o vulgar.
Usted era la flor, que, según quien la corta
es algo que no muere o es algo que no importa.
O acaso, cierta noche de amor y de locura,
yo vivía un ensueño... y usted una aventura.

Si; usted juró, cien veces, ser para siempre mía;
Yo besaba sus labios, pero no lo creía...
Usted sabe –y perdóneme- que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante,
a quien quizá le jure lo mismo en este instante.
Y como usted, señora, yo, con sed o sin sed,
nunca pensaba en otra cosa si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas,
pero ni los rosales dan solamente rosas;
y no digo estas cosas por usted ni por mí,
sino por los amores que terminan así...
Pero vea, señora, que diferencia había
entre usted que lloraba, y yo, que sonreía,
pues nuestro amor concluye con finales diversos:
Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...

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jueves, 28 de mayo de 2015

"Los besos de amor. XIII: ¡Oh noche deliciosa", de JUAN MELÉNDEZ VALDÉS (ESPAÑA, 1.754-1.817)

¡Oh noche deliciosa!
¡Oh afortunado lecho! ¡Oh gloria mía!
¡Oh Amarilida hermosa!
mi amor en ti confía
la dulcísima gloria de este día. 5
Pensando en mi amor ciego
los venideros ratos concertados
y aquel lascivo juego
con tus pechos nevados,
y mil sabrosos besos a hurto dados, 10
cuando en tiernos abrazos
a tu cándido cuello asido estaba
cual la vid con mil lazos,
y tu boca sonaba
con los ardientes besos que me daba, 15
quedéme ayer dormido
¡oh nunca despertara a más dolores!
¡Ay! yo soñé el cumplido
premio de mis amores
gozándote, mi bien, entre las flores. 20
¡Cuán dulces cosa vía!
¡Qué brazos y qué pechos! ¡Qué cintura!
Mi vista discurría
con ardiente presura,
ansioso de gozar tanta hermosura; 25
y al ceñir a tu cuello
mis amorosos brazos en cadena,
ora tu labio bello,
con dulces voces suena,
y ora al quejarse mi furor refrena. 30
Mas yo de amor perdido,
ya tus ayes, donosa, me aplacaban,
ya de tu ardor movido
las ropas te quitaba
y toda de mis besos te anegaba. 35
¡Qué de luchas trabamos,
quitada ya la luz y a cuántos juegos
de nuevo, ¡ay me! tornamos!
ora humilde a mis ruegos,
ora pugnando entrambos de amor ciegos, 40
Ya las tetas mostrabas
redonduelas y cándidas cual nieve,
y ya las ocultabas
porque de nuevo pruebe
mi mano a hallarlas, y en su ardor se cebe. 45
Mas cuando amor instiga
al dulce ayuntamiento apetecido
y en sabrosa fatiga
me falta ya el sentido,
de un éxtasis dulcísimo impedido, 50
tú con lasciva mano
tocándome proterva, a nueva vida
del dueño soberano
me tornas atrevida,
y un besito a otro sueño me convida. 55
Así se dobla el fuego
y los halagos crecen al sonido
del alternado ruego
respondiendo a un quejido
el muerdito en el beso confundido. 60
Y entre el murmullo lento
el ánima parece en suspirando
salirse entre el aliento,
o que nos va faltando
para tantos deleites no bastando. 65
Engáñase el que intenta
poner término a amor y sus furores,
porque él sabe sin cuenta
mil deleites y ardores,
y mil modos de abrazos y favores. 70
¿Qué aprovecha a lo obscuro
envolver el amor? A la luz clara.
gócelo yo seguro
sin que me niegue avara
la divina Amaralida su cara. 75
Vea de sus ojuelos
el lascivo mirar y oiga el sonido
de sus blandos anhelos,
cuando a compás movido
mi muslo suene, a su muslo unido; 80
y la vista derrame
por su nevado vientre y por sus lados,
y tanto amor me inflame
que en lazos duplicados
mil veces nos gocemos ayuntados, 85
saciándose mis ojos
en cuanto el hado crudo así lo ordena
pues los fieros cerrojos
la muerte al lado suena
del Orco, do tan presto nos condena. 90
Por esto, gloria mía,
la verdad de mi sueño no tardemos,
y en ardiente porfía,
ahora que podemos,
los dulces gustos del amor gocemos. 95


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lunes, 18 de mayo de 2015

"Historia de un beso", de JUAN DE ARONA (seudónimo de PEDRO PAZ SOLDÁN Y UNANUE) (PERÚ, 1830-1895 d.n.e.)

