martes, 24 de octubre de 2017

"Jacko. Tras el destino", de FRANK HEAD.

Fragmento perteneciente al libro "Jacko. Tras el destino", de fecha 2014  d.n.e.



«Tomé a Bianca e hice que mi boca siguiera a mis manos: acaricié su cara, besé su cara; acaricié su frente, besé su frente; acaricié su cuello, besé su cuello; acaricié su boca, besé su boca. Despacio y sin prisas disfrutamos del momento, los dos sabíamos lo que iba a suceder y ambos deseábamos que sucediera. Bianca me besó en la boca, me besó en el cuello y terminó en el lóbulo de la oreja, donde me dejó una pequeña mordida que encendió, mi ya de por sí, encendido deseo.

Apasionadamente la besé en la boca, ella me besó con las mismas ganas, nuestros labios se perseguían y bailaban al mismo compás. Ella movía un poco sus labios y los míos la seguían, yo movía un poco mis labios y los de ella me seguían, delicioso baile de besos.

Mientras los besos se hacían más largos nuestras manos se iban moviendo delicadamente buscando piel que acariciar. Moví mis manos por la parte trasera de su cuello acariciándola suavemente, la piel de Bianca era exquisita y delicada, así que la acaricié por un buen tiempo mientras los besos seguían guiando nuestra pasión. Ella respondió acariciando mi pelo, mi cara, mi cuello... Eléctricos escalofríos me recorrían de pies a cabeza.

Mis manos llegaron a su cintura y delicadamente levanté su blusa, por debajo acaricié su espalda. Bianca se encorvó un poco para que yo pudiera levantar la blusa, así que la saqué por encima de su cabeza. Me separé un poco de ella para poderla ver sin blusa. Su cuello era perfecto, su busto delicioso y su abdomen liso y terso. Llevaba un bra de encaje en color beige que de sólo verlo hizo que mi excitación creciera incontrolable. Ella me volvió a abrazar con fuerza y nuestros labios se unieron con amor y pasión, mientras nuestra piel se mezclaba en ardiente unión.

Entre besos, caricias y más besos, las manos de Bianca se movieron por mi pantalón hasta que lo desabrochó, moví un poco mis piernas de tal forma que cayeron al piso sin ningún esfuerzo. Ella rió un poco al ver con qué facilidad había logrado quitarme los pantalones, no se había dado cuenta de que yo le había ayudado un tanto, pero al fin eso era lo de menos. Ahora fue ella la que se separó un poco para verme de cuerpo entero, sólo llevaba puestos unos boxer azules, que cuando me quité los calcetines, fueron lo único que quedó en mi cuerpo.

-¡Me encantas! Me gusta tu cuerpo. Me gusta tu abdomen. Me gustan tus músculos. Y me encantan tus pompas -dijo Bianca con su sonrisilla, mientras me volvía a abrazar y me besaba apasionadamente, en tanto sus manos acariciaban todo lo que ella había descrito.

Sus manos recorrían mi espalda, tocaban mis brazos, bajaban por mi cintura, tocaban mis pompas por encima de mis boxers y todavía lograban llegar a mis piernas, yo le ayudaba acomodándome a su conveniencia.

Ahora fui yo quien desabrochó la falda que Bianca llevaba puesta y ella la que ayudó para que que la falda cayera al suelo en sólo un movimiento. Y con ese mismo movimiento logró quitarse los tacones que quedaron a un lado de la falda, la blusa, mi pantalón y mi camisa. Un montón de ropa que era testigo de nuestra casi total desnudez.

Era increíble lo que veía: ¡era perfecta! Y era mía, totalmente mía. Nunca había visto tanto amor como en ese momento. Bianca se veía hermosa cuando estaba vestida, pero llevando sólo su ropa interior se veía aún mejor, espléndida, radiante, bellísima. Nunca vi tanta belleza en una sola persona, "transparentemente bella".

Pude admirar completamente su belleza, ataviada sólo con un hermoso bra y unas deliciosas bragas que hacían juego. Ambas prendas, de encaje color beige, que me gritaban desesperadas que las tirara al suelo. Y eso iba a hacer, disfrutando cada segundo como si fuera el último, éste era el momento que ambos habíamos esperado durante años. ¡Cómo amaba a Bianca!

Ya sólo con nuestra ropa interior, las caricias, los abrazos y los besos fueron más placenteros. la recosté en mi cama y la besé desde la punta de los pies y hasta la punta del pelo, sin perder ni un detalle de todo lo que estaba en el camino. Suavemente toqué sus pies, dándoles un ligero masaje, que ella agradeció con sonidos de satisfacción, Bianca disfrutaba de todas mis caricias. Subí por sus piernas y besé cada centímetro de sus pantorrillas. Acaricié sus muslos y rocé sus bragas, lo que provocó que ella diera un pequeño saltito. La miré a los ojos y vi que sonreía, haciéndome un gesto para que siguiera. Y seguí "poco, lentamente poco a poco". Besé sus piernas y subí por su cintura. Acaricié su abdomen y besé cada una de sus costillas, provocando una pequeña risilla de Bianca cada vez que saltaba de una a la siguiente. llegué a su pecho y me encontré con el bra que ella aún llevaba puesto. Era el momento de echarlo al piso junto con el resto de nuestra ropa. Así que la volteé delicadamente, poniéndola boca a bajo, aproveché para besarle toda la espalda, mientras mis manos le daban un suave masaje en los hombros. Cada movimiento que hacía le provocaba escalofríos que recorrían toda su espalda, ella disfrutaba, yo la complacía y también disfrutaba.

Desabroché su bra y la volteé nuevamente, en el movimiento la prenda fue a dar hasta el piso. Ahora Bianca yacía boca arriba sin más ropa que sus bragas. Era el momento de disfrutar de sus hermosos senos. Piel blanca y tersa, piel firme y joven, piel redondeada y abultada.

Besé y acaricié los senos de Bianca con amor y delicadeza, ella suspiraba y disfrutaba. Mientras yo me perdía en sus pechos, Bianca me acariciaba la cabeza y me la estrechaba cada vez más hacia el cuerpo. Me besaba su blanca piel, mas me atraía hacia su pecho, fundidos en caricias infinitas.

Pasé luego al cuello y la besé con pasión. Bianca ardía. llegué a su cara y le besé los ojos, las cejas, la nariz, todo lo que encontraba. A cada movimiento que yo hacía ella respondía con un abrazo, un beso, una caricia. Me apretaba, me besaba, me estrujaba, me hacía sentir amado, "uno entre mil". Mordisqueé un poco sus orejas, ¡ah, cómo disfrutábamos!, la besé como si besara a una Diosa, al final, eso era ella para mí.

Nos abrazamos con fuerza, ahora sólo se interponían entre nosotros mis boxers y sus bragas, era tiempo de también echarlos al montón de ropa que se acumulaba en el piso».



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