Poema perteneciente al libro "Sonetos y chispazos", de fecha 1.885  d.n.e.



Ansié besar sus ojos o su boca,
La punta de sus dedos o su trenza,
Y siempre, lo confieso con vergüenza,
La hallé más inflexible que una roca.

No por esto mi espíritu se apoca;
Aunque a ceder mi pretensión comienza,
Y pues no hay argumento que la venza,
Pedí lo que por bajo el suelo toca.

Movióla acaso mi actitud de hinojos,
Y al fin, de una princesa con la calma,
Su mano de cristal dio mis antojos.

Yo la volví por la sensible palma,
Y como por la boca o por los ojos,
Creí beber todo un raudal de su alma.

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viernes, 15 de mayo de 2015

"Esperando", de LAURA VICTORIA VALENCIA (seudónimo de GERTRUDIS PEÑUELA) (COLOMBIA, 1.904-2.004).

En mis labios ha tiempo madura
este beso que no has de exprimir,
este beso que muere de fiebre
o se torna en veneno sutil,
y me tiñe los ojos de sombra
y las ondas ojeras de añil.

Maduraron los ramos de dátiles,
el espino tornóse más gris,
se enturbiaron las ondas del río
con las lluvias tenaces de abril...
Se negrearon mis ojos de noches,
Avivando la llama febril.

Me cambiaste, insaciable, por otra
que la carne te hiciera sentir:
no bebiste en la copa de sándalo
leche y mieles que yo te ofrecí,
se enjoyaron mis manos de grana
en la angustia de verte partir.

Vuelve el sol a tenderse en el río,
el maizal a tornarse marfil,
vuelve enero a enfermarse de luna
y el granado a cuajar un rubí...
vuelven roncas las grises cigarras
a prenderse en el tronco senil.

Solamente en mis labios perdura
este beso que no te ofrecí,
que ha brillado a la luz del relámpago
o en el trueno ha podido dormir,
que fue nieve en la flor de otros labios,
¡porque nunca lo habrás de exprimir!

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sábado, 9 de mayo de 2015

"Al oído", de ALFONSINA STORNI (Argentina, 1.892-1.938)

Si quieres besarme...besa
 -yo comparto tus antojos-.
 Mas no hagas mi boca presa...
 bésame quedo en los ojos.

 No me hables de los hechizos
 de tus besos en el cuello...
 están celosos mis rizos,
acaríciame el cabello.

 Para tu mimo oportuno,
 si tus ojos son palabras,
 me darán, uno por uno,
 los pensamientos que labras.

 Pon tu mano entre las mías...
 temblarán como un canario
 y oiremos las sinfonías
 de algún amor milenario.

 Esta es una noche muerta
 bajo la techumbre astral.
 Está callada la huerta
 como en un sueño letal.

 Tiene un matiz de alabastro
 y un misterio de pagoda.
 ¡Mira la luz de aquel astro!
 ¡la tengo en el alma toda!

 Silencio...silencio...¡calla!
 Hasta el agua corre apenas,
 bajo su verde pantalla
 se aquieta casi la arena...

 ¡Oh! ¡qué perfume tan fino!
 ¡No beses mis labios rojos!
 En la noche de platino
 bésame quedo en los ojos...

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miércoles, 6 de mayo de 2015

"Nos besamos", de ANDRÉS DE PIEDRA-BUENO (CUBA, 1.903-1.958)

Nos besamos, -¿ recuerdas?- una tarde
En el espejo azul de la bahía.
La gaviota del beso aún vibra y arde;
¡no ha plegado las alas todavía!

Nos besamos, -¿recuerdas?- y el poniente
sangró la primavera de sus ramos...
Luego el poniente se agolpó en tu frente,
cuando otra vez, y muchas, nos besamos...

Y yo te dije la palabra viva
en la fuga ideal de tu mirada...
-Aún tengo el alma de tu amor cautiva,
pero tú ya no estás enamorada...-

Ahora, lejos de ti, te besaría
en la melena luminosa y bruna,
mientras rueda el azul de la bahía
la cándida gaviota de la luna...
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sábado, 2 de mayo de 2015

"En honor de Juárez", de AMADO NERVO (seudónimo de JUAN CRISÓSTOMO RUIZ DE NERVO Y ORDAZ) (MÉJICO, 1870-1919 d.n.e.)

Sección VIII, de un total de IX, del poema "En honor a Juárez", que leído el 19 de julio de 1.902, ante la Cámara de los Diputados de Méjico, será luego recogido en el Libro "La raza de Bronce", de fecha xxxx  d.n.e.



Y hablaron tus labios, tus labios benditos,
y así respondieron a todos mis gritos,
a todas mis ansias: —«No hay nada pequeño,
ni el mar ni el guijarro, ni el sol ni la rosa,
con tal de que el sueño, visión misteriosa,
le preste sus nimbos, ¡y tu eres el sueño!

»Amar, ¡eso es todo!; querer, ¡todo es eso!
Los mundos brotaron el eco de un beso,
y un beso es el astro, y un beso es el rayo,
y un beso la tarde, y un beso la aurora,
y un beso los trinos del ave canora
que glosa las fiestas divinas de Mayo.

»Yo quise a la Patria por débil y mustia,
la Patria me quiso con toda su angustia,
y entonces nos dimos los dos un gran beso;
los besos de amores son siempre fecundos;
un beso de amores ha creado los mundos;
amar... ¡eso es todo!; querer... ¡todo es eso!»

Así me dijeron tus labios benditos,
así respondieron a todos mis gritos,
a todas mis ansias y eternos anhelos.
Después, los fantasmas volaron en coro,
y arriba los astros —poetas de oro—
pulsaban la lira de azur de los cielos.



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miércoles, 29 de abril de 2015

"Claveles rojos", de MANUEL REINA MONTILLA (España, 1.856-1.905).

Poema perteneciente al libro "La vida inquieta", de fecha 1.894  d.n.e.



Rojo clavel abierto y perfumado
ostentaba su pompa y lozanía
sobre el nítido encaje, que cubría
las gracias de tu seno cincelado.

Aquella flor de pétalo encarnado
-viva llama que aromas esparcía-
deshojéla, gozoso, en la onda fría
del champaña de espuma coronado.

Ciego de amor, la copa reluciente
del áureo vino, que al placer provoca,
apuré con afán y ansia vehemente.

Mas calmada no vi mi fiebre loca,
hasta que deshojó mi labio ardiente
el clavel encendido de tu boca.

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jueves, 23 de abril de 2015

"Poema de los besos", de JOSÉ ÁNGEL BUESA (Cuba, 1.910-1.982)

¡Y ante mi abrazo te sentí rendida!...
y ante tu sumisión, mis besos sabios
pusieron a temblar entre tus labios
ansias de amor y de placer y vida...

Fue un instante no más, uno de esos
siglos-instantes que el amor nos brinda,
prometiéndole un lauro al que se rinda
primero en la batalla de los besos...

¿Lo ves, mujer...? No cabe en la materia
la espiritualidad de lo insensible;
todo es vencido ante el irresistible
empujón de la carne y su miseria....

Y te sentí temblar como la fronda
al soplo tibio de la brisa vaga,
cuando en su trino el ruiseñor divaga
y peina el sol su cabellera blonda...

Y te sentí temblar como la onda
que su quietud sobre la arena apaga,
y como el ave que sin rumbo vaga
y un circulo invisible traza y ronda.

Y te sentí languidecer al peso
de mis labios, al peso de un gran beso
que perfumó en tus labios a un suspiro,
tal como languidece en la laguna
un cisne enamorado de la Luna,
al no hallarla en el cielo de zafiro...

Y te sentí latir, tal como late
al manotazo del ciclón la hoja,
como en la espada late, humeante y roja,
la sangre que bebiera en el combate;
tal como el sauce que su frente abate
cuando la nube en su aflicción lo moja,
o como el océano que se enoja
y en el escollo solitario bate.

Y te sentí vencida, con el lento
y anhelado y temido vencimiento
del sol, cuando la Noche abre la puerta
del negro templo de su Dios ignoto;
y te sentí dormida, como un loto
en la serenidad de un agua muerta!...

Y te sentí anhelante y temblorosa
cual la irisada espuma de un torrente;
como un lucero en la región silente,
insinuando una seña misteriosa;
cual la palma que agita, rumorosa,
su abanico de jade, lentamente,
como despunta en un jardín durmiente
el milagro de gracia de una rosa;
y cual la cierva cuando la acorrala
la jauría-, cual ave moribunda
que pliega triste su ya inútil ala.
Y adoré tu sensual melancolía
llena de rendición meditabunda,
y te sentí profundamente mía...
